Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL 

Shabbat Pará

Como una gran familia.

Los últimos días han sido de gran revuelo para la sociedad en Israel. La famosa sentencia de BaGaTZ, la corte suprema de justicia, con respecto a las conversiones conservadoras y reformistas, nos comienza a recordar que hay otros temas sobre los que tenemos que hablar fuera del Corona.

Las reacciones de un lado y del otro no se hicieron esperar. Desde el mundo ultra-ortodoxo llueven las críticas, no basadas en ningún argumento serio, sino en mentiras y manipulaciones. Del lado liberal vuelven las voces que han llorado durante décadas un reconocimiento que parece no llegar nunca. Lo cierto es que volvemos a la normalidad, volvemos a discutir por otras cosas que no son la pandemia.

De un lado y del otro nos preguntamos ¿Cómo podemos dialogar?. ¿Cómo es posible generar una conversación con quienes ni si quiera nos toman en cuenta? ¿Es posible dialogar con quien no me reconoce, con quien no quiere hablar?.

Quizás debamos tratarnos como se tratan las personas en una familia. En cualquier grupo familiar hay discusiones, hay desacuerdos, riñas, peleas. Una familia no tiene que compartir todo el tiempo todos juntos, no todos se aman al 100% los unos a otros. A veces pasan años hasta que parientes se vuelven a hablar. Pero a fin de cuentas, se sigue siendo familia, y a veces se reúnen para celebrar, o a veces se reúnen para llorar. En las buenas o en las malas, Am Israel debe seguir siendo una gran familia.

Parashat Ki Tisá hace una pausa entre las Parashot que hablan sobre el Mishkán. En el medio de esta Parashá leeremos el famoso episodio del becerro de oro; relato que marcará para siempre la historia e incluso la liturgia judía. Al comienzo de la Parashá figura la obligación de donar el “Majatzit HaShekel” el medio Shekel. Casi inmediatamente después la Torá menciona la receta que debía usar Moshé para fabricar el incienso:

“Dijo además Dios a Moshé: Toma especias aromáticas, estacte y uña aromática y gálbano aromático e incienso puro; de todo en igual peso, y harás de ello el incienso, un perfume según el arte del perfumador, bien mezclado, puro y santo”

(Shemot / Éxodo 30:34–35)

Una de las especias que llaman la atención aquí es el gálbano, que aparentemente tiene un olor no muy agradable. Esta especie, en hebreo llamada Jelbená, es traída a colación por el comentarista RaSHI en su exégesis a la Torá, cuando se pregunta sobre la razón por la cual una especie que al parece no combina con las demás, debe ser incluida en la mezcla.

Dice RaSHI que se lo incluye en la lista de especias “Para enseñarnos a no menospreciar el hecho de incluir en nuestras Tefilot (plegarias) y ayunos incluso a los malvados de Am Israel junto a nosotros”. El comentarista bíblico desea que nos hagamos cargo de cada una de las personas que son parte del pueblo, no sólo algunos, no sólo los que nos caen bien; no sólo hablar con quien tenemos afinidad, sino con todos y todas.

Claro está, nadie puede reprocharle a nadie ser “la especie con mal olor” dentro del racimo de especias, pero ciertamente hay grupos y sectores en la sociedad que así ven a quienes no piensan como ellos, olvidándose que para poder cumplir con la Mitzvá, todos tienen que ser parte, incluso aquellos que son opuestos a nosotros. La parshanut (exégesis) de RaSHI menciona en forma implícita que al estar en contacto con todo el pueblo, que en su mayoría son personas de bien, los malvados pueden contagiarse de la bondad y volver al camino de lo correcto. Acá no hay malvados, no hay grupos que su esencia quieran hacer mal a la sociedad o a otras personas. Tanto jaredim, ultra-ortodoxos, reformistas y conservadores, buscan el bien común, el apego a la tradición y su continuidad. Sobre el “qué” no hay preguntas, la discusión es “cómo”.

Cuando escuchamos críticas de ambos lados, escuchamos frases huecas, críticas más basadas en el insulto que en argumentos sólidos. Si queremos discutir sobre el “cómo”, debemos subir el nivel y bajar el decibel. Por eso, Parashat Ki Tisá, nos recuerda la importancia de incluir en nuestras plegarias, en los momentos álgidos, a quienes son diferentes a nosotros, y ser así… como una gran familia.

 

Shabbat Shalom