Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL

Cuando “todo” parece no ser “todo”.

¿Alguna vez nos será suficiente? ¿Cuándo podremos sentir que, ya está que nos va bien, que no seguiremos buscando la felicidad? ¿Cuándo nos diremos a nosotros mismos que tenemos todo lo que tenemos y de ahora en más, vamos a parar? ¿Podemos verdaderamente detenernos?Pareciera ser que no.

Hay quienes dicen que la felicidad no es un objetivo, sino una forma de vivir la vida, una situación constante de bienestar, y por eso, al parecer no podemos parar de buscar mantener esa estabilidad. De ser así, ¿cómo se sigue adelante?.

Parte de la respuesta la encontraremos en la Parashá de esta semana. Avraham, incluso después de la muerte de su mujer se encuentra en una situación de bienestar, sano, íntegro, así nos cuenta la Torá:

“Avraham era anciano, entrado en años y Adonai había bendecido a Avraham en todo” (Bereshit / Génesis 24:1)-

Inmediatamente después, al versículo siguiente, Avraham sale en pos de un nuevo desafío: Encontrar una mujer para su hijo, Itzjak. De ser así, hay aquí un problema de lógica. Dios bendijo a Avraham en todo, sin embargo, Avraham sale en búsqueda de algo que aparentemente no tiene, una mujer para su hijo. Entonces, ¿Tenía todo, o no?

 

Muchos exégetas y comentaristas dicen que en realidad la bendición que recibió el patriarca, EN TODO, es su propio hijo, Itzjak. En hebreo leemos que Avraham fue bendecido בכל, BaKol, literalmente en todo. Ahora, la Guematria (la suma de los valores numéricos de las letras) de la palabra BaKol, es 52, el mismo valor que la palabra Ben בן, hijo. Es decir que ese “todo” que Avraham recibió fue su hijo. Sin embargo, el texto nos invita a mirar más allá de este simpático cálculo matemático.

El capítulo que aquí se abre, es extenso y cuenta la sucesión de hechos que llevaron finalmente a la unión entre Itzhak y Rivká. Avraham le pide a su sirviente ir a su tierra de origen a buscar una mujer para su hijo, y que no sea de ningún otro lugar, ni mucho menos que se le ocurra llevar a su hijo Itzjak hasta allí, sino que traiga consigo a la mujer. El perek (capítulo) finaliza con la conexión entre el segundo de los patriarcas, y la segunda de las matriarcas, a la par de contarnos la Torá que Itzjak encontró finalmente consuelo ante la muerte de su madre:

“Relató el servidor a Itzjak, todas las cosas que él había hecho. Itzjak la condujo hasta la tienda de Saráh – su madre. Desposó a Rivkáh y ella fue esposa para él. Y él la amó y así se reconfortó Itshak, después del deceso de su madre” (Ibid. 66–67).

La historia no se cerró hasta que la misión fue completada, hasta que el objetivo fue alcanzado. Itzjak encontró una mujer, o mejor dicho, le encontraron una. Sólo una vez que esto sucedió el capítulo se da por terminado, el mismo capítulo que comienza diciendo que Avraham fue bendecido en todo. Y esta totalidad, este todo, no era solo que Avraham estuviera bien, sano, tranquilo e íntegro, sino que también su hijo gozara de bienestar. Este bondadoso acto de generosidad, es parte de la respuesta a la pregunta: ¿Cuándo nos detendremos?.

No podemos verdaderamente dejar de buscar el bienestar, el bien, podemos sin embargo, agrandar el círculo, ampliar los horizontes y ayudar a otros.

Esto es algo diferente a decir: “Yo estoy bien cuando tú estás bien”.

¡No!

El caso aquí es distinto: “Yo estoy bien, quiero que tú también lo estés”.

Cuando la Torá dice que Dios bendijo a Avraham en todo significa que reside en nosotros el potencial de poder hacer todo, incluso no teniendo todo. No podemos hacer mil cosas a la vez, hay un orden de prioridades, hay obstáculos en el camino, aun así abiertos ante nosotros están los caminos “del todo”. Cuando decidimos ir por uno de estos caminos, lo elegimos. Naturalmente, las demás posibilidades se cierran… Sin embargo, tuvimos la posibilidad de elegir dentro de un todo, y ese quizás sea el significado de la expresión.

 

Shabbat Shalom.