Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL

Oro, por dentro y por fuera.

Las cualidades tanto físicas como espirituales de una persona componen su personalidad, su esencia y su identidad. Cuando aquellas cosas internas se encuentran en equilibrio y resuenan en una misma frecuencia junto a las cosas externas, cuando lo interior va a la par de lo exterior se genera una armonía que nos permite crecer como personas. Cuando por el contrario, hay una disonancia entre aquello que va por dentro y aquello que va por fuera, la tensión generada provocará en nosotros, tarde o temprano, un quiebre, una fisura, un dolor.

Las enseñanzas y lecciones de Parashat Terumá vienen a enseñarnos justamente aquello.

A partir de esta sección del Sefer Shemot (Éxodo) se relata la construcción del Mishkán (Tabernáculo) sus utensilios y sus diversas piezas. Una de las primeras cosas que se ordenan construir es el arca sagrada, lugar en donde posteriormente se guardarán las tablas de la ley e incluso según algunos comentaristas, también los restos de las primeras tablas que fueron quebradas en contra de la idolatría acometida por el pueblo. Como vimos en ocasiones anteriores en esta misma Parashá, cada una de las partes del Mishkán se asemeja al mundo en el que vivimos y a partes del cuerpo humano. Como diciendo: “Mente sana en cuerpo sano”.

Tal es así que incluso en la construcción del “Arón”, del Arca Sagrada se requería de una cobertura especial que recubría la madera de la misma completamente, por medio del oro:

“Habrán de hacer ellos un arca de madera de acacias, dos codos y medio será su longitud y un codo y medio será su anchura y un codo y medio será su altura. La revestirás con oro puro, por dentro y por fuera la revestirás, y pondrás sobre ella una corona de oro, en derredor” (Shemot / Éxodo 25:11).

Es que es casi obvio el mensaje que trae Parashat Terumá, ser iguales por dentro y por fuera, ser de oro por dentro y ser de oro por fuera. Al ser de oro por fuera nos vemos en la necesidad de expandir nuestra luz, de vernos bien, de sacar a relucir lo mejor de nosotros… pero qué sucede por dentro.

Es también nuestro deber arrojar un poco de luz a nuestro interior, de darnos a nosotros mismos lo mejor de nosotros mismos. Ser iguales por dentro y por fuera no es sólo ser consecuentes, sino querernos a nosotros mismos, preocuparnos por nuestro propio bienestar. Es justamente encontrar el equilibrio en nuestra identidad y esencia. Dice el comentarista RaSHI, que Betzalel, el artista encargado de construir estos utensilios, hizo una especie de “Sandwich” con el Arca. Puesto que tuvo que hacer tres, un arca de madera de acacia, y dos más de oro, uno para el interior y otro para el exterior. Como si nosotros tuviéramos una capa intermedia de madera, frágil ante el oro, ante el metal, pero protegida y cubierta por el mismo.

Sin embargo, no aprendemos sólo esto de la construcción del “Arón” del arca sagrada. El equilibrio y la igualdad de condiciones de este oro entre el interior y el exterior fue interpretada también por nuestros sabios. Enseña el Talmud (Yoma 72b) lo siguiente: “Dijo Rava: De aquí aprendemos que un Talmid Jajam (un sabio) cuyo contenido, cuyo interior no es como su exterior, no es considerado un Talmid Jajam”.

La sabiduría, como lo hemos aprendido en varias ocasiones, no es un cúmulo de datos o de información. El Talmud, esta monumental obra milenaria escrita por Talmidei Jajamim, se refiere a ellos mismos como vacíos como superfluos mientras no haya un equilibrio en su forma de ser. Sabemos lo importante que es ser consecuentes y ser “iguales” tanto por dentro como por fuera, sin embargo la enseñanza Talmúdica enfatiza la importancia de esta condición para poder ser Sabios, para poder ser Talmidei Jajamim.

Al comenzar el mes de Adar, cuando el invierno va soltando y dejando que brote la primavera, elevamos nuestras oraciones para que podamos celebrar las fiestas venideras, Purim y Pesaj, con el equilibrio de lo interior y lo exterior.

 

Shabbat Shalom.