Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL

“Los ángeles pueden esperar”

Al comenzar esta Parashá, Vaierá, Avraham sigue convaleciente producto de su circuncisión. Aún así lo vemos activo y nos enseña lo importante que es el cumplimiento de la Mitzvá de Hajnasat Orjim, la hospitalidad. Vemos a Avraham corriendo de un lado a otro, dando órdenes a su mujer para que reciba a los invitados, a los ángeles, como corresponde. El concepto de Hospitalidad en la tradición judía es algo muy importante y lo aprendemos justamente del primer patriarca.

Cuenta un relato jasídico que Rabi Yehuda Leib Hasman, rabino y erudito que estuvo a la cabeza de la Yeshiva de Shtutzin, llegó cierta vez a la casa del “Hafetz Haim”. El Hafetz Haim, Rabi Israel Meir HaCohen de Radin, fue un enorme codificador de Halajá, un gran rabino, quien además escribió mucho sobre temas de “Lashon HaRá”.

Rabi Yehuda se alojó en una ocasión en la casa del Hafetz Haim durante un Shabbat. En forma distinta a lo que normalmente se hace en la cena de Shabbat, vio que en vez de comenzar la cena con las palabras del famoso poema litúrgico “Shalom Alejem”, comenzó el Hafetz Haim a recitar el Kidush. Este piut (Poema Litúrgico) se recita en honor a dos ángeles que según la tradición judía nos acompañan cada Shabbat al comenzar la cena. Uno “bueno” y otro no tanto. Si la casa está preparada para Shabbat, el ángel bueno pide que el Shabbat próximo sea igual. Mientras que de lo contrario, si la casa no respira el ambiente de Shabbat y no está preparada, el otro ángel desea que el Shabbat siguiente la situación se repita, estos son los ángeles custodios, los Malajei HaSharet. El Shalom Alejem saluda, bendice y despide a estos ángeles al comenzar la cena de Shabbat. Sin embargo en el caso de estos dos Jasidim no fue así.

La bendición sobre el vino fue la que abrió la cena de Shabbat. Rabi Yehuda Hasman esperó, pensando en que seguramente la canción con la que recibimos a los ángeles (Shalom Alejem) vendría de inmediato, pero no. El Hafetz Haim procedió a hacer el lavado ritual de manos e inmediatamente después la bendición del pan. Comieron un poco de pan, algunos bocados y recién allí comenzaron a recitar… “Shalom Alejem”.

Al finalizar la Seudá, la cena, se acercó Rabí Yehuda y le preguntó al Hafetz Haim por esta extraña costumbre de postergar el canto de los ángeles, por haberlo puesto después del Kiddush y después de la bendición del pan, ¿Qué razón había para cambiar la costumbre?

Le contestó Rabi Israel el Hafetz Haim: “Se que viniste desde lejos, has venido de otra ciudad, y pensé que seguramente estarías hambriento, por lo tanto me apresuré en hacer primero el Kiddush, comenzado por la comida misma y luego por cantarle a los ángeles, ellos no tienen hambre. Los ángeles pueden esperar”.

La hospitalidad es una mitzvá importantísima, y es una Mitzvá que si la re-pensamos no necesariamente nos ordena abrir nuestras casas, sino también nuestros corazones. ¿Acaso tenemos en nuestro corazón suficiente lugar para recibir a otros, para recibir invitados?. El Hafetz Haim nos enseña que los ángeles pueden esperar hasta que recibamos a las visitas como corresponde. ¿Seremos entonces capaces de atrevernos a decirles a los ángeles que esperen para que podamos recibir a otros?

Parashat Vaierá nos desafía, nos dice que poner un mantel y recibir en un espacio físico a otros es algo positivo y bueno, aun así nos quedamos con la pregunta… ¿Tenemos también lugar en nuestros corazones, en nuestro interior?

 

Shabbat Shalom.