Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL 

Misión, ¿Cumplida?

Israel en unos días será una de los primeros, o quizás el único país en el que el uso de mascarillas ya no será obligatorio en espacios cerrados. Ya se escuchan algunas voces que dicen: “Le ganamos al Corona”, “Es cosa del pasado”.

¿Es realmente así?, es difícil saberlo, es temprano aun para hablar de éxitos cuando la pandemia sigue vive y activa en casi todas las latitudes del mundo. Con alrededor de 6500 muertos en un país tan chico, con un solo aeropuerto, hablar de “ganarle al corona” es un poco irresponsable por no decir absurdo, pero por otro lado no se pueden negar los tremendos avances de Israel en el manejo de la vacunación y la inminente vuelta a la normalidad. Sin embargo, no podemos dejar llevarnos por la ilusión de que alcanzamos la meta, no podemos decir que la misión está cumplida, cuando el virus sigue aniquilando a miles de seres humanos por día. Bien sabemos que las cosas podrían darse vuelta y cambiar en cosa de segundos; un contacto con una nueva variante podría tirar por la borda todos los esfuerzos que se han hecho.

El creer que ya hemos alcanzado la meta y hemos cumplido con los objetivos, es una ilusión peligrosa que puede llevar consigo enormes desastres. Qué triste es ver a alguien que cree que por hacer dos o tres movimientos, ya ha conseguido lo que quería y por ende le corresponden tales o cuales cosas. Esa ilusión es muy común, y es la que llevó a Koraj, uno de los protagonistas de la Parashá de esta semana, a creer cosas que no eran.

La historia es conocida, Koraj, miembro de la propia tribu de Moshé y Aharón, pide que haya un recambio en el liderazgo, exige que se le de una parte en la conducción del pueblo de Israel. Entre sus argumentos, Koraj reclama:

“Y se juntaron contra Moshé y Aharón y les dijeron: !Basta ya de vosotros! Porque toda la congregación, todos ellos son santos, y en medio de ellos está Dios; ¿por qué, pues, os levantáis vosotros sobre la congregación de Dios?
(Bemidbar / Números, 16:3)

La exigencia, la demanda de Koraj es clara, dice que todos son santos y que por lo tanto les corresponde también a él y a su gente ser parte del liderazgo. En efecto, podríamos pensar que toda la congregación de Israel es sagrada, que cada uno de sus miembros es santo, es una situación de equidad total en la que todos tienen cabida. Es más, el libro de Vaikrá (Levítico) contiene entre sus parashot, Parashat Kedoshim, que en sus primeras líneas dice:

“Habló Dios a Moshé, diciendo: Habla a toda la congregación de los hijos de Israel, y diles: Santos seréis, porque santo soy yo Adonai vuestro Dios”.
(Vaikrá / Levítico 19:1-2).

Si bien la Torá ya nos habla de la santidad de toda la congregación, Parashat Kedoshim lo que plantea es una equidad santa en un futuro. Habla de una orden, un mandamiento, una expectativa que debe ser cumplida, Santos seréis – Kedoshim Tihiú, seremos santos en el futuro, conforme hagamos lo que se nos pide. Seremos santos más adelante, no sabemos cuando, la meta y el objetivo están allí delante de nuestros ojos. Parashat Koraj lo que plantea es que esa equidad ya existe, la misión ya está cumplida a ojos del rebelde Koraj. Toda la congregación, todos ellos son santos – Kol HaEdá, Kulám Kedoshim. Pero la realidad es otra, la santidad debe ser vista como una utopía, no como una realidad cotidiana al servicio de las ambiciones de algunos. La Kedushá – santidad es un ejercicio constante, es una meta que vuelve a fijarse día tras día, un objetivo que está constantemente ante nuestros ojos. Koraj no sólo pecó de ambicioso al querer desplazar a Moshé, simplemente porque querer figurar, sino que su error está en creer que la meta ya había sido cumplida, que podía relajarse y dejar de esforzarse en alcanzar la santidad. Lo que leímos hace algunos meses en Parashat Kedoshim no es un mandato tangible que responda a mediciones exactas, es un anhelo una meta más allá de lo visible para que nos sirva de guía, la santidad no está garantizada, al menos mientras uno no se esfuerce. Debemos desconfiar de quien quiera se auto-proclame santo o sagrado, pues nada puede estar más lejos de la santidad que el orgullo en exceso.

Es ahora más que nunca, en cruce en el que se encuentra la sociedad Israelí, que debemos tomarnos las cosas con calma. Seguir cuidándonos unos a otros, seguir protegiéndonos, no pensar que ganamos la guerra, cuando a lo sumo dimos una buena pelea en esta parte de la batalla. Lo mismo a nivel político, ambos sectores no deben dar por finalizada la tarea, ni la oposición actual ni la que está por venir, ni la coalición actual ni aquella que aparentemente asumirá en algunos días. Lo que le sucedió a Koraj, es muy humano y muy común y nos puede suceder a nosotros también. Debemos evaluar nuestras metas, nuestros objetivos, debemos evaluar nuestra santidad y elevarla nuevamente para llegar a la cima y seguir subiendo.

Shabbat Shalom