Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL
La mentira tiene patas cortas.
Así reza la famosa frase popular, el dicho “La mentira tiene patas cortas”, viene a enseñarnos la importancia de andar y caminar siempre del lado de la verdad. La verdad es como la luz, aunque sea tenue puede iluminar el más oscuro de los espacios, mientras que la mentira, oscurece…
Sin embargo a diferencia de otras prohibiciones o leyes de la Torá, cuando Parashat Mishpatim trae consigo una ley relacionada a la mentira, nos viene a enseñar algo más, la mentira no tiene horario, no tiene excusas, y se presenta en cualquier momento.
Dice la Parashá:
“De causa falsa (Devar Sheker, mentira) habrás de alejarte, ni al inocente ni al justo habrás de matar, pues no habré de eximir al culpable” (Shemot / Éxodo 23:7).
No es solamente no mentir, es también alejarse de aquello que es falso, de la mentira, de alguna manera también de lo injusto. No mentir es una cosa, pero hacerse rodear de cosas falsas, de coberturas, de pantallas… eso requiere un esfuerzo mayor. Para no mentir basta con cerrar la boca, para alejarse de lo falso, hay que salir del lugar en donde nos encontramos. Para no mentir es suficiente con no decir palabra alguna, en cambio para alejarse de la mentira hace falta tomar un rol activo con respecto a nuestra esencia como personas.
Rabi Moshé Itzjak HaDarshán, Hasid de Kelem, solía decir sobre este pasuk (versículo) que muchas veces las personas piensan que la mentira en tanto transgresión es menos grave que otras, como robar o perpetrar algún tipo de daño. Sin embargo dice, la mentira es aun peor que las anteriores: El ladrón actúa cuando pocos lo ven, y muchas veces lo hace de noche cuando no hay luz. El estafador muchas veces ataca a los solitarios, de a uno.
En cambio quien miente puede hacerlo en cualquier lugar y a cualquier hora, y a múltiples personas. Lo anterior, sin importar si hay luz o no hay luz.
La verdad arroja luz a nuestras vidas y no siempre es fácil permanecer estoicos ante la luz, puede encandilarnos sin dejarnos ver hacia dónde vamos, la luz se regula y tiene variadas intensidades. Esto no es una apología al “ocultar no es mentir”, sino que a veces la forma en la que traemos la luz de la verdad al mundo puede afectar a quienes están a nuestro alrededor.
Así, por ejemplo, el decir la verdad de forma agresiva, no la hace más válida que simplemente decirlo.
En cambio la mentira, solo trae oscuridad, como quien avanza a pasos apresurados por un túnel sin salida, en el que, tras cada paso, va dejando atrás la luz; adentrándose inexorablemente en la oscuridad.
Claro que en el caso de Parashat Mishpatim, como dijimos, no es sólo no mentir, o no traer oscuridad, sino que alejarse de ella.
Shabbat Shalom.
Con un profundo agradecimiento al Boré Olam, dedico estas palabras de Torá a la pronta recuperación de mi mujer quien ha dado a luz esta semana, y al crecimiento en un mundo de verdades de nuestro hijo, recién nacido.
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