Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL 

La fiesta más importante.

¿Cuál es la festividad judía más importante de todas? Quizás Yom Kippur, el día del perdón, en donde en épocas normales las sinagogas se llenan de gente hasta que no hay espacio para sentarse. O puede ser que sea Pesaj, la fiesta en donde se llenan las casas, se llenan las mesas, se llena “la guatita”. Existen, según dicen, estudios que afirman estos datos, que estas serían las fiestas más celebradas.

Puede ser que para otros la fiesta más importante sea Sucot, o Simjat Torá o Shavuot… O incluso Jánuca que a muchos judíos los pone a la par de la Navidad sin sentirse culpables por no celebrar la fiesta en cuestión. Puede ser incluso Purim, una fiesta alegre, apta para los niños, los disfraces y todo.

Lo cierto es, que no existe una fiesta más importante que la otra. Que existan Jaguim (festividades) con las que nos sea más fácil conectarnos no las convierte en más importantes. Que no sepamos lo que es “Bein HaMetzarim” no lo convierte en un período menos relevante para la historia judía. Que con suerte hayan personas que “celebren” o mejor dicho conmemoren el 9 de Av no transforma a este día en una festividad menor. Incluso Shabbat desde cierto punto de vista es una festividad, que si bien la celebramos con más frecuencia, es al fin y al cabo una celebración.

Parashat Pinejás, trae entre sus diversos temas una larga lista de los Korbanot (ofrendas o sacrificios) que se realizaban en casa una de las festividades a lo largo del año. Estas ofrendas eran llevadas a cabo en el Mishkán (tabernáculo) y posteriormente en el Beit HaMikdash (Templo). Había también un Korbán especial para Rosh Jodesh (comienzo del mes hebreo) y por supuesto para Shabbat. Sin embargo, el primer sacrificio que relata Parashat Pinejás, no es el de las festividades, sino la ofrenda “Tamid” (perpetua) que se sacrificaba diariamente, tanto en la mañana como en la tarde. En los maravillosos juegos de palabras que tiene el hebreo y sus raíces, la palabra “Tamid” significa siempre, y el término “Hatmada” quiere decir ser constantes, hacer algo constantemente.

Y esa quizás sea la respuesta a nuestra pregunta. La festividad judía más importante es el HOY, es el día, hoy, mañana, pasado. Cada día es una festividad, no porque cada día sea una celebración llena de alegría y jolgorio, sino por la profundidad que este mensaje nos deja. Hay judíos y judías, que por un sinfín de razones se autodenominan “judíos de las fiestas”… se conectan, pero en las fiestas. Sin ánimo de juzgar, hay que decir que es difícil lograr construir una tradición y una identidad judía sólida en base a algo que sucede de vez en cuando. Celebrar por aquí por allá una festividad algunas veces por año, no es algo que pueda perdurar en el tiempo. El judaísmo requiere “Hatmadá”, constancia, día y noche, cada minuto, cada segundo, todos los días de nuestra vida. No por nada, la descripción de cada uno de los sacrificios y ofrendas de Parashat Pinejás, contiene entre sus líneas la palabra hebrea “Yom” “Día”.

En la época en la que vivimos la constancia es un lujo, pero es un lujo accesible. Se requiere simplemente voluntad. Quienes buscan la inmediatez en la sabiduría judía, están buscando en el lugar incorrecto. Una tradición que se viene desarrollando hace cientos o miles de años, no se va a apurar en entregarnos respuestas a las problemáticas de hoy, dándonos lo que queremos de aquí a mañana. Es la constancia y el esfuerzo sostenido del día a día lo que hará de nosotros judíos más comprometidos. Siempre estarán quienes se sumen de vez en cuando, pero así como el fútbol, los hinchas aman a su equipo todos los días, lo van a ver al estadio todas las semanas y no lo dejan de seguir por un segundo.

Quienes somos hinchas de Am Israel no lo dejamos de seguir por un minuto, no nos perdemos ni los clásicos, ni los amistosos, ni los entrenamientos.

Shabbat Shalom