Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL
Llamando las cosas por su nombre
Han sido días difíciles para los ciudadanos israelíes, millones de personas escondidas en los refugios, que gracias a decisiones inteligentes son obligatorios en la construcción de cualquier edificio en Israel. Los más modernos tienen una cuarto blindado en cada departamento. Como si fuera poco Israel tiene en su poder la “Cúpula de Hierro” y un Ejército que hace todo lo posible para defender a sus ciudadanos. Israel ha invertido incansablemente, siempre, en defender a los suyos, en la cúpula de hierro, en vacunas, en refugios; a diferencia de Hamas que ha invertido incansablemente en destruir a sus propios hermanos.
Pero a pesar de los métodos de defensa, hoy a Israel lo afecta otro problema, la violencia interna, las riñas, las peleas y combates entre extremistas árabes y extremistas judíos en ciudades compartidas como Haifa, Aco o Jerusalén.
No hay tecnología que pueda evitar ese fenómeno, los enfrentamientos han sido crudos, y muchos Israelíes temen más por eso que por los misiles de Hamas. La solución está en identificar a esa gente, y no hacerla parte del todo, excluyéndola de la sociedad.
La parashá de esta semana, Bemidbar, da comienzo al cuarto libro de la Torá. Libro que es conocido por los numerosos censos que hay en ella. Al comienzo de la misma se nombran a los representantes de las tribus, cada uno por su nombre y a continuación la Torá dice:
“Tomaron, pues, Moisés y Aarón a estos varones que fueron designados por sus nombres”
(Bemidbar / Números 1:17)
La expresión en hebreo que utiliza la Torá para designar esto es: “Linkov beShem”, nombrar algo directamente. El RaSHaR Hirsch, dice que nombrar algo en forma específica es apartarlo del todo. Por eso mismo el verbo Linkov en hebreo se usa en otros contextos, como al separar porcentajes tributarios del sueldo, o incluso en la misma Torá se utiliza para “maldecir” a otros, apuntándolos con el nombre.
Y es eso lo que debemos hacer con los extremistas que intentan encender las llamas del odio en ciudades que viven en una pacífica coexistencia. Nombrarlos, uno por uno, enjuiciarlos y colocarlos en la cárcel, que es el lugar donde deben estar. Debemos “nombrar las cosas por su nombre”, debemos señalar con el dedo a quienes quieren difundir el odio en vez de la paz. No permitir que sean parte del todo, sino que sean la deplorable excepción que incita a la guerra. No podemos guardar silencio ante judíos que son capaces de apedrear el automóvil de un árabe, sólo por ser árabe. Debemos nombrar a esas personas por su nombre y sacarlas del Klal Israel. No es ese el espíritu de la tradición judía. Y a su vez esperamos del lado musulmán hacer exactamente lo mismo, no quedarse pacíficamente de brazos cruzados y condenar la violencia.
Para los misiles tenemos refugios, cuartos blindados, cúpula de hierro y sirenas. La sirena del odio está sonando y debemos ponerle fin a aquello. Decir que esas personas no pueden seguir siendo parte de Am Israel, debemos inculcar a nuestros hijos al respeto y no al odio. La tecnología para detener el odio no es el cúpula de hierro sino atreverse a nombrar las cosas por su nombre.
Shabbat Shalom
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