Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL

El amor cotidiano.

El amor, sobre el que tanto se ha escrito, cantado, especulado y manipulado, tiene múltiples facetas, aristas y se expresa de forma distinta en diversas latitudes. Está el amor no correspondido, el amor a distancia, el amor ferviente, el amor pasajero, el amor de verano, el amor platónico, y el amor eterno.

Hemos aprendido en otras ocasiones que Pesaj, esta festividad tan particular, es considerada el “aniversario de matrimonio” entre El Creador y el Pueblo de Israel. Sobre esta relación leemos en forma alegórica en el Shir HaShirim, el Cantar de los Cantares.

El amor entre Am Israel y Dios es uno muy particular, como dice el bolero “Es la historia de un amor como no hay otra igual”. Y es que son muchos los factores que inciden en esta relación única.

Para que una historia de amor pueda concretarse, o bien sostenerse en el tiempo, hace falta, entre otras cosas, constancia. El día a día es lo que fortalece el vínculo entre ambas partes. El casamiento, la fiesta y la boda pueden no haber sido una producción Hollywoodense, pero si la cotidianidad del amor se lleva con responsabilidad, ese amor tendrá más posibilidades de dar frutos.

Sucede en la vida de pareja, sucede también en el amor de Hashem com Israel. La constancia es clave en esta relación.

No por nada leemos en el Shabbat de Jol HaMoed (de los días intermedios) de Pesaj una lectura distinta al ciclo regular de la lectura de la Torá. Interrumpimos la lectura para volver unos capítulos atrás y leer del Sefer Shemot (Libro de Éxodo) el episodio de las segundas tablas de la ley, esas que Moshé tuvo que escribir nuevamente, después de lo sucedido con el Becerro de Oro. No sólo eso, sino que aparecen allí también los 13 atributos de Dios, que son los que utilizamos para pedir perdón en la intensa jornada de Iom Kippur. Junto con esto leemos en el mismo texto un breve resumen de las principales festividades del calendario hebreo:

“Celebrarás la fiesta de las Matzot, la observarás, durante siete días comerás Matzot como lo he ordenado, en la festividad del mes de la primavera. Pues en este mes de primavera saliste de Egipto. […] Seis días trabajarás, empero el séptimo descansarás, en el arado y en la cosecha cesarás las labores. También harás para ti la festividad de las semanas, con las primicias de la cosecha del trigo, así como la fiesta de la cosecha hacia el final del año. En tres instancias en el año, serás presentado ante El Soberano, Adonai, Dios de Israel […] Traerás por ofrenda las primicias de tu tierra a la casa de Adonai Tu Dios, no cocinarás al cabrito en la leche de su madre” (Shemot / Éxodo 34:18-23, 26).

Varios son los períodos de tiempo que figuran aquí. En la relación de amor entre Dios y el pueblo figuran las tres fiestas, una de las cuales ya celebramos en estas duras condiciones. Las redes se llenan de “Screenshots” del Zoom de Pesaj, de las videollamadas, de las mesas del seder… Debemos recordar que Pesaj es apenas una de las tres fiestas de peregrinación. Esperemos que en Shavuot podamos subir fotos de nuestro Tikún de nuestro estudio, y que en Sukot podamos subir fotos de nuestra Suká y de nuestros Arbaat HaMininm. Que podamos en las fiestas venideras celebrar físicamente junto a nuestras familias.

A pesar de que la Torá nos dice que nos pararemos frente a Dios, tres veces por año, un amor que no se expresa en forma periódica y frecuente, le será difícil prosperar. El texto que leeremos este Shabbat y que leeremos también en el Shabbat Intermedio de Sukot, nos invita a pensar en dos dimensiones aun más frecuentes del tiempo.

El Shabbat: “Seis días trabajarás, empero el séptimo descansarás”. La tradición judía puede expresarse semana a semana, con la magia, la espiritualidad y la calidez del Shabbat. Este regalo único que tenemos, podemos aprovecharlo para fortalecer aun más esa relación de Amor con Dios y con la tradición del pueblo de Israel.

Y finalmente, el texto con lo que pareciera ser una cita fuera de contexto… “No cocinarás al cabrito en la leche de su madre”. Hay Mitzvot que no requieren un momento especial en el año para ser cumplidas, están al alcance de nuestra mano todo el tiempo, todos los años y todos los días del año. La Kashrut, por ejemplo, es sólo una de ellas, como aparece en el texto que aprendimos. Puede ser la Tefilá, la plegaria, el rezo, puede ser la Tzedaká, el respeto a los padres o el Estudio de la Torá.

Hemos aprendido en diversas instancias que nuestra identidad judía se expresa en forma paulatina en distintas dimensiones de tiempo. Una vez por año en las grandes festividades, una vez por mes con el Rosh Jodesh, una vez por semana con el Shabbat y todos los días con aquellas costumbres que no requieren un tiempo determinado o que requieren que estemos pendientes de ellas en forma constante…

Como en el amor…

Podemos expresarlo de vez en cuando o en forma constante. Podemos hacer grandes planes para nuestras fechas de aniversario, con cenas, con parafernalia, con o sin Zoom…Pero si no invertimos en el día a día, a la larga se va desgastando.

Lo mismo sucede con nuestra tradición y nuestras festividades. Podemos hacer grandes planes para Pesaj, para la fecha tan especial, con cenas, con parafernalia, con o sin Zoom, pero si no invertimos en nuestra valiosa y milenaria tradición día a día, nos iremos desgastando.

Que la fiesta de la primavera, Pesaj, nos traiga la renovación, el florecimiento y los aires de amor que vienen con esta temporada.

 

Moadim LeSimjá

Shabbat Shalom.