Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL 

No morir no significa vivir.

Hay una diferencia entre cuidarse a uno mismo del COVID-19 y cuidar a otros de la pandemia. Cuando nos ponemos la mascarilla lo hacemos por temor a que otros puedan contagiarnos y en cierta medida lo hacemos también para cuidar a otros, pues nadie sabe si es que somos asintomáticos o portadores.

Ahora bien, la máscara es quizás el más simple de los ejemplos. No es que sea muy cómoda, ni muy estética, pero no es gran cosa tener que utilizar una mascarilla en el encuentro con otras personas. (Aunque haya gente que ni siquiera con eso cumple”.

Pero, ¿Qué pasa entonces cuando tengo que renunciar a otras cosas y hacer otros sacrificios para ayudar a los demás a cuidarse? Cuando eso afecta mi libertad, que es algo bastante más importante que taparse la nariz y la boca… qué estoy dispuesto a hacer para proteger a los demás. ¿Acaso estoy dispuesto a encerrarme en mi casa por el tiempo que sea necesario para cuidarnos unos a otros?. ¿Estoy dispuesto a renunciar a cosas que me son importantes para poder cuidar la seguridad de los demás? Porque una cosa es lavarse las manos, colocarse la mascarilla y respetar la distancia social, eso está bien; y junto con lo anterior cada uno de nosotros debe preguntarse ¿qué más estoy dispuesto a hacer?. Una cosa es cuidarse del corona otra es cuidar a los demás.

Llevando esta idea a otras esferas, es como decir: “Casi todos cumplimos con el mandamiento: “No matarás”. Sin embargo el hecho de que yo no mate a alguien no significa que le permito vivir en paz, y como corresponde. Esa es otra de las enseñanzas del libro de Shemot (Éxodo) que comenzamos a leer esta semana.

Y es que la preocupación por el prójimo, la empatía y la entrega son los valores que abren la historia de Moshé y su familia. Si el libro de Bereshit (Génesis) estará colmado de discusiones y riñas entre hermanos, el libro de Shemot comienza justo en el momento en que alguien se preocupa por otro, por un bebé abandonado, por la injusticia, por gente que se pelea.

Las primeras líneas de Shemot traen la famosa historia de las parteras, Shifrá y Puá:

“Y les dijo el Faraón a las parteras hebreas, una de las cuales se llamaba Shifrá y la otra Puá: Cuando asistiereis a las hebreas en sus partos, observad primero el sexo. Si fuere niño, lo mataréis y si fuere niña, la dejaréis con vida”. (Shemot / Éxodo 1:15-16).

La orden es clara, dar muerte a todos los bebés varones. Sin embargo ambas parteras obran con proeza y heroísmo, no cumpliendo con el pedido del Faraón:

“Pero las parteras, temerosas de Dios, no hicieron lo que les mandó el rey de Egipto, sino que dejaron vivir a los niños” (ibid. 17.) 

RaSHI, el comentarista, se da cuenta de la diferencia en el lenguaje de la Torá, porque la misma no dice que las parteras no mataron a los niños”, sino que dice que “los dejaron vivir”. El exégeta trae a colación un midrash del Talmud (Sotá 11a-b), en donde se explica la diferencia entre no matar y dejar vivir. El Talmud interpreta este pasuk (versículo) entendiendo que las parteras dejaron vivir a los niños no sólo porque no los mataron, sino porque además les dieron agua y comida. Se preocuparon no sólo por salvar sus vidas, sino por permitirles seguir viviendo, la extensión de la vida es el más elevado nivel del cumplimiento de Mitzvot (preceptos), por el que incluso se pueden quebrantar otros preceptos.

En estos días, Israel se enfrenta a un nuevo cierre, con sentimientos mezclados. Por un lado el éxito de las vacunas, un récord mundial. Por otro, Israel se acerca a las cuartas elecciones en dos años, el desempleo va alcanzando el millón de personas (en un país de 9 millones de habitantes), la grieta social política se ensancha y parece no haber vuelta atrás. La sociedad secular culpa a los sectores religiosos por el incumplimiento de las normativas sanitarias. Unos se denuncian a otros. En vez de estar preocupado por lo que hace o no hacer el otro, deberíamos aprender de Parashat Shemot y cada uno hacer todo lo posible desde su lugar, para ayudar a los demás. Podemos tomar a las parteras como fuente de inspiración y entender que un mero acto no implica la continuación o la extensión del mismo. El hecho de que yo me cuide a mi mismo, no implica que quiera cuidar a los demás.

Haciendo una extrapolación de la idea, cuando nos cuidamos a nosotros mismos intentamos “no matar”, mientras que cuando cuidamos a otros, “los dejamos vivir”.

 

Shabbat Shalom.