Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL

¿Hay alguna receta judía para la felicidad?

¿Existe algo así como el camino judío para llegar a la felicidad?
Probablemente, el sentirse feliz no sea el resultado del proceso, sino quizás el proceso en si mismo.
Es muy posible que la felicidad no llegue a nosotros como resultado de la compra de un producto determinado, de las vacaciones en un lugar muy exclusivo o de un aumento de sueldo. Es más, hay personas que tienen sueldos altísimos, juntan objetos y aparatos de lo más actualizado y moderno, cenan en restoranes muy caros, y aun así no logran sentirse de verdad contentos y felices. Lo mismo al revés, hay quienes son “felices con lo que tienen” (Avot 4:1), y no son precisamente ricos, sin embargo son totalmente felices.

Parashat Ree nos invita a pensar que quizás la felicidad no dependa de un factor externo, y menos aun si ese factor es algo material. No estamos acá intentando vender “La Guía para la Felicidad”, intentando decir que si quieres ser feliz, sólo debes pensar positivo y todo estará bien. La alegría y la felicidad, son conceptos complejos, y parte del problema es que estamos confundidos entre la alegría o la felicidad, además de la euforia y otras sensaciones. Por otro lado tendemos a pensar que todo el tiempo tenemos que estar contentos, reírnos, pasarlo bien, disfrutar de la vida y que todo momento en el que no hacemos esas cosas, es un tiempo perdido. No hay ninguna mitzvá que nos obligue a e estar contentos y felices todo el tiempo, es más. Hay momentos en el calendario judío, en el ciclo anual hebreo, en el que debemos sentir el dolor y llorarlo, como por ejemplo el 9 de Av.

Aunque hay también momentos en el que sí se nos ordena, puntualmente, ser felices, no solos sino en conjunto.

Vivimos en un mundo que busca respuestas inmediatas, todo lo que no sucede aquí y ahora, nos parece poco importante. Sobretodo en las generaciones más jóvenes, todo lo que no sucede de forma instantánea, no es relevante. Quizás por esto es que hay personas que buscan remedios rápidos para la felicidad. Por supuesto que a veces esto depende de factores psicológicos o incluso sociales, que están fuera del alcance de aquella persona que busca simplemente ser feliz.

Por ejemplo, hay estudios que buscan demostrar la estrecha relación que existe en sociedades que tienen altos índices de depresión y que en paralelo poseen altos porcentajes de obesidad, consumo excesivo de alcohol u otras drogas. Por ejemplo, en Chile casi el 20% de la población sufre de depresión o presenta síntomas de la misma. Al mismo tiempo, Chile tiene uno de los índices más altos de consumo de alcohol en América Latina. Como si fuera poco, una parte importante de la población padece de obesidad, según algunos cerca de un 35%.

De ser así… ¿Cuánto puede durar la felicidad que te produce comer, o cuánto dura el disfrute después de haber bebido algo, o de haber comprado aquello que buscabas? ¿Algunos minutos?, en el mejor de los casos algunos días, ¿O semanas? Nunca podrá ser algo constante, porque estamos dependiendo de un factor externo, no de algo humano interno. La felicidad no depende de un evento en específico, de un logro o de un éxito determinado.

Alegrías de este tipo no requieren mayores esfuerzos, sino sólo la adquisición de un determinado producto u objeto. La alegría aquí no nos exige un cambio interno profundo, sino algo mucho más simple que se puede adquirir en cualquier lugar y en cualquier momento, no algo que podamos desarrollar a largo plazo. Porque… ¿Quién tiene tiempo para esperar a ser feliz? ¡Tiene que ser aquí y ahora!

El Rav Aharoni Berenshtein explica que “La felicidad que viene desde afuera te enciende por un momento, pero te apaga por dentro”. Esta alegría es pasiva.

Por otro lado, la Mitzvá en Parashat Reé dice:

“Y te regocijarás en tu festividad: tú, y tu hijo y tu hija, y tu sirviente y tu es sirvienta, y el Leví y el prosélito y el huérfano y la viuda que está en tus ciudades” (Devarim / Deuteronomio 16:14).

Esta alegría se construye en base a si misma y no depende de ninguna otra cosa. La alegría a la que estamos ordenados aquí es la de la festividad de Sucot, conocida en la literatura rabínica simplemente como “Jag”, “La Fiesta”. Por eso dice: “Te regocijarás en tu festividad”. Recae en ti la obligación de alegrarte en la festividad de Sucot. Una fiesta que reduce el espacio físico, la fiesta del “modo ahorro”, en donde nos vemos bajo la Sucá a la intemperie, vulnerables. Es allÍ cuando tenemos que ser felices, por eso la Torá agrega después: “Y sé, incluso así, alegre” (ibid, 15). Incluso en condiciones adversas, puedes llegar a ser feliz.

Incluso en esta fiesta, una de las Mitzvot es alegrarse para enfatizar que la alegría no vendrá de ningíun factor externo, consumista o material, sino de la profunda relación con nuestros hijos, hijas con quienes viven con nosotros, el prosélito, el huérfano y la viuda.

No sabemos con exactitud a qué tipo de alegría o felicidad se refiere el texto de la Torá, no sabemos qué sentían nuestros antepasados cuando decían que eran felices. Lo que si sabemos es que cuando la Torá habla de la “Simjá”, de la alegría, lo hace en relación a las conexiones entre seres humanos. No podemos ser verdaderamente felices solos, si es que hay a nuestro alrededor personas que no logran serlo. No es suficiente ocuparse de uno mismo, sino hay que hacerlo con los demás.

Pero ojo… Tenemos que cuidarnos, la Torá habla en singular: “Y te regocijarás”. Tú.

Cada uno y su alegría, porque así como la felicidad no depende de cosas materiales, tampoco podemos dejar que dependa de un tercero. Debemos cuidarnos de la famosa frase “Tú me haces feliz”, porque así como el otro tiene el potencial de hacerme feliz, también tiene el potencial de herirme y hacerme triste. Estamos poniendo nuestros sentimientos en manos de otro.

Decir: “Soy feliz a tu lado”, es algo distinto. En primer lugar, “Soy feliz” y luego “a tu lado”, incluso si no estás aquí conmigo, seguiré siendo feliz.

Por eso el pasuk (versículo dice): “Te regocijarás”, Tú serás feliz, también tus sirvientes y tus hijos. Cada uno será responsable por su alegría.

Estamos comenzando el mes de Elul, anunciando que en un mes comenzarán las festividades. Elevamos nuestras plegarias para que podamos regocijarnos en nuestras fiestas, entendiendo que la alegría, más que el resultado, es el proceso. Que el camino judío para la felicidad, es el camino mismo, y no el punto de llegada.

Shabbat Shalom
Jodesh Tov.