Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL
Cuando lo mínimo sostiene lo máximo.
Si Moshé Rabenu, hubiese querido inaugurar el Mishkán (Tabernáculo) y hacerlo funcionar en estos días… Simplemente no hubiese podido. Hubiese transgredido la orden que prohibe la aglomeración de personas, la distancia mínima de dos metros entre una persona y otra, además de una que otra recomendación de higiene que no se hubiese cumplido.
Y es que en la Parashá de esta semana, Tzav leemos la orden que recibe Moshé por parte de Dios de reunir a toda la congregación de Israel a la entrada del Ohel Moed, la tienda de Reunión.
“Le habló Dios a Moshé Diciendo […]
Y a toda la congregación, reúne a la entrada de la Tienda de Reunión. Fue así como hizo Moshé, tal cual le fuera ordenado por Dios y se reunió toda la congregación a la entrada de la Tienda de Reunión” (Vaikrá/Levítico 8:1-4).
¿Cómo es posible que toda la congregación de Israel se haya reunido en un lugar tan pequeño? El hacinamiento hubiese causado estragos, ni hablar en los días del corona. Casi por milagro, dice el Midrash, pudo ocurrir semejante aglomeración de personas en un espacio tan reducido.
“Dijo Rabi Elazar: Todo Israel son más de 600.000 personas, y ¿me dices que estuvieron a la entrada de la Tienda de Reunión? Este no es sino otro de los casos en que lo mínimo sostuvo a lo máximo” (Vaikra Raba 10:1).
La antigua interpretación que trae el Midrash se preguntaba ya hace cientos de años, ¿Cómo puede ser que en un lugar tan pequeño, puedan entrar tantas personas?. La respuesta es que este milagro no sólo sucedió aquí en esta Parashá sino en otros eventos de la Torá. Y es que el Midrash reconoce que a veces un mínimo sostiene a un máximo.
Lo mismo sucede en estos días. Nuestro hogar a veces se queda chico, no en términos de espacio. Un hogar no sólo se mide en metros cuadrados. Nuestras casas de pronto pasaron a ser nuestras oficinas, nuestras sinagogas, colegios, escuelas, jardines infantiles, restaurantes, clubes, canchas de deporte… todo dentro de las paredes de la casa. Nosotros pasamos a cumplir todas las funciones y a tener diversos roles de una sola vez. Un mínimo de espacio un mínimo de instancia hogareña sostiene un máximo de posibilidades. Un fenómeno similar se da en los lugares de trabajo. En Israel se estima que en los próximos días funcionarán sólo un 15% de los lugares de trabajo. Un mínimo de trabajadores sostiene la economía de un país que se va desmoronando de a poco.
También ocurre algo parecido con los hospitales. Los equipos médicos, doctoras, enfermeros, un personal médico reducido sostiene un sistema de salud completo, que se ve amenazado por esta pandemia que azota a la humanidad. Un puñado de valientes, se hace cargo de una enormidad de pacientes.
Pero en la historia de Am Israel se repite el fenómeno de los pocos contra los muchos, de un mínimo que sostiene un máximo. De los pocos Macabeos que triunfaron en la lucha contra los griegos. De unos pioneros que en 1948 pudieron crear un estado contra toda posibilidad. De un judío valiente como Mordejai y su sobrina Ester que salvaron a un pueblo de la maldad de Hamán. De unos pocos rebeldes del Ghetto de Varsovia que sumidos en la hambruna resistieron durante largas semanas contra el ejército Nazi. No es la primera vez que enfrentamos un desafío de esta calaña.
La diferencia es que ahora el desafío no es particular judío, sino universal del género humano. Es momento de aunar fuerzas, no de separarse.
Ya vendrán días mejores, en los que los médicos tendrán su descanso, en los que nuestros hogares volverán a cumplir su función primaria de hogar, dejando la multiplicidad de roles que cumplen en estos días. Volveremos a llenar los cafés, los bares, las sinagogas, las comunidad, los estadios de fútbol.
El mismo Midrash que vimos, nos da un mensaje de esperanza, citando las palabras del profeta:
“En aquel tiempo llamarán a Jerusalén: Trono de Dios, y todas las naciones vendrán a ella en el nombre de Dios en Jerusalén” (Irmiahu/Jeremías 3:17).
Ya vendrán tiempos en que podremos estar todos reunidos, en un máximo que sostiene a un máximo.
Shabbat Shalom.
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