Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL 

En la Parashá de esta semana muere Miriam, hermana de Moshé, y las circunstancias de su muerte llevan a pensar que era ella la experta en encontrar fuentes de agua en el desierto. Esto es algo que ya hemos estudiado en otras ocasiones. Sin embargo, al repasar nuevamente este pasaje a la luz de otros exégetas, podría darnos nuevas perspectivas sobre la violencia de género, en especial los femicidios, que en Israel desgraciadamente van en aumento año tras año; y que en las últimas semanas ha estado nuevamente como tema en varios lugares.

La muerte de Miriam es relatada por la Torá de la siguiente forma:

Vinieron todos los hijos de Israel, toda la asamblea, al desierto de Tsin, en el mes primero, y permaneció el pueblo en Kadésh; murió allí Miriám y fue sepultada allí. Empero no había agua para la asamblea; y ellos se congregaron contra Moshéh y contra Aharón. (Bemidbar / Números 20:1-2).

De la cercanía entre ambos versículos el tratado de Taanit (9a) dice que fue gracias a Miriam que el pueblo tuvo agua los 40 años en el desierto. De allí mismo obtendrá su comentario al sabio RaSHI.

A decir verdad no sabemos mucho sobre Miriam, no sabemos tanto sobre su vida o su nacimiento como si sabemos de Moshé y Aharón. Si sabemos sobre su muerte, y sobre lo que hubo después de su muerte. Los comentarios que aquí vimos demuestra justamente eso, sin embargo al mirar otros comentarios podemos obtener otro entendimiento.

Rabi Shelomó Efraim Luntshitz, Rabino de Praga en el Siglo XVII, en su comentario a la Torá Keli Yakar, dice que la razón por la que el pueblo no encontraba agua después de la muerte de Miriam, no es sólo por su muerte, sino que es porque no la respetaron ni la honraron en su muerte ni de rindieron honores como si se hizo con Moshé y Aharón. Dice que no la despidieron como corresponde, y que por lo tanto recibieron a modo de castigo la falta de agua, para que supieran la falta que les hacía Miriam.

Como no la honraron en su muerte, descubrieron su importancia a posteriori, no pudiendo encontrar el agua.

Cabe entonces preguntarse, cómo podrían haberla despedido de mejor forma si apenas la conocían. ¿Cómo podían llorar la muerte de una mujer que casi no conocieron? ¿Qué hubiesen dicho en su funeral, sobre qué hubiesen hablado?

Si no se preocuparon de ella durante su vida, ¿por qué lloran su muerte?

Y así sucede también en nuestros días. Si no nos preocupamos en detener la violencia contra cientos de mujeres que constantemente son asesinadas, con qué cara lloramos entonces sus muertes?

Una intervención urbana hace algunos días en Israel se pegaron cientos de avisos de defunción (como suele ser común en Israel ante el fallecimiento de alguien), sólo que en esos avisos no figuraban parientes o el nombre de la persona del barrio que falleció, sino decenas de nombres de mujeres que fueron asesinadas en el último tiempo.

Al verlos no debemos sólo sentir pena y lástima por la muerte cruel de estas mujeres, sino que también por las miles de mujeres que están apunto de llegar al mismo destino, y sobre las que no sabemos nada.

Nos duele su muerte y la lloramos, pero ¿cómo podemos llorar si en su muerte si en su vida no hicimos nada?

No se trata de hacer propia una causa que no nos corresponde, sino de despertar de generar consciencia, de estar atentos, de prestar más atención. La indiferencia ante la vida de Miriam puso en riesgo la existencia del pueblo mismo y terminó con el castigo a Moshé, sin poder entrar a la tierra prometida. Siguiendo lo que nos decía el Keli Yakar, hay una secuencia de eventos:

El pueblo no presta atención a la vida de Miriam, que al morir, el pueblo no tiene como honrarla, por lo que son castigados con la falta de agua, que Miriam sabía donde encontrar. El pueblo se queja, Dios le ordena a Moshé hablarle a la piedra para que esta libere el agua, pero Moshé golpea la roca y al desobedecer al altísimo, es castigado.

Todo comienza por poner atención a veces a detalles mínimos, a veces nos da vergüenza decir algo, porque después de todo, quiénes somos nosotros para…

¿Quiénes somos? Somos socios de Dios en este mundo, y “todo aquel que salva una vida es como si salvara el mundo entero” (Sanhedrín 4:5).

La violencia nunca ha sido el camino para encontrar soluciones, sino para agrandar los problemas, más aun cuando se trata de violencia en contra de mujeres.

Estemos más atentos, generemos consciencia y detengamos este ciclo de odio y asesinatos, antes de que nos quedemos sin agua, el elemento más básico para la existencia humana.

 

Shabbat Shalom.

 

Ilustración: http://cassie-clark.com/the-art-spiritclark