Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL

 

A veces sucede, sobre todo en la época de las fiestas, más aún después de un día tan especial como Iom Kippur en que decimos: “Tengo que dedicarle más tiempo a esto del judaísmo”… “Debo intentar llegar a más estudios, escuchar un poquito más de Torá” Pero simplemente no tenemos la oportunidad o quizás no siempre encontramos un significado profundo en lo que estudiamos. La Torá no siempre nos proporcionará aquello que buscamos, puede darnos lo que no buscamos, pero si la estudiamos con constancia, podremos llegar muy lejos.

El problema está en que de tanto postergarlo, finalmente nunca llegamos a donde verdaderamente queremos llegar en nuestro estudio. Dice la Torá en esta Parashá:

“Y les dijo a ellos (Moshé al Pueblo): “Poned vuestro corazón en todas las palabras que yo pongo por testigo hacia vosotros, el día de hoy; que habréis de prescribirlas a vuestros hijos, para cuidar, para cumplir, todas las palabras de la Toráh, esta. Pues no cosa vacua (vacía) es, de vosotros; ya que ello es vuestra vida y con esta cosa prolongaréis días sobre la tierra, a la cual vosotros vais a cruzar el Yardén – allí- para poseerla”. (Devarim / Deuteronomio 32:46-47).

 

Los comentaristas a lo largo de los años intentaron descifrar esta frase, cómo llegar a pensar si quiera que la Torá puede contener cosas “vacías” o mensajes “vacuos”. RaSHI el más conocido quizás de los exégetas bíblicos dice que en realidad debemos entender que no hay nada vacío en la Torá. Que en caso de no encontrar algo de lo que podamos aprender, podemos recurrir a múltiples casos en que la Torá simplemente menciona detalles para acceder de forma metafórica a otros conceptos.

No es cosa de decir simplemente “con esto no me conecto”, es buscar la conexión y en caso de que no exista, pues crearla, el que un texto te haga mayor o menor sentido, no es tanto problema del texto, sino problema del lector. Por eso en hebreo al texto de la Torá se lo denomina מקרא Mikrá, cuyo enfoque está en quien tiene la posibilidad de לקרוא “Likró” Leer. El tema no es qué es lo que estudiamos, sino cuánto tiempo le dedicamos a lo mismo.

Dice un breve Midrash que este asunto puede ser comparado con dos hermanos que heredaban dinero de su padre. Uno de ellos juntaba los centavos para así ir y a penas pudiera gastarlos en comida o en lo que fuera. Cada peso, cada centavo inmediatamente lo gastaba. Mientras tanto el otro hermano juntaba cada moneda hasta recaudar una gran suma de dinero.

El midrash hace el paralelismo con quienes estudian Torá.

Quien estudia una o dos cosas por día, dos o tres capítulos por semana, dos o tres por mes, va “haciéndose rico”. Sobre esta persona dice el libro de Proverbios: “La riqueza obtenida por la vanidad será disminuida, pero el que recoge poco a poco verá incremento”. (Mishlé / Proverbios 13:11).

En cambio el otro tipo de personas que dicen, hoy no tengo tiempo de estudiar, lo haré mañana o más adelante, posterga indefectiblemente su estudio, constantemente, y se queda con sus manos vacías. Sobre esta persona dice el libro de Proverbios: “Hijo entendido es el que cosecha en el verano, pero el hijo que procede vergonzosamente duerme durante la cosecha”. (ibid. 10:5).

Mientras más le dediquemos a lo largo del tiempo, más lejos podremos llegar. No es necesario saberlo todo, hay que tener la fuerza para comenzar. Las una o dos cosas por día, una vez por semana, o como sea. Sobre esto fue dicho en el Pirkei Avot:

“Shamai enseñó: Haz de la Torá algo fijo (en el tiempo). Di poco y haz mucho. Recibe a toda persona con buena cara” (Avot 1:15)-

Mientras más invirtamos en el estudio de nuestra tradición nuestro conocimiento crecerá, hoy no faltan oportunidades para hacerlo, una biblioteca completa se encuentra al alcance de nuestra mano. Las comunidades no se cansan de ofrecer grupos y cursos para estudiar. De esta manera podemos comenzar a juntar uno a uno los centavos que nos llevarán a la grandeza espiritual.

Estamos apenas a algunos días de terminar el ciclo de lectura de la Torá. Uno de los mensajes con los que la Torá nos deja es que debemos seguir leyéndola, no detenernos, cada uno a su ritmo. No sólo eso, sino que cuando en algunas semanas leamos Bereshit nuevamente, sabremos que el mundo no se creó en un día, sino en siete. De la misma forma nuestra sabiduría y nuestro conocimiento no se construirá de la noche a la mañana, sino que requerirá tiempo y esfuerzo.

 Shabbat Shalom.