Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL 

Reclamando nuestra herencia.

Para que una herencia se haga efectiva se requieren básicamente de dos acciones, alguien que decide heredar algo suyo a otra persona, y que ese otro reclame la herencia. Si quien pretende heredar, no deja nada, no hay lo que reclamar, y si quien debiera recibir no se hace cargo o no la reclama, entonces no se hará efectiva la herencia.

Así sucede en la tradición de Israel.

En una linda coincidencia, la última Parashá de la Torá, Vezot HaBerajá será leída en Shabbat, no por el ciclo regular de la lectura de la Torá, sino por la festividad de Sheminí Atzeret o Simjat Torá, que en Israel comienza hoy vienes y terminará el Sábado por la noche. Mientras que fuera de Israel se separa Sheminí Atzeret, de Simjat Torá. Si bien esta festividad es una especie de continuación de Sucot, es en realidad una fiesta separada.

Uno de los versículos más conocidos de los últimos renglones de la Torá, es la frase que dice:

“Torá Tzivá lanu Moshé, Morashá Kehilat Yaakov”. “Moshé nos ordenó la Torá, herencia de la congregación de Yaakov” (Devarim / Deuteronomio 33:4).

Esta es la frase que según el Talmud (Sucá 42a) se le enseña a los más pequeños una vez que comienzan a hablar.

Es que esta es una herencia que podemos reclamar y recibir en todo momento, está allí a nuestra disposición para que nos hagamos cargo, para que se haga efectiva, no para que dependa de un tercero, de un testaferro. Esa es la herencia, esa es la Torá que nos ordenó Moshé. Esta breve frase figura justo antes de las Berajot, las bendiciones, que Moshé dirigirá en forma particular a (casi) todas las tribus de Israel. Moshé se despide, el líder le dice adiós a su pueblo, antes de que entren a la tierra de Israel, y lo hace por medio de bendiciones. Pero estas bendiciones no son sólo buenos augurios y deseos de éxito para el futuro, sino que guardan relación con el actuar de cada una de las tribus. Muchas de las bendiciones tienen un carácter de advertencia. No es sólo desearles “que les vaya bien”, sino que es recordarles sus debilidades y sus fortalezas, para que puedan desde allí surgir. Pero antes de que Moshé pronuncie sus bendiciones para las tribus, la Torá enuncia con firmeza: Moshé nos ordenó la Torá, herencia de la congregación de Yaakov. Esta será una máxima para todas las tribus, para todo el pueblo de Israel. Quien quiera ser meritorio de recibir esta bendición deberá hacerse cargo de la tradición.

Este Simjat Torá será distinto, estamos acostumbrados a celebrarlo en comunidad, en masa con bailes con danzas. No es que eso no sea importante, es una costumbre muy linda y muy festiva bailar junto a la Torá, y al mismo tiempo debemos recordar que lo que estamos celebrando son dos cosas: 1.- El deseo de Dios de que sigamos celebrando un día más ante su presencia. Para eso está, de acuerdo al midrash, la festividad de Sheminí Atzeret. 2.- Celebramos con tremenda alegría la oportunidad de volver a comenzar la lectura de la Torá, desde Bereshit (Génesis). Estas son las dimensiones que deben guiarnos en este Jag (festividad). Lo demás es importante, pero accesorio. Si somos capaces de alegrarnos con esto, seremos capaces de alegrarnos también con bailes y canciones.

Una alegría honesta, sincera, que no depende de ningún factor externo, más que de la certeza de que estamos reclamando nuestra herencia, de que nos estamos haciendo cargo de la Torá, de nuestra identidad y de nuestra tradición. Regocijémonos por el simple hecho de que volvemos a comenzar, una vez más.

 

Shabbat Shalom,
Jag Sameaj.