Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL 

El futuro femenino.

Un conocido escritor y científico Israelí, David Passig ha escrito algunos libros sobre “Futurología”. Esta rama de la investigación sociológica no se refiera a adivinar lo que sucederá en el futuro sino a extrapolar patrones de comportamiento en base a eventos pasados para intentar comprender cómo nos comportaremos, a grandes rasgos en el futuro. No es adivinar el futuro, sino estudiarlo. Passig hace décadas habló del uso de tecnología portátil antes de que se hablara de celulares, así como de fuertes golpes por parte del oriente al occidente, como lo fue el atentado a las Torres Gemelas en 2001. Passig se ha dedicado también a observar el comportamiento del pueblo judío a través de los años y descubrió que a lo largo de nuestra historia, castas o grupos sociales que han sido rechazados en una época, son quienes lideran al pueblo en la época siguiente. Es así, como en la época de la Torá y la estadía en el desierto, los patriarcas eran quienes lideraban al pueblo. En reiteradas ocasiones el pueblo pide “reyes” como todas las naciones. Sin embargo estos no son bien vistos a ojos de la Torá. Con el correr del tiempo Israel tiene sus propios Reyes, que habían sido pospuestos en la época anterior. Los reyes dejan atrás a los Cohanim, quienes fueron el liderazgo del pueblo en la época de los Templos, enfocándose más en el ritual y dejando de lado el estudio. Al destruirse el Segundo Templo surge el judaísmo Rabínico, que es el que conocemos hoy.

Passig dice que en el paso de una época a otra, se produce un quiebre, un cisma, un ruptura que no está exenta de discusiones; que trae fuertes separaciones dentro del pueblo, y que el grupo social cuya actuación se vio mermada en una época, resurge en la etapa histórica siguiente. Según el investigador, el período actual está llegando a su fin, y con él surge la pregunta, ¿quién ahora liderará la próxima revolución?.

Las mujeres.

Puestas en segundo plano por el género masculino, las mujeres no fueron las protagonistas del judaísmo masculino. La división y la ruptura del judaísmo entre diferentes corrientes dieron origen, en todas las corrientes, si, en todas; a muchas discusiones sobre la igualdad en términos judíos. Ya sea a mayor o a menor velocidad, todas las corrientes han introducido cambios en su forma de tratar a hombres y mujeres. La mujer, incluso desde tiempos antiguos tiene una sensibilidad distinta a la del hombre. Así lo demuestra Parashat Pinejás.

En la lista genealógica que presenta la Parashá, se asoman atisbos de lo que será la repartición de terrenos al entrar a la Tierra de Israel. Además de los Leviim (levitas) que no recibirían una porción de la tierra, la Torá hace mención a las 5 hijas de Tzelofjad, hombre de la tribuno de Menashé, que no teniendo hermanos se dan cuenta de que no recibirán herencia alguna y hacen su reclamo ante Moshé; quien después de consultarlo con Dios, accede al petitorio.

El libro de Bemidbar (Números) trae una y otra vez episodios que desafían el liderazgo de Moshé. El episodio de los espías, la rebelión de Koraj, la falta de agua y la muerte de Miriam. En cada uno de estos casos, quienes tenían un reclamo se hicieron escuchar, y generaron grandes revuelos. Sin embargo en el petitorio de las hijas de Tzelofjad el elemento revolucionario no está presente. Esperaron, con sabiduría, la respuesta de Moshé y consiguieron inteligentemente, lo que querían. Y es que según RasSHI el exégeta, quien llega a esta conclusión por medio de un Midrash, las mujeres iban hacia adelante, estaban buscando el futuro, buscando establecerse en la tierra, que es perpetua. El midrash citado por el sabio RaSHI, dice que en el episodio de los espías, los hombres fueron castigados pues decían: “Volvamos a Egipto”, mientras que las mujeres, en este caso representadas por las hijas de Tzelofjad, pedían recibir por heredad la tierra que les correspondía. Haberle negado esa demanda, hubiese sido negar el propio futuro del pueblo.

Algo parecido sucede hoy, negarse al lugar de la mujer en la tradición judía y liberar los espacios que el judaísmo permite para la participación de la mujer, es clave en la continuidad de nuestro pueblo. Negarle a la mujer un espacio en la vida sinagogal, es negarle el futuro al pueblo. En cada visión y en cada corriente el proceso ha ido tomando forma de a poco, a veces más rápido, a veces más lento. Hace algunas semanas, la corte suprema de Israel dio la orden a la Rabanut, al rabinato oficial ortodoxo, de permitirles a mujeres estudiosas presentarse a los exámenes rabínicos y ejercer como líderes espirituales. Los cambios en el rol femenino judío no se han dado sólo en las corrientes liberales, sino que ha sido algo transversal a todas las corrientes y visiones. Las mujeres del Kotel, movimientos judíos feministas, rabinas mujeres (incluso ortodoxas) son apenas una muestra del prometedor futuro que le espera al pueblo judío por medio de sus mujeres, quienes, desde tiempos bíblicos, han sabido mirar hacia adelante, mientras que los hombres, miraban atrás.

 

Shabbat Shalom.

 

*Imagen: Autor Salome Designs