Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL 

Shabbat Mevarejim
Auto-liderazgo.

Esta semana Israel eligió, o quizás no tanto, a dos de sus principales líderes políticos. El futuro presidente de Israel será Itzhak Herzog. En cuanto a primer ministro el asunto es un poco más complejo, y el primero en la rotación será Naftali Bennet, sucedido por Yair Lapid.

La elección de los líderes genera mucha expectativa y con justa razón, porque el pueblo confía en ellos, intenta apostar en ellos todas las fichas. Colgamos nuestras esperanzas en quienes nos lideran para que puedan guiarnos con sabiduría tomando buenas decisiones. Pero como enseña la vieja ecuación, a mayor expectativa, mayor la decepción. Y es que no podemos hacer que todo dependa de los líderes, así lo enseña también la parashá de esta semana, Shelaj Lejá.

Un representante por cada tribu, 12 en total, son enviados a recorrer la tierra de Israel. La historia es conocida, al volver 10 de ellos mienten, el pueblo les cree, lloran y se quejan diciendo que es mejor morir en el desierto que intentar morir en el desafío casi imposible de llegar a la tierra prometida. El pueblo confiaba mucho en estos representantes, quizás confió demasiado.

Rabi Shimshon Rafael Hirsch, nos enseña que estos hombres no tenían un puesto de gran importancia por sobre el pueblo, sino que eran líderes dentro del pueblo. De todos modos, no eran personas cualquiera, así lo relata la Torá:

“Y Moshé los envió desde el desierto de Parán, conforme a la palabra de Dios; y todas aquellas personas eran príncipes de los hijos de Israel”.

(Bemidbar/Números 13:3) 

La Torá en otras ocasiones utiliza expresiones parecidas como “personas”, “varones”, o “príncipes de los miles de Israel”, sin embargo esta vez es un poco diferente. La expresión “personas” en hebreo “Anashim” indica un cierto grado de importancia. Por eso el RaSHaR Hirsch dice que en realidad eran líderes dentro del pueblo.

Am Israel los escuchó mentir, al menos a 10 de ellos y convencidos de que por ser líderes siempre dicen la verdad, les creyeron, llorando sin razón alguna, sin saber que después llorarían 40 años el haber llorado ese llanto en vano.

Si en vez de haber puesto toda la confianza en estos “líderes” hubiesen hecho las cosas en forma distinta, no habrían tenido que lamentarse vagando 40 años en el desierto. Si la Fe en El Creador, quien prometió una tierra de leche y miel, hubiese sido suficientemente certera, no hubiesen necesitado la presencia de esos “representantes”.

A fin de cuentas, cada uno de nosotros debe ser su propio líder. El liderazgo interno del pueblo no se compone sólo de caudillos, cabecillas, concejales, alcaldes o “constituyentes”, se compone de ciudadanos de a pie, que son líderes en sus familias, en sus comunidades, en sus casas. Si nuestra propia conducta no es honesta, no es leal, no podemos pedirle entonces lo mismo a los líderes que nosotros mismos elegimos. Las expectativas que tenemos de quienes nos lideran, son las expectativas que debemos tener de nosotros mismos.

Hay quienes celebraron esta semana el triunfo de Herzog y el triunfo de Lapid/Bennet, hubo quienes lloraron el fracaso de Miriam Peretz y de Netanyahu. Todas estas reacciones de alegría, de llanto, de celebración o de fracaso pasarán rápido, de aquí a algunas semanas volveremos a la rutina, “los grandes cambios” serán nuevamente postergados, y nos veremos defraudados por líderes que eran “los que el pueblo quiso”.

Es precisamente ahora en este momento de dualidad que vive la sociedad, que debemos recordar que somos nosotros nuestros propios guías, que debemos ejercer un profundo auto-liderazgo, antes de pedirles a otros o esperar que otros nos lideren.

Parashat Shelaj Lejá nos enseña que para ser “Anashim” para ser personas, debemos saber controlarnos, liderarnos y medirnos a nosotros como medimos a nuestros líderes.

Shabbat Shalom