Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL 

Shabbat Hazón
El derecho a cambiar.

Estamos comenzando el último de los cinco libros de la Torá. Sefer Devarim, el Deuteronomio. En el encontraremos textos que se repiten, que ya aparecieron en otros lugares en la Torá, como los diez mandamientos, el episodio de los espías y otros relatos, pero esta vez en una versión un poco diferente. Este libro, el quinto, es un gran discurso del profeta Moshé, Moisés, quien nos enseña que podemos y que tenemos el derecho a cambiar.

Lo que antes pensábamos de la vida no es lo que pensamos hoy, lo que ayer opinábamos sobre un determinado tema no es lo que opinamos hoy. La vida nos brinda experiencias que influyen en nosotros y nos hacen cambiar, de opinión, nos hacen cambiar de costumbre, nos superamos a nosotros mismos. Somos un cúmulo de experiencias que nos han ido forjando y dando forma, por eso tenemos el derecho a cambiar. Claro está hay gente que hace cambios de opinión de forma constante, no por haber pasado por experiencias significativas, sin por que les conviene. Aun así, Parashat Devarim nos da una perspectiva de cambio.

Eso lo aprendemos justamente de Moshé.

Al comenzar este libro, Moshé se dirige a la congregación de Israel. Así abre el Sefer Devarim:

Estas son las palabras que habló Moshé a todo Israel a este lado del Yadrdén en el desierto, en la Aravá frente al Mar Rojo, entre Parán, Tofel, Laván, Hazerot y Dizahab. (Devarim / Deuteronomio 1:1)

¿Qué tiene que ver el comienzo del libro de Deuteronomio con el cambio de Moshé? Si recuerdan bien en las primeras apariciones del profeta en el libro de Shemot (Éxodo) el se presenta a si mismo como una persona con dificultades para hablar. La vida de Moshé se vio marcada fuertemente por su problema del habla. Al comienzo de su vida como líder tiende a rechazar el cargo, puesto que no cumple con los requerimientos oratorios para el mismo. En el medio de la travesía por el desierto Moshé es castigado justamente por no-hablar. Dios le ordena a Moshé hablarle a una roca para extraer de ella agua a lo que Moshé reacciona golpeándola en vez de hablarle. Si hubiese hablado, si hubiese extraído de su boca palabras, hubiese logrado extraer agua de la roca de forma pacífica y no a golpes. Su incapacidad o temor a hablar lo llevó a ser castigado sin poder entrar a la tierra de Israel.

Sin embargo el epílogo de la Torá abre con las palabras que habló Moshé, el gran líder consagra su posición a través del significativo cambio que ha realizado. Moshé comienza este libro, Devarim, justamente con Devarim, Palabras. En hebreo este libro empieza diciendo: “Ele HaDevarim Asher Dibér Moshé”.

Es tan increíble el cambio que llama la atención que el vocablo “devarim” ya aparece antes en la historia personal de Moshé, cuando reaccionando ante el pedido de Dios para que conduzca al pueblo Moshé le dice:

“Entonces dijo Moshé a Dios: !!Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua”. (Shemot Éxodo 4:10)

De reconocer que no es “un hombre fácil de palabra”, a ser quien “habla palabras a todo Israel”. Ese es un cambio profundo, sincero, un Tikkún, una auténtica superación y corrección. Hoy es difícil atreverse a hacer cambios… lo que pensamos sobre ciertos temas quizás lo escribimos hace algunos años en un post, y hoy 5, 6 o 12 años después alguien nos lo saca a colación diciendo: “Antes no opinabas lo mismo”. Bueno, en cierto sentido antes no éramos la persona que somos hoy. Esto ocurre en forma sistemática cuando queremos invalidar la opinión de otro, sin embargo, Parashat Devarim, Shabbat Hazón, el último antes de Tishá BeAv, nos enseña que los cambios no invalidan, sino reafirman, nos hacen madurar y son parte esencial de la vida.

Shabbat Shalom