Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL 

 Shabbat Najamu 5780

La pandemia que estamos viviendo nos obligó a tomar nuevas perspectivas en todas las esferas de la vida. Una de ellas por supuesto, la identidad judía, especialmente lo que tiene relación con la plegaria, la oración, la Tefilá. De pronto muchas familias se vieron a si mismas rezando al interior de las casas, el judaísmo tocó la puerta de los hogares y ha llegado para quedarse, esperemos que así sea. El judaísmo, no el virus.

Algo que en tiempos normales era impensado, de pronto se volvió casi rutinario, hay personas que rezan, hacen Tefilá dentro de sus casas, sin temer a transformarse en “religiosos”. Y es que la Tefilá tiene múltiples lenguajes, múltiples caras-

La obligación de Rezar es difícil de entender en el contexto bíblico. No hay un mandamiento explícito y claro que así lo ordene. A diferencia de la circuncisión, la prohibición de encender fuego en Shabbat, o incluso el precepto de los Tefilín, aunque incluso sobre este último se puede discutir. De todos modos no hay una Mitzvá escrita en la Torá que diga: “Y rezarán a Adonai vuestro Dios tres veces, cada día, todos los días de vuestras vidas”. No, no lo hay.

Esto no significa que la Tefilá, la oración no tenga su origen en la Torá. Esta semana leeremos de la Torá el famoso texto del Shemá Israel: “Amarás a Adonai Tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser…” (Devarim / Deuteronomio 6:5). Y así como también la semana siguiente: “Y será que si escucharen y obedecieren mis mandamientos, que hoy les ordeno a ustedes, amar a Adonai vuestro Dios y servirle con todo el corazón y con todo el ser” (ibid 11:13). El “servicio” del corazón fue entendido como la Tefilá (Taanit 2a). Servir a Dios con el corazón es rezar, sin embargo los horarios, los textos y la forma de la Tefilá fueron definidos posteriormente. La Torá estableció el fondo, la tradición y los rabinos, la forma.

Si bien no todo puede ser considerado una Tefilá, la oración y la plegaria tienen múltiples caras. Un abrazo puede ser una Tefilá, un grito, incluso una manifestación o una protesta. La Tefilá fue definida por el Rab Abraham Yehoshua Heschel como el intento del ser humano de llamar la atención de Dios y atraer su empatía. Al comenzar esta Parashá, Moshé describe su intervención ante Dios, intentando revertir su decisión de no dejarlo entrar a la tierra de Israel: “En aquel entonces Rogué a Dios…” (Devarim / Deuteronomio 3:23).

El Midrash, (Sifre Devarim 26:7) dice que este ruego es uno de los 10 lenguajes de la Tefilá. El mismo texto alegórico enumera 11 versículos con vocablos distintos, todos definidos como Tefilá: Súplica, plegaria, grito, queja, lamento, canto, encuentro, introspección, caída, pararse estoicamente, entre otros. La Tefilá de acuerdo al Midrash tiene diversas facetas, cada una responde a un aspecto diferente de nuestras vidas. Hay veces que nuestras Tefilot son solo agradecimiento, hay veces que son sólo súplica, y hay veces que son una mera rutina y no por eso es menos válida. Lo anterior, siempre y cuando, sea auténtica y me permita auto-evaluarme.

Los tiempos del Corona nos han obligado a introducir la Tefilá a nuestras casas y no a buscarlas sólo en las Sinagogas, seguimos recuperando nuestro derecho a rezar, sin depender de oficiantes, rabinos o líderes espirituales. Rezar es la capacidad de ser introspectivos, conectando nuestro interior con el Creador, y para tales objetivos hay distintos caminos. Rezar en nuestras casas no nos hará más o menos religiosos, como máximo correremos el riesgo de ser mejores personas.

La tradición nos ofrece las palabras del Siddur para rezar, ¿qué le ofrecemos nosotros al Siddur para que siga siendo relevante?

 

Shabbat Shalom.