Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL 

No creas todo lo que ves. 

Dejemos de creer por un segundo en todo lo que vemos, en todo lo que escuchamos, no por escepticismo, sino por responsabilidad. Confiar, pero también hacer las preguntas pertinentes. Creer y al mismo tiempo sembrar la duda, esa es nuestra responsabilidad. En especial en la era digital, más aun en tiempos de incertidumbre. Construir una opinión propia, averiguar, investigar, preguntar sobre temas determinados en forma sistemática y con criterio; es algo fundamental para el desarrollo de nuestra mente y para la construcción de una sociedad, sabia y sana.

Hoy gracias a la tecnología, es posible fabricar desde cero algo que no existe. Crear una información falsa en cosa de segundos es algo ya bastante rutinario. Sucede no sólo en la política, sino en la ciencia, en el mundo de la salud, en los deportes, en la farándula e incluso al interior de las familias. Algunos lo llaman “Fake News”, pero no es sólo eso, es algo que abarca todas las esferas de la vida.

La velocidad de las redes sociales no nos da tiempo para preguntar, para chequear la información, los datos, los hechos. No hay tiempo para procesar la información. Todo sucede en cosa de segundos; no hay tiempo para leer un artículo completo, un titular o un tweet pareciera ser suficiente, y con eso ya nos consideramos expertos en la temática a tratar.

Desgraciadamente no faltan ejemplos: El corona es sólo una gripe fuerte… las vacunas provocan autismo… nos van a instalar un chip dentro nuestro… o un clásico, compartir un post en Facebook que dice: “A partir de mañana nuestra información será pública, por eso declaro que… de acuerdo al artículo no se cuánto…”. O como sucedió hace una semana con la explosión en el Líbano, cuando en las primeras horas había gente que hablaba de una fábrica de fuegos artificiales.

El problema no es sólo creer en esas cosas, que cada uno crea lo que quiera, el problema es actuar en concordancia con ello, seguir difundiendo información falsa, llegando a conclusiones erradas, todo esto puede llegar a tener consecuencias terribles y trágicas. No podemos permitirnos juzgar por lo que vemos a simple vista.

La Parashá de esta semana, Reé, nos trae el siguiente caso que ejemplifica lo que hemos venido desarrollando:

“Si oyeres, en una de tus ciudades, que Adonai tu D’s. te concede a ti -para asentarse allí- que se dice: Han salido hombres, individuos malvados de en medio de ti; y han desviado a los habitantes de su ciudad diciendo: “Vamos y adoremos otros dioses que no habéis conocido”. Habrás de inquirir y habrás de indagar y habrás de preguntar diligentemente; y he aquí que fuere verdad, se ha establecido la cosa, ha sido hecha esta abominación en medio de ti”. (Deuteronomio / Devarim 13:13-15).

La idolatría es una de las transgresiones más severas de la Torá, quien comete idolatría es considerado como quien hubiese sido hereje en contra de toda la tradición. Sin embargo la Torá no nos permite apresurarnos en el juicio, sino que prefiere que seamos calmos, y que no juzguemos tan rápidamente (Avot 1:1).

Hay un proceso claro, si llego a escuchar que personas malvadas comienzan una acción, no puedo inmediatamente juzgar, tampoco puedo desentenderme, sino que debo “inquirir, indagar y preguntar diligentemente”. RaSHI comenta ese versículo diciendo que el tratado de Sanhedrin en el Talmud enseña que eran 7 las etapas indagatorias que se la hacían a los testigos de un determinado suceso. Es más, sólo una vez que la investigación y sólo después de haber pasadoa por todas esas fases, la Torá procede a la acción. (Deut. 13:16).

7 diferentes etapas interrogativas, y nosotros nos dejamos llevar por apenas algunos caracteres de twitter, o por los pocos segundos que dura un “Story”.

Es como si no tuviéramos tiempo de comprender la complejidad de la vida, que no todo es blanco o negro, izquierda o derecha. A veces nos dejamos llevar por la impulsividad de las masas, sin tener siquiera un mínimo de pensamiento crítico. La Torá no nos deja creer así simplemente en todo lo que vemos, porque puede ser peligroso para nosotros. Así lo dijo el Gaon, Rabi Eliahu de Vilna sobre el versículo que abre la Parashá:

“Mira: Yo pongo ante vosotros el día de hoy: bendición y maldición” (Devarim / Deuteronomio 11:26).

Dice el Gaon de Vilna:

<<Moshé nos enseña aquí una gran lección: Que el individuo no se diga a si mismo: ‘Ya que son muchos los que van por el mismo camino, me uniré a ellos a ojos cerrados, y no tengo por qué comprobar la esencia o lo bueno de este camino’. Por esto mismo la Parashá abre con las palabras: “Reé”, Mira, en lenguaje singular. Es la obligación de cada uno, preguntarse si la senda por la que la mayoría va es buena o no; y de acuerdo al resultado de su propia indagación deberás elegir el camino que recorrerás en tu vida>>

Es cierto, una congregación, una sociedad se compone de individuos, pero cuando todo está basado en lemas y frases huecas, cuando no hay tiempo de llevar a cabo los debates necesarios, cuando todo se resume en titulares, en tweets y posts, las preguntas pasan a ser un elemento revolucionario. Indagar, inquirir, preguntar e investigar, no me obliga a estar de acuerdo o no con las respuestas, sino me compromete con la causa de la verdad. Sabiendo que esa verdad puede dejarme expuesto ante mis propias creencias. Parashat Ree entonces es una puerta que se nos abre para preguntar y cuestionar, y elegir así, la Berajá, la Bendición.

 

Shabbat Shalom.