Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL
Fragilidad y Estabilidad.
Sucot nos invita a pensar en el equilibrio entre la fragilidad y la estabilidad, entre lo temporal y lo eterno, entre lo duradero y lo efímero.
Son muchas las normas y los detalles que se deben seguir al momento de construir una Sucá, su altura mínima, su espacio, los materiales de construcción, todo para construir un espacio que podamos habitar de forma temporal durante una semana. Es así por ejemplo, que el Sejaj, el techo de la suca debe ser confeccionado a partir de materiales de origen vegetal. El uso de cualquier otro material podría anular la Sucá para su uso ritual, generando de paso otros problemas de impureza.
Sin embargo las paredes, Defanot, de la Sucá, pueden ser de otros materiales e incluso pueden ser fijas, y hay quienes acostumbran a hacerlo de esa forma. Sin embargo, siempre debemos intentar renovar algo en la Sucá. Un detalle muy lindo de las paredes de la Sucá es que pueden estar distanciadas del techo, pero no del suelo, puede haber un espacio entre la pared de la Sucá y el techo de la misma, pero siempre debe estar unida al suelo a la tierra. Esto produce un efecto muy simbólico al pensar que a solo días de haber terminado la jornada que nos conecta con el cielo, debemos poner bien los pies en la tierra.
Otro punto muy interesante que las paredes pueden ser de diversos materiales, sin embargo deben cumplir con una condición, que sean lo suficientemente estables como para resistir el viento. Que no sea cosa que un viento fuerte pueda derribar las paredes o la Sucá por completo.
Esto convierte a la Sucá en algo paradójico.
La Sucá por definición no puede ser una “Dirat Keva” un habitáculo permanente, sino tiene que se “Arait”, temporal, provisoria. Una Sucá que permanece en su totalidad de pie durante todo el año no es apta para su uso ritual y espiritual de Sucot. Pero si ponemos paredes que sean lo suficientemente estables, adquiere un carácter menos temporario. Por eso siempre debemos intentar renovar el techo, revisar nuestro límite superior y cuestionarnos hasta dónde queremos llegar y si acaso queremos renovar esos objetivos y esas metas, esos “techos”.
Más allá de esto, la Sucá más que temporal es frágil, pero al mismo tiempo es estable, baila una danza delicada entre los últimos días del verano y los primeros días del otoño. El calor aun se hace presente en Israel, sin embargo, en unos días cambiaremos nuestras plegarias para comenzar a pedir por la lluvia, a la que a este año le pediremos que se lleve la Pandemia que nos afecta, a toda la humanidad. Después de todo Sucot es un Jag, una festividad, universal. Los 70 sacrificios que se realizaban durante la fiesta, son equiparados a los 70 pueblos y naciones del mundo. Así también pedimos por la salud de todos los habitantes de la tierra.
En medio de la fragilidad, la Sucá nos convoca a buscar la estabilidad; y así también en esta crisis, llenos de fragilidad, y esperando que sea temporal, buscamos la estabilidad, buscamos esas paredes en las que apoyarnos, que ningún viento las pueda voltear o sacudir. Nuestras familias, nuestros amigos, nuestras comunidades, el estudio, nuestras acciones y la preocupación por un mundo mejor, constituyen las “Defanot” las paredes de la Sucá que llena de fragilidad, puede ser también estable.
Una Sucá sin techo o sin paredes no sólo es fragil, sino que es inestable, cuando no tenemos nada que ofrecer, o nos negamos a aceptar y recibir, somos como la mera estructura de la Sucá. Una Sucá sellada por todos lados tampoco permite salir o entrar. Una Sucá sin techo no es Sucá y sin paredes tampoco. Una Sucá con paredes demasiado endebles no nos permite celebrar la festividad.
Entre fragilidad y estabilidad, la fiesta de Sucot, se transforma en un llamado actual para los tiempos de hoy.
Shabbat Shalom,
Jag Sameaj.
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