Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL 

Acercándose a Dios o acercándolo.

¿Podemos acaso acercar a Dios a nosotros? ¿Es acaso un ente que se encuentra exclusivamente en el cielo? ¿Podemos acercarnos nosotros a Él?

Tras esta pregunta se esconden largos siglos de discusiones teológicas, argumentos de todo tipo, afirmaciones absurdas, heréticas y también barbaridades religiosas de índole inmensurable. Aun así, un pasaje de la Parashá de esta semana, Jaié Sará puede aportarnos algo de luz ante esta oscuridad.

En el pensamiento religioso clásico, la cercanía a lo divino pareciera depender de nuestro alejamiento de los asuntos mundanos del mundo terrenal. Sin embargo la visión judía es un tanto distinta. Rabi Yaakov en el Pirkei Avot (4:16-17) plantea un equilibrio entre los asuntos de este mundo y los del mundo venidero:

“Un momento de arrepentimiento y buenas acciones en este mundo, valen más que toda la vida en el Olam HaBá (el mundo por venir). Mientras que una hora de calma y quietud en el Olam HaBá, vale más que toda la vida en este mundo”.

Nadie de nosotros conoce el mundo venidero, nadie ha vuelto del más allá para poder contarnos un poco sobre lo que hay tras bambalinas.

La Parashá de esta semana relata los acontecimientos posteriores a la muerte de la primera matriarca, Sará. Avraham inmediatamente se dispone a encontrar una mujer para su hijo Itzjak, por lo que se dirige a su servidor, Eliezer diciéndole:

“Te hago jurar en nombre de Adonai, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no tomarás para mi hijo una mujer de las mujeres de Canaán, lugar donde hoy me encuentro, sino que irás a mi lugar de origen, a mi tierra y de allí tomarás una mujer para mi hijo Itzjak”. (Bereshit / Génesis 23:2-3).

Aquí la Torá menciona los cielos y la tierra. Dios gobierna sobre el complejo entero, sobre todo el universo, sin ninguna distinción. Sin embargo apenas unas líneas después, pareciera ser que hace falta esta misma expresión. Avraham le recuerda parte de su pasado a Eliezer, y le dice:

“Ten cuidado, no sea que devuelvas a mi hijo hasta allí. Adonai, Dios de los cielos, quien me condujo desde la casa de mi padre, de mi tierra, fue Él quien me habló y me juró diciendo: ‘A ti te daré y a tu descendencia os daré esta tierra’. Será el mismo quien envíe a su emisario ante ti para que tomas una mujer para mi hijo desde allí”. (ibid. 6-7).

Por qué entonces vemos una diferencia en la descripción de Dios entre ambas versiones. Según un bello midrash, se nos cuenta que hasta que Avraham Avinu no llegó a este mundo, es como si Dios no hubiese sido sino rey de los cielos solamente. Por eso dice la Torá: “Adonai, Dios de los cielos quien me condujo y me sacó de la casa de mi padre”. Sin embargo, desde que apareció Avraham lo ungió a Dios como Rey también sobre la tierra, y por eso hace jurar a Eliezer como vimos en el primer caso.

También el exégeta RaSHI hace hincapié en esta diferencia, y concuerda que hasta que Avraham no tomó la responsabilidad de difundir el mensaje de Dios sobre la tierra, es como si Dios hubiese sido sólo Dios en el cielo. ¿Pero es acaso la difusión de un mensaje, una estrategia suficiente para acercarnos a Dios o para acercarlo a Él a la tierra, o para hacerlo presente en nuestro mundo?

Para ahondar un poco más en esta pregunta debemos también cuestionarnos, qué fue lo que hizo Avraham durante su vida para efectivamente hacer a Dios más presente el mundo. El primer patriarca abandonó su zona de confort, Avraham se preocupa por su mujer, Sará, le da sepultura de forma digna. Avraham se preocupa por su hijo, intenta conseguirle una mujer para que se case. Avraham es el que recibió con gran hospitalidad a los emisarios abriendo su casa. Avraham es quien también discutió con Dios. Avraham hace presente a Dios en este mundo por medio del desarrollo de sus capacidades humanas, de su preocupación por el prójimo, por medio de su propio crecimiento. Rabi Yaakov en el Pirkei Avot decía que más vale una hora en este mundo de arrepentimiento y buenas acciones, más que toda la vida del mundo venidero. Como sólo conocemos este mundo, Rabi Yaakov nos da una pista de cómo aprovecharlo al máximo: Haciendo lo correcto, ese es el objetivo de este mundo en el que vivimos.

Volviendo entonces a la pregunta inicial:

¿Cómo acercamos aun más Al Creador a nuestro mundo, y cómo lo coronamos como Rey de la Tierra? Sin duda alguna es por medio del amor a otros, la preocupación por el prójimo. Y quizás como con Avraham, incluso discutiendo con Él ante las injusticias. Cualquier intento de reprimir nuestras características humanas, llevará consigo indefectiblemente a la anulación de la esencia divina presente en cada humano. Seremos más divinos en la medida en la que seamos más humanos, acercándonos a él y acercándolo a nosotros.

Shabbat Shalom.