Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL

¿Seguir pidiendo perdón?

Terminó el mes de Tishré y nos adentramos en el segundo mes del calendario hebreo, Marjeshván. Las festividades han quedado atrás, sin embargo nos preguntamos, ¿Podemos seguir hablando del perdón? ¿Podemos todavía aprender de las “averót” de las transgresiones entre el hombre y Dios, entre la persona y su prójimo?

En multiplicidad de visiones y filosofías que tienen cabida en lo judío, hay quienes creen que Dios castiga a la humanidad, en especial al pueblo de Israel, cuando estos no cumplen con la voluntad divina. Para ponerlo en términos enormemente simplistas: “Si llego a comer un alimento no kasher, Dios me castigará”. Este argumento en su visión aun más áspera dirá no sólo que Dios me castigará, sino que además me castigará dañando mi aparato digestivo que se impurificó al comer un alimento prohibido.

De ser cierto todo esto, ¿En qué peca una pobre judía que cuida Shabbat, cumple Mitzvot y padece de Diabetes?.

Parashat Noaj nos enseña entre otras cosas, que si hay algo que le molesta a Dios, no es sólo que no cumplamos con las leyes que nos enseñó en la sagrada Torá, sino que principalmente se molesta cuando no cumplimos con los mínimos estándares de comportamiento entre seres humanos, cuando pasamos a llevar las Mitzvot entre el hombre y su prójimo. Dios se enoja cuando pasamos a llevar al otro, cuando transgredimos para con el otro. Ya aprendimos en Parashat Bereshit, que todos fuimos creados a imagen y semejanza de Dios.

El Pirkei Avot, el casi único tratado de la Mishná que no habla de Halajá, de ley judía práctica, sino de principios éticos y morales para la construcción de una identidad personal y colectiva, se nos cuenta que todas las generaciones que transcurrieron por el mundo entre Adán, el primer hombre, y Noaj, fueron transgresores, pecadores:

“Diez generaciones desde Adam (Adán) a Noaj (Noé), para mostrarte lo calmo en la ira que es Dios, siendo que todas esas generaciones lo hacían enfadar hasta que finalmente trajo sobre ellos el diluvio” (Avot 5:2).

A pesar de que todas las generaciones lo hacían enfadar, fueron castigados solamente después de la décima generación. ¿Cómo es posible? Nuestros sabios explican que estas generaciones fueron “pecadoras”, pero que aun así se salvaron, sin embargo, la generación del diluvio fue castigada. ¿Con qué objetivo? ¿Qué cambió? Una de las respuestas la trae el Sabio Rabí Yojanán, un sabio del Talmud, que vivió en la tierra de Israel en el siglo III d.E.C:

“Enseñó Rabí Yojanán: Ven, mira y aprende la fuerza que tiene el robo, el hurto; y es que la generación del diluvio transgredieron todo lo que podían, y no recibieron sentencia alguna. Así fue hasta que comenzaron a sus manos comenzaron a robar, robándose los unos a los otros, como está relatado en la Torá: (Bereshit / Génesis 6:13) “Dijo, pues, Dios a Noé: He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia* a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra” (En el hebreo de la Torá esta expresión de “violencia” se llama JAMÁS חמס, y es generalmente asociada al tomar algo a la fuerza, siendo que se algo no nos pertenece). (Sanhedrín 108a).

Es decir que El Creador no castigó a la humanidad mientras pecaban contra él, eso es algo que Dios puede perdonar. Por eso mismo rezamos una y otra vez durante Iom Kippur “Al Jet”, “Por el error cometido frente a ti”. Sin embargo, Dios mostró su enojo trayendo el diluvio cuando vio que entre seres humanos no podrían arreglarse.

No podemos influir en Dios, al ser perfecto y completo, no podemos quitarle nada, y por lo tanto no podemos ofenderle, está más allá del bien y el mal. Por supuesto, esto no nos libera de nuestra obligación en cuanto al cumplimiento de Mitzvot. Por otro lado tenemos si la capacidad de influir y tocar la vida de otros seres humanos. Podemos apoyar y podemos herir. Herir a otros es algo que enoja enormemente a Dios, que a diferencia de nosotros, no es vulnerable.

Iom Kippur a quedado atrás y no es necesario esperar otros 11 meses para pedirle perdón al creador, junto con esto, al volver a la rutina, Parashat Noaj nos llama a ser sensibles para con el otro, y con la forma con la que nos relacionamos.

 

Shabbat Shalom.