Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL
Entre lo material y lo espiritual.
En muchas circunstancias nuestra vida se divide entre dos dimensiones: Lo material y lo espiritual. Lo material como aquello que nos permite vivir y lo espiritual como aquello que nos inspira a vivir. Vivir una vida sólo material, basado en lo que podemos comprar y consumir nos transformará en máquinas que sólo saben comprar y consumir. Por otro lado, intentar una vivir una vida basado sólo en lo espiritual nos llevará a descuidar nuestra existencia física.
Es más, antes de que los seremos humanos desarrollemos nuestra capacidad intelectual y espiritual, cuando somos bebés, somos manejados por nuestros instintos más básicos, comer, beber y dormir. Debemos asegurar nuestras existencia física antes de nuestras existencia espiritual, de alguna forma preparar a nuestro cuerpo para que el alma pueda residir en él cómodamente.
Cuenta un antiguo relato jasídico que los nietos de dos grandes sabios de la Jasidut contrajeron matrimonio. La nieta de Rabi Shneur Zalman de Liadi, el fundador de la Jasidut de Jabad y el nieto de Rabi Levi Itzjak de Berdichev. Al comenzar la cena festiva Rabi Shneur Zalman bendijo a los novios deseándoles que gocen de lo material y de lo espiritual. Rabi Levi Itzjak sorprendido le contestó, reclamándole que en su bendición antepuso lo material a lo espiritual. Rabi Shneur Zalman le respondió citando un versículo de esta Parashá.
La historia de Parashat Veietzé nos muestra a Yaakov escapando de su hermano Esav luego de haber tomado su primogenitura. En el medio del camino tiene un sueño, una visión, la famosa visión de la escalara con ángeles que suben y bajan de ella. Yaakov en un diálogo con Dios hace un voto, una promesa condicionando su futuro. En esta promesa dice:
“Si me diere pan para comer y ropa para vestir… Será Adonai, Dios para mi”. (Bereshit / Génesis 28:20-21).
El orden en el que se citan la distintas partes de esta promesa, no son casuales. Yaakov comienza por lo material, el alimento y la vestimenta. Luego sigue la espiritualidad. Así lo citó Rabi Shneur Zalman cuando le explicaba a su colega, que lo material antecede a lo espiritual, no por importancia, sino por necesidad. Un cuerpo débil, desnudo o hambriento no podrá desarrollar su espiritualidad si sus necesidades más básicas no están cubiertas. De eso habla la famosa pirámide de Maslow. La Torá nos recordará que no existe lo uno sin lo otro, sin embargo no podemos transformar nuestra existencia en algo meramente físico, cotidiano y material. El materialismo del que somos muchas veces prisioneros, es porque ponemos el consumo, lo material, los bienes, como fin último de nuestras vidas.
A su vez, cuando dejamos de lado nuestra existencia física, enfocándonos sólo en lo espiritual, tendemos a pensar que las aflicciones corporales de nuestras propia existencia, son por no habernos dedicado suficiente a nuestra Neshamá, a nuestra alma. Somos seres humanos de carne y hueso, y naturalmente sufrimos los cambios que sufre todo ser vivo, con sus complejidades y sus enfermedades. Debemos preparar y cuidar nuestro cuerpo para que la esencia divina que radica en cada ser humano tenga un espacio en nosotros. Al momento de construir el Mishkán (Tabernáculo) la Torá dice que Dios le ordenó al pueblo diciendo:
“Construirán para mi un santuario y residiré en ustedes”. (Shemot / Éxodo 25:8).
Sólo una vez que el Santuario estaba listo, podía residir en él la presencia divina. Una vez que nuestro cuerpo está dispuesto, puede desarrollarse el alma.
El relato jasídico termina contando que ante la respuesta de Shneur Zalman, diciendo que el mismísimo Yaakov, el tercer patriarca, había antepuesto lo material a lo espiritual; Rabi Levi Itzjak no se quedó callado y le dijo: “Pero la existencia física y material nuestra, no es comparable a la de Yaakov…”.
A lo que Rabi Shneur Zalman le contestó: “Mucho menos nuestra existencia espiritual…”
Nuestras vidas no son comparables a la de los patriarcas, sin embargo, Parashat Vaietzé junto a muchas de las historias de Bereshit (Génesis) nos han sido contadas bajo el lema “Maasé Avot, Simán laBanim”. Las acciones de los padres son señal para los hijos. Yaakov nos deja en esta Parashá una poderosa señal, cuidar lo material para desarrollar lo espiritual.
Shabbat Shalom.
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