Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL 

Los guardianes del cuerpo.

Parashat Shofetim nos enseña el valor de la justicia por la justicia en sí misma. No como un medio sino como un objetivo en sí mismo. La construcción de una sociedad justa es quizás uno de los objetivos más importantes de toda la Torá por esta razón la Torá ordena posicionar jueces y guardianes en cada ciudad, de manera que los jueces puedan dictaminar lo que está bien y lo incorrecto, y sean las fuerzas, los guardianes, quienes implementen esos dictámenes.

Así comienza la Parashá:

“Jueces y Guardianes pondrás en todos tus portales que Adonai tu Dios te dará en tus tribus, los cuales juzgarán al pueblo con justo juicio”

(Devarim / Deuteronomio 16:18)

 La consagración de la justicia se lleva a cabo por medio de un juicio justo, imparcial, incluso si este no es lo que nosotros esperábamos o no cumple con nuestras expectativas. Hay quienes dicen que esta Mitzvá de colocar jueces y oficiales es una extensión del espíritu del Beit HaMikdash (templo) por todos las diferentes ciudades, haciendo regir su espiritualidad por toda la tierra de Israel. Esto puesto que hasta ahora el Sefer Devarim se encarga principalmente de aclarar que al momento de entrar en la tierra prometida habrá un lugar central en el que se llevará a cabo el ritual nacional, lugar que Dios elegirá para dar residencia y morada a su nombre.

Pero en una época en la que ya no existe el Templo sino que vivimos bajo su inspiración y su enseñanza, es necesario seguir haciendo justicia bajo esa luz. ¿Cómo?

Los maestros jasídicos enseñan que el primer pasuk (versículo) de esta Parashá es una parábola, es una enseñanza sobre nosotros mismos. La Torá ordena instalar jueces y guardianes “en todos tus portales”, a lo que la Jasidut dice que estos son los portales del cuerpo. Los portones de nuestro cuerpo necesitan guardianes y jueces. ¿Cuáles son esos portales? Todo aquello mediante lo cual nos relacionamos con el mundo exterior: Manos, pies, boca, oídos, ojos, nariz. Todo aquello que da entrada y salida del cuerpo es un portal, un acceso que necesita de un juez y de un guardián.

Aquello que entra y sale de nuestra boca debe tener santidad. Debemos ejercer justicia sobre nuestras propias extremidades, que nuestras manos puedan acariciar y no golpear. Que las palabras que oímos por medio de nuestros oídos sean sensatas y que aquellas que expresamos por nuestra boca sean certeras y correctas. Jueces en nuestros propios portones es lo que debemos hacer en este mes de Elul cuando justamente estamos haciendo un Jeshbon Nefesh, una introspección sincera y profunda. La reflexión que hacemos se asemeja a la justicia que hacen los jueces. Pero esa justicia debe ejercerse, y no es suficiente reflexionar, sino que además hay que actuar, incluso a veces con fuerza, como hace un guardián. Fuerza no quiere decir violencia, quiere decir permanecer estoicos ante las tentaciones y las vicisitudes de la vida misma.

Jueces que distinguen entre lo correcto y lo injusto.

Guardianes que ejercen en la práctica esa justicia.

Ese ideal al que apunta la Torá, esa inspiración de un lugar central, de una llama que encendido luces por doquier, no se construye sólo desde el “klal” desde el colectivo, sino desde el particular, desde la responsabilidad personal de cada uno de nosotros.

 

Shabbat Shalom.