Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL
Nuestro rol es revelarnos.
¿Qué hubiese sucedido con el relato de la Torá, si Adán (Adam en hebreo) no se hubiese rebelado contra El Creador? ¿Cómo hubiese continuado la historia? ¿Cómo se hubiese desarrollado?
Es difícil saberlo, quizás nos pasearíamos por el mundo desnudos en los días de calor, sin tener vergüenza, o quizás estaríamos todos en el Gan Eden (Jardín del Edén), sin problemas, sin ropa, sin preocupaciones o sin Corona. No lo sabemos. Lo cierto es que la Torá comienza con una historia de rebelión y desobediencia. Alguien no actúa de acuerdo a lo esperado y allí es cuando las cosas comienzan a moverse. Alguien no hace caso, es natural, sucede a menudo, y es quizás hasta bueno que suceda. Nuestro rol como seres humanos es, a veces, rebelarnos, desobedecer.
La historia del Génesis comienza con una cierta calma, una descripción de la creación sobre la que se ha escrito muchísimo. Hasta aquí todo bien, pero el drama comienza con la aparición del hombre y la mujer en el Edén. Más específicamente cuando comen del fruto que se les ordenó explícitamente no comer. Es allí cuando comienza la historia, en el preciso momento en el que alguien se rebela, ahora podemos comenzar a hablar. Y podemos pensar, con justa razón, que también vinimos al mundo para eso, para rebelarnos, para liberarnos y avanzar, para no quedarnos siempre en los ambientes conocidos, que no siempre son cómodos. Existe la posibilidad de que este hecho sea parte de la voluntad divina.
Cuando Dios ve que el hombre se rebela comiendo del árbol de la sabiduría, se dirige a cada uno de los personajes, pero ninguno da una respuesta certera al respecto. Adam culpa a Javá (Eva), y Javá a la serpiente. En consecuencia, todos son castigados, la serpiente arrastrándose, Javá pariendo con dolor y Adam que con el sudor de la frente traerá el pan a su hogar. Sin embargo, he aquí que estamos ante un pequeño problema, Dios, todopoderoso y omnipotente, sabía ya las respuestas a sus preguntas. Vio al hombre comer del árbol. Aun así se produce el siguiente diálogo:
“Y llamó El Eterno, Dios a Adam diciéndole: ¿Dónde estás? (en hebreo, Aieka).
Le contestó Adam: Escuché tu voz en el jardín y temí pues estoy yo desnudo y me escondí.
Le dijo Dios: ¿Quién te ha dicho que estás desnudo? ¿Acaso comiste del árbol que te ordené no comer?”.
Los más diversos comentarios se han escrito con respecto a la primera pregunta. “¿Dónde estás? – Aieka”. Y hay quienes dicen que Dios, sabiendo la respuesta, sólo le quiso dar al hombre la oportunidad de arrepentirse. Pero en la segunda pregunta la situación es distinta. Es una pregunta cerrada. En la primera pregunta “dónde estás”, la respuesta puede ser temporal o espacial, el hombre podría contestar: “Estoy aquí en el Edén”. O bien podríamos entender la pregunta como “en qué lugar de tu vida estás”. Empero la segunda, es una pregunta cerrada “¿comiste del árbol?”. Allí sólo cabe responder, si o no. Adam no respondió ni a la primera, ni a la segunda. No buscaba el primer hombre el arrepentimiento, porque quienquiera que haya comenzado una rebelión, sabe que una vez que se da el primer paso, no hay vuelta atrás.
Sin embargo, podríamos pensar que lo que dijo Dios, no fue una pregunta, sino una afirmación. Así lo interpretan RaSHI y Sifté Jajamim (Rabi Shabetai Bas).
RaSHI dice que Dios dice: “¿Acaso comiste…?” No como pregunta, sino como una exclamación sorpresiva. A lo que Sifté Jajamim agrega que de no ser esta una afirmación (y no una pregunta) Adam debería haber contestado. Sin embargo, la respuesta de Adam no dice si comió o no del árbol, sino que acusa a la mujer, dando otro paso en su rebelión:
“La mujer que me has dado a mi, ella fue quien me dio de comer”. (ibid, vers. 13).
El primer hombre no contestó a la pregunta, porque no era una pregunta, sino una afirmación. Quizás Dios sabía en el fondo de su corazón que esto iba a suceder, y de alguna manera, sonrió, dando comienzo así a la historia.
El escritor Judío Alemán, Erich Fromm, sociólogo, psicólogo, filósofo y Talmid Jajam, escribió sobre esta idea en su libro “Seréis como Dioses” (dato interesante es el título, que está basado en la expresión que utiliza Dios en la Torá al saber que el hombre es ahora conocedor del bien y el mal):
“El primer acto de desobediencia, es el comienzo de la historia, porque es el comienzo de la libertad humana”.
La rebelión del primer hombre es el comienzo de nuestra historia, de la libertad de los seres humanos. Más adelante Fromm dice:
“La Biblia, es un libro revolucionario, su tema principal es la liberación del hombre de los lazos perversos que lo atan a la sangre y a la tierra, a la sumisión ante ídolos, ante la esclavitud, ante poderosos señores, hacia una libertad individual, nacional y colectiva humana”.
Podríamos y debemos preguntarnos, contra que se rebelaba Adam, o de quién se liberaba. Una rebelión por el sólo hecho de liberarse carece de sentido. Rebeliones y revueltas con producciones, presupuestos y planificaciones estratégicas no son rebeliones, sino que buscan esclavizar nuevamente a las personas bajo la ilusión de que se están rebelando. Quienes intentan desentenderse de su judaísmo diciendo “esto no es para mi”, muchas veces lo hacen desde la indiferencia y la ignorancia. Para rebelarse hay que saber, hay que conocer y no repetir frases vacías de sentido. Cuando quienes creen liberarse del judaísmo, ¿saben de qué judaísmo están hablando?.
Parashat Bereshit nos invita a rebelarnos en forma consciente, en forma responsable. Toda la historia de la Torá son liberaciones, y “esclavizaciones”, entradas y salidas. El hombre al liberarse del Gan Eden, se hizo trabajador de la tierra. La tierra que posteriormente generó hambruna, y llevó a nuestros antepasados a Egipto en busca de comida. En Egipto nos convertimos en esclavos y la historia una y otra vez se vuelva repetir. La desconexión con lo anterior, la liberación de aquello que nos ata, es un proceso natural.
Vinimos a este mundo saliendo del vientre materno, comenzamos nuestra independencia cortando el cordón umbilical. Salimos del Eden para adentrarnos en el trabajo de la tierra. Entramos así en Egipto para salir de allí. Salidas y entradas.
Así comenzamos la historia humana, la historia de Bereshit, que cobra sentido por medio de la rebeldía.
Shabbat Shalom.
Agradezco al Todopoderoso la posibilidad de comenzar una nueva lectura de la Torá. Que el estudio de la misma nos de enseñanzas, para así traer paz, salud y bienestar a la humanidad.
Agradezco también a mis colegas de la Comunidad Chilena de Israel por este espacio que por 4to año volvemos a comenzar, y en especial a Carolina Colodro quien semana a semana publica estas notas para ustedes.
Finalmente les agradezco a ustedes, queridos lectoras y lectoras, que constantemente comparten y apoyan mi trabajo.
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