Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL

Como el polvo y las estrellas

Entre el cielo y la tierra, nuestra vida se divide entre asuntos espirituales y asuntos terrenales. Poseemos un cuerpo y también un alma. Tenemos impulsos, tenemos voluntades. El cuerpo se encuentra al servicio del alma que reside en su interior, el alma se eleva por medio de los placeres del cuerpo. Y no es sólo en lo personal, sino en la mirada al colectivo del pueblo de Israel, en que la vida del pueblo judío se divide entre cielo y tierra.

Este Shabbat comenzaremos a leer y a analizar la historia del padre del pueblo judío, Avram, quien posteriormente se llamará Avraham. El creador se se dirige al patriarca por medio de una frase que ha quedado grabada a fuego en nuestras consciencias, el famoso “Lej Lejá”, “vete para ti”:

“Vete de tu tierra y de tu familia y de la casa paterna a la tierra que te señalaré” (Bereshit / Génesis 12:1).

A partir de allí, Avram recibirá una serie de bendiciones por parte de Dios, promesas y profecías que enriquecerán su vida, en lo espiritual y en lo físico o terrenal. La promesa de una tierra prometida que le pertenecerá a Avram y a su descendencia por siempre. Entre las Berajot (bendiciones) que recibe, leemos:

“Y haré que tu simiente sea numerosa como el polvo de la tierra, de modo que la peuda contar sólo quien sea capaz de contar el polvo” (ibid, 13:16).

La comparación es clara, la descendencia de Avraham será tan grande, variada y diversa, que será simplemente imposible contarla, como quien intentara contar el polvo de la tierra que se encuentra por doquier.

Curiosa es una de las bendiciones que recibirá el patriarca, unos capítulos más adelante, en donde pareciera que se vuelve a repetir parte de lo que se le dice en esta Parashá, momento en el cual Dios le repite que las generaciones venideras que saldrán de él, serán multiplicadas:

“He de bendecirte sobremanera y multiplicaré inmensamente tu simiente como las estrellas del cielo y la arena que hay sobre la playa, y tu simiente poseerá el portal de sus enemigos”. (ibid. 22:17).

Como el polvo de la tierra, como las estrellas del cielo.

Los exégetas se complican al querer explicar cómo es que se cumple esta promesa o esta profecía. La dualidad y la dicotomía presentes entre las estrellas y el polvo genera una tensión teológica, no sabemos cómo es que Dios nos bendice. El pueblo de Israel es comparado con estos dos elementos, las estrellas que nos dan luz desde el cielo, elevadas. Y también fue comparado con el polvo de la tierra, sobre el cual los pies danzan, caminan y corren en todo lugar.

El rol del pueblo de Israel y de cada uno de nosotros es encontrar el delicado equilibrio entre cielo y tierra. Habrá ocasiones en las que seremos cual polvo de la tierra, estaremos en contacto con la tierra misma, viviendo este tiempo y en este mundo, sabiendo estar abajo, y a pesar de ser muchos, nos pisotearán.

Pero también habrá oportunidades en las que seremos como las estrellas, lejanas, enormes, dando luz al mundo, especiales, únicas y en contacto con la mística celestial, estaremos por sobre el tiempo y por sobre este mundo, sabiendo estar arriba, y a pesar de ser muchos, no estaremos cercanos a este mundo.

La vida espiritual mantiene ocupado al pueblo de Israel, el estudio, la plegaria… Pero también la vida misma, el trabajo, la vida terrenal es una bendición de la que nos tenemos que hacer cargo.

 

Shabbat Shalom.