Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL

Parashat Miketz
Shabat Januca
Rosh Jodesh Tevet

Al encender las velas este viernes por la tarde, tendremos que encender las velas de Shabbat y las velas de Janucá. Esta excepción a la norma nos sitúa frente a un problema Halájico sobre el cual los sabios han discutido a lo largo de los siglos y esta discusión si bien pareciera ser secundaria, esconde un significado profundo tras sus detalles técnicos.

La pregunta es, ¿Qué precede a qué? o bien ¿Cuál de las dos velas tiene la preferencia?

Esto surge a partir de dos temas legales judíos diferentes. El primero de ellos es el asunto del Shabbat. Al encender las velas que cada viernes por la tarde encendemos, se da por comenzado el Shabbat y con ello viene la prohibición de encender fuego, por lo que no podríamos encender después las velas de Janucá. En forma paralela, la costumbre del encendido de velas de Shabbat tiene su origen, entre otros motivos, en la necesidad de iluminar el hogar durante el Shabbat, que es un día en el que no se puede ni encender ni manipular fuego. Como si fuera poco, la Halajá también prohibe el uso “utilitario” de las luminarias de Janucá, pues estas son sólo para recordar el milagro.

Además del tema del Shabbat, las fuentes antiguas nos hacen enfrentarnos a un dilema que para muchos, gracias a Dios, es ajeno. Pero, qué pasaría si no tuviésemos dinero suficiente para comprar velas de Shabbat y de Janucá. ¿Por cuál de las dos habría que optar?

Dice el Talmud (Shabbat 23b) que las velas de Shabbat, que son las velas de la casa, las que dan luz y tranquilidad, son esas las que tienen preferencia por sobre las luminarias de Janucá. Las velas de Shabbat semana tras semana tren consigo la paz, y este aspecto espiritual se hace presente también la práctica.

Las luminarias de Shabbat representan la unión de la familia, de los miembros de la casa, la quietud del Shabbat. Las velas de Janucá nos recuerdan el milagro del aceite, la valentía y el heroísmo de los Macabeos, así como también la guerra en contra de los griegos. El Talmud nos lleva a una situación extrema y nos obliga a decidir, entre ambas posturas. En un estado de emergencia, cuando ya no tenemos nada por hacer, el Talmud quiere que decidamos, y nos invita a tomar partido por las velas que recuerdan justamente la calma, el Shabbat.

Y no sólo eso, sino que en la discusión Talmúdica los sabios se preguntan de forma similar, qué pasaría si es que alguien no tiene suficientes recursos para adquirir también vino de Shabbat y también velas de Shabbat… La respuesta sigue siendo la misma, porque como dicen los sabios “es por la paz y la calma del hogar”.

RaMBaM (Leyes de Meguilá y Janucá 4:14) nos habla precisamente de esta paz. “Toda la Torá no fue entregada sino para lograr la paz en el mundo, pues está escrito: ‘Sus caminos son caminos agradables, todas sus sendas son de paz’ (Mishle / Proverbios 3:17)”.

La historia de Janucá sin lugar a dudas adquirió un mayor revuelo con el advenimiento del Movimiento Sionista. El reflorecer del pueblo que vuelve a su tierra tras un largo exilio le dio a esta festividad un impulso muy fuerte, los pocos contra los muchos, el despertar de Am Israel. Al mismo tiempo debemos ocuparnos de difundir un mensaje de paz. La fuerza, el heroísmo y la valentía son positivos y hasta necesarios en algunos casos. Sin embargo, una casa no se mantiene a la fuerza, sino por la paz, por la calma. Nos enseña la discusión Halájica que cuando debemos decidir, sin más opciones… Debemos elegir la paz, y la vida.

 

Shabbat Shalom.