Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL 

Shabbat Zajor

Guardando la privacidad

Antes solíamos preguntarnos: Si un árbol se cae en la mitad de un bosque, y nadie escucha que se cae, ¿realmente se cayó ese árbol?. Hoy la paradoja es otra: Si salí con unos amigos a comer y no subí una foto a mis redes sociales, ¿realmente esa salida ocurrió?.

En la era de las redes nos preguntamos si acaso todo lo que hacemos debe tener una expresión en las redes sociales. Sin duda debe haber un espacio para la privacidad, para lo que nos corresponde sólo a nosotros. No todo lo que hacemos debe ser publicado, y por otro lado el contenido que exponemos y mostramos al mundo debe coincidir y corresponder a lo que sucede en nuestra privacidad.

Es decir, que si en las redes publicamos y escribimos acerca del amor al prójimo, el respeto, la calma y la importancia de la familia, pero al interior de nuestra casa reinan los gritos, las riñas y las peleas, no estamos siendo consecuentes o coherentes.

Hay un equilibrio entre lo interior, lo exterior, lo privado, y lo público que podemos aprender a través de la Parashá de esta semana, Terumá. La segunda mitad del libro de Shemot (éxodo) relata ya no sólo el éxodo mismo, sino que la recaudación de fondos y la construcción misma del Mishkán (Tabernáculo). Uno de los elementos que se debía construir era el arca sagrada, protegida por dos Keruvim (querubines) que se encontraba en el Kodesh HaKodashim (Santa Sanctorum), el lugar más sagrado, íntimo y austero del Mishkán. En la orden que figura en la Torá se describa el proceso para confeccionar el arca:

“Harán también un arca de madera de acacia, cuya longitud será de dos codos y medio, su anchura de codo y medio, y su altura de codo y medio. Y la cubrirás de oro puro por dentro y por fuera, y harás sobre ella una cornisa de oro alrededor”.

(Shemot / Éxodo 25:10-11).

El arca, el elemento más sagrado de todos, al que sólo Moshé y Aharón podían acceder, es en su interior, un arca de madera. Una simple madera, recubierta de oro. Lo frágil, lo simple, lo que aparentemente vale menos, se encuentra en la esencia, escondida de todo. Recubierta por oro en toda su extensión, el arca sagrada nos invita a pensar sobre nuestra propia esencia. Hay cosas que todos ven, como el oro, que brilla, que llama la atención, que un metal precioso codiciado por todos. Al mismo tiempo, bajo ese oro está la madera de acacia, simple, pero fuerte. Nadie ve la madera, en su simpleza y humildad está su grandeza. A veces nuestra grandeza está también en lo que NO publicamos, en lo que otros no ven.

Además de esta lección, podemos aprender acerca de lo interior y lo exterior. También el interior de esta arca estaba recubierto de oro. Esto lo hemos aprendido en otras ocasiones, nuestro interior debe ser equivalente a nuestro exterior. De oro, por dentro y por fuera. Aquello que decidimos publicar, guardando nuestra privacidad, debe corresponder y estar en la misma frecuencia de lo que sucede en nuestro interior.

Parashat Terumá, a través de la simpleza, la santidad y la grandeza del arca, nos invita a reflexionar acerca de aquellas cosas que no publicamos, de aquello que no se ve, y que lo que se vea, sea coherente con aquello que está en nuestro interior.

Shabbat Shalom