La conmemoración de fechas importantes, especialmente en este año especial de pandemia dónde los actos masivos se cancelaron, recordar a las víctimas del Holocausto  ha tenido que adaptarse y transformarse.

Hoy podemos encender velas virtuales, seguir los pasos de la Marcha por la Vida en Polonia a través de imágenes del computador, o postear la historia de algún familiar para poder mantener vivo esa frase que nos repetimos cada año “recordar y jamás olvidar”.

Cada año, el museo del Holocausto en Israel, Yad Vashem, establece un tema en el que se va a basar el acto de conmemoración y la información que va a publicar tanto en sus redes sociales como en el acto central en el mismo museo.

El 2021 se cumplen 80 años de la Operación Barbarosa. Nombre que pocas personas conocen y que es reconocido como la invasión alemana a la Unión Soviética. 1941 fue un punto de quiebre en el desarrollo del holocausto. No solamente porque a estas alturas los judíos estaban principalmente encerrados en guetos, sino que hasta ahora, se sostenía frágilmente el tratado de no agresión que en agosto de 1939 (un par de días antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial) firmaron los cancilleres de Alemania y la URRSS. El tratado Ribentropp-Molotov (llamado así por los apellidos de quienes lo negociaron) definía que Hitler y Stalin se dividirían Polonia, dónde después de la conquista alemana, Polonia oriental quedó bajo gobierno soviético, incluidos los judíos que vivían en la zona.

¿Era verdad lo que presenciaba el mundo? El nazismo pactando con el comunismo? ¿cuánto iba a durar ese cínico tratado de no agresión? La respuesta: junio de 1941.

Alemania ataca por sorpresa, y no con cualquier ejército. Los Einzetzgruppen son unidades de elite que están entrenados para arrasar sin piedad, sin importar quién se les cruza por el camino. Se dividen en las unidades A, B, C y D, quienes, como un tsunami, cruzan la frontera ahogando y asesinando a quienes estaban en su camino.

Los judíos que se encontraban en ese territorio hasta ahora estaban en parte más tranquilos. No estaban en guetos, pero no se esperaban este sangriento ataque, dónde la única instrucción de los soldados era “mátenlos”. Persecuciones a mujeres y niños, incendios a aldeas, hombres forzados a cavar sus propias fosas comunes en las cuales después serían asesinados. No hay guetos (sí, después con los que sobrevivieron la masacre) no hay listas ordenadas, no hay tatuajes y no hay la posibilidad de salvarse trabajando, romper el pacto de no agresión significó que Hitler había decidido que llegó la hora de conquistar la URSS y dejarla libre de judíos como lo estaba haciendo en Europa oriental y occidental.

Los nombres de aquellos que perecieron tras el ataque de los Einzetzgruppen quedaron enterrados en las fosas con sus caras, vidas e identidad. Muy poco se sabe de aquellos que desaparecieron y los sobrevivientes tampoco tienen mucha información.

Este año, un año dónde también tuvimos muchos muertos en el mundo, dónde no podemos recordarlos en actos masivos, volvemos a decir “recordar y no olvidar”. Tener claro que el Holocausto fue un proceso, dónde los puntos de quiebre significaron que el destino de los judíos se tornaba aún mas incierto y negro. Que los pactos se rompen y que el antisemitismo del siglo XX sigue vivo. En otras plataformas, pero la esencia, es la misma.

Siván Gobrín