Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL
Tekumá / Shabbat Mevarejim
Cuando las palabras sobran y cuando las palabras faltan.
Hay sentimientos y momentos ante los cuales faltan las palabras, hay situaciones en las que las palabras no alcanzan a describir todo lo que sucede en nuestro interior, la mezcla de sensaciones, lo que reside en nuestro corazón. A veces las palabras sobran y al mismo tiempo faltan.
Y es que aun en la era de las comunicaciones y las redes sociales, era en la que cada uno y cada una puede escribir algunas líneas, publicarlas y compartirlas, a veces toda la palabrería carece de sentido ante momentos o situaciones incomprensibles.
En estos días conmemoramos y celebramos fechas o festividades que fueron incorporadas al calendario hebreo en el último siglo. Los eventos históricos que se desarrollaron durante el Siglo XX, han llevado a la tradición judía a fijar nuevas fechas en su calendario, Iom HaShoa, Iom HaZikaron y Iom HaAtzmaut. Estas tres conmemoraciones pueden ser vistas como una gran festividad, como una sucesión de eventos que debemos recordar y celebrar.
Es interesante hacer notar también, que en dos de estos días, los más solemnes y tristes quizás, hay una costumbre, Israelí, dictada por ley, en la que todo el país se paraliza, la famosa sirena. En Iom HaShoa, a las 10:00 de la mañana suena durante dos minutos una sirena, todo el país se pone de pie, se detienen los autos, los trabajos, las clases, las actividades y el país permanece en silencio. Lo mismo sucede en el día de recordación a los soldados caídos, Iom HaZikarón, a las 20:00 en la víspera del día suena la sirena durante un minuto y a la mañana a las 11:00 vuelve a sonar por un minuto más. Y allí sucede exactamente lo mismo, todo un país, toda una nación, toda una sociedad en silencio.
Las palabras sobran en esos momentos, o quizás faltan, y por eso guardamos un respetuoso y profundo silencio, porque no hay palabras que alcancen para describir el dolor, la ira, la impotencia y la vaga esperanza de que la lista de caídos deje de crecer.
Quizás durante 4 minutos por año, en estos días, nos unimos en silencio, como factor común de unión ante la barbarie, la destrucción y el duelo. Es curioso que la costumbre de hacer un minuto de silencio sea ante la muerte, ante el dolor. Hay quienes dicen que la costumbre tiene su origen en al año posterior a la primera guerra mundial, como una forma de conmemoración que surgió en Londres. Sin embargo, un breve análisis en la Parashá de la semana, nos puede ayudar a entender mejor este asunto.
La parashá de esta semana, Sheminí, relata finalmente la inauguración del tabernáculo, el Mishkán. Todo está dispuesto y después de 7 días de preparación, el octavo día (sheminí en hebreo), se comienza la tarea. Pero algo sale mal, no todo va de acuerdo al plan. Los hijos de Aharon HaCohen (Aarón el Sumo Sacerdote) ofrecen un incienso que no les es ordenado y mueren de forma casi inmediata consumidos por un fuego divino. Una escena trágica y triste. Aharón pierde a sus hijos y su hermano, líder del pueblo, Moisés, lo reprende diciendo:
“Entonces dijo Moshé a Aharón: Esto es lo que habló Dios, diciendo: En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado. Y Aharón quedó callado”.
(Vaikrá / Levítico 10:3).
Rabi Yaakov ben Asher, el Baal HaTurim (España, S. XIII-XIV), escribe en su comentario a la Torá que en todo el texto bíblico aparece sólo dos veces la expresión וידום, Vaidóm, quiere decir que se calló, quedó en silencio. La primera de ellas aquí en la Parashá, la segunda en el libro de Yehoshúa (Josué), pero la segunda vez es en otro contexto:
Sol, detente en Givón; Y tú, luna, en el valle de Ayalón, Y el sol se detuvo y la luna se paró.
(Yehoshúa / Josué 10:12-13).
La palabra en hebreo para decir que el sol se detuvo es: Vaidóm HaShemesh, que es la misma que la Parashá utiliza para decir que Aharón se quedó en silencio: Vaidóm Aharón. De aquí que Baal HaTurim enseña que el silencio de Aharón ante la muerte de sus hijos fue tan potente y tan fuerte que sólo puede equipararse a un eclipse, ante la detención del sol. Y es que la muerte, sobretodo la muerte trágica de un hijo, es algo tan duro, tan inexplicable, tan lleno de dolor, que es un verdadero eclipse, es una oscuridad ante la cual, las palabras sobran y al mismo tiempo faltan.
En estos días que van del duelo a la alegría, de la desolación a la esperanza, en los días en los que en Israel las palabra son utilizadas como armas ante la cruda realidad política, hagamos un esfuerzo y dejemos que el silencio haga lo suyo.
Shabbat Shalom
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