Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL
“Corto de vista”
Se ha escrito y dicho mucho últimamente sobre la falta de visión. Una carencia presente en diversas esferas, en el liderazgo, en política, en lo que respecta a la religión, en todos los ámbitos. Quien quiera liderar, quien quiera avanzar tendrá que desarrollar una visión de futuro.
Sin embargo sucede a veces que no todos ven lo que nosotros vemos, no todos están dispuestos o listos para avanzar. A veces nos quedamos cortos de vista, no vemos bien, no logramos ver más allá de nuestra nariz. Estamos ocupados en el aquí y ahora. Parte de la crisis mundial que vivimos nos tiene ahogados, porque se pretende solucionar un problema del aquí y ahora sin preguntarnos lo que pueda pasar después. ¿Qué vamos a hacer si viene otra pandemia? ¿Y si el próximo virus es más fuerte? O bien ¿Por qué no estábamos preparados para esto habiendo tenido experiencias anteriores como la fiebre porcina, entre otros?
Mirar hacia adelante no significa que vea el futuro. Hablar sobre el futuro no me prepara para ello, eso no significa que tenga visión u objetivos. Sucede que a veces tenemos las herramientas pero no las sabemos utilizar. En palabras del TaNaJ: “Poseen boca, pero no hablan, tienen ojos, pero no ven” (Tehilim / Salmos 115, 5).
También en la Parashá de la semana sucede algo parecido. La Parashá contiene el famoso episodio del “Sacrificio (o mejor dicho atadura) de Itzhak”. Después de pedirle que tome a su hijo y se dirija hacia la tierra de Moria, Dios tiene en sus planes no llevar a cabo el sacrificio. Al cabo de tres días llega Avraham a la zona y la Torá relata que:
“Avraham alzó sus ojos y vio el lugar desde lejos. Le dijo entonces a sus siervos, quédense aquí ustedes junto al asno y yo junto al joven (Itzhak) iremos hasta allí y volveremos a ustedes” (Bereshit / Génesis 22:3-4).
¿Es que a caso los demás no vieron el lugar? Esta misma pregunta se la hizo Rabenu Bajie (o Bejaie) ben Asher ibn Halawa, un gran exégeta y filósofo del Siglo XIV. Que interpretó esta sección diciendo lo siguiente:
“Dice el Midrash: Avraham le dijo a Itzhak: ¿Ves lo que yo veo?, a lo que Itzhak respondió que Si, que veía la imagen del Monte Moriah, y sobre el monte una nube atada al mismo. Le preguntó entonces a los otros muchachos, ¿Ven lo que yo veo? a lo que respondieron, no. Se dirigió pues Avraham a ellos y les dijo, ustedes, como burros, asnos, no han visto nada, quédense entonces con el asno”.
Rabenu Bajie trae este Midrash, en donde vemos que Avraham ve más allá de sus ojos, sin embargo no quiso convencer a los que iban con él, acerca de su visión, se quedó sólo con quien pensaba como él, con Itzhak. Aun así, Avraham ve más allá, ve que sobre ese monte estará el Beit HaMikdash, el templo, la presencia divina sobre ese lugar, pero por razones que desconocemos no quiere o no logra convencer a los demás. Quizás fue gracias a esa capacidad de mirar hacia adelante que Avraham entendió que el sacrificio no era sobre su hijo, sino que en un futuro en ese lugar se harían sacrificios.
Lejos de criticar a Avraham, sabemos que la Torá nos habla de otros asnos que si tenían visión, como es el caso de Bilam, a quien el asno le advirtió tres veces acerca de la presencia de un peligro, a fin de cuentas, la presencia de un ángel en el camino.
El liderazgo se construye precisamente por la forma en la que podemos explicarle a otros lo que vemos, o cómo lo queremos ver, por la manera en que logramos convencer a otros de nuestra visión. Viendo más allá del aquí y ahora, quizás Avraham estaba ensimismado en los desafíos de ese minuto, del sacrificio de su hijo, sin embargo, la historia termina con un final tranquilizante.
Ver más allá de la capacidad de nuestros ojos, mirar por sobre nuestro campo visual, intentar fijar la vista más allá de las problemáticas diarias, nos podrá salvar finalmente de un sacrificio erróneo, nos podrá salvar la vida.
Shabbat Shalom.
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