Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL 

Shabbat HaJodesh.

Al terminar la lectura del libro de Shemot, cerramos con dos Parashot, Vayakhel y Pekudé. La construcción del Mishkán (tabernáculo) se da por concluida y las últimas secciones del libro de Shemot se dedican a resumir la labor realizada por el pueblo, sus donaciones, sus contribuciones y la forma en la que generosamente se dedicaron a esa tarea.

Antes de dar comienzo a este cierra, el comienzo de Parashat Vayakhel nos recuerda una de las Mitzvot centrales del pueblo de Israel, el respeto del Shabbat:

“No encenderéis fuego en ninguna de vuestras moradas en el día de Shabbat” (Shemot / Éxodo 35:3).

Las 39 prohibiciones centrales de Shabbat están todas relacionadas con las diferentes tareas que se realizaban para confeccionar y armar el Mishkán. Sin embargo en este caso la prohibición del encendido de fuego se presenta en forma separada. La prohibición de encender fuego sea quizás la principal de todas las Melajot (tareas) prohibidas en Shabbat.

Más allá de limitarnos en la manipulación de este antiguo elemento, muchos de los sabios de Israel han relacionado el fuego con sensaciones internas como el enojo o la ira.

Rabi Itzhak Arama, conocido como el “Baal HaAkedá” que vivió en España en los tiempos de la inquisición, solía decir sobre el versículo en cuestión que muchas de nuestras discusiones comienzan en Shabbat. Al tener más tiempo libre, por no tener que trabajar, es mucho más fácil dedicarse a conversar y a la larga derivar en discusiones y riñas. Por eso él decía que el no encender el fuego en el día de Shabbat se refería a evitar encender el fuego de una discusión en Shabbat.

El último año, al pasar más tiempo en nuestras casas, muchas veces encendimos un fuego de discusión, de riña o de pelea innecesariamente. No sólo en Shabbat, sino que en otros días de la semana. Al no tener ninguna certeza de lo que pueda suceder a futuro, el permanecer por períodos prolongados en la casa, en conjunto con otras personas, cuando no estamos acostumbrados a ellos, hace que todos nos volvamos más sensibles. Con facilidad se puede encender un fuego que no queríamos que se encendiera.

Quizás la forma de prevenir estos fuegos de ira y enojo tan peligrosos, sea justamente siguiendo las enseñanzas de la construcción del Mishkán. Pausadamente, yendo paso a paso, sabiendo que cada uno tiene un rol, cada cosa tiene su lugar dentro del espacio sagrado que es la casa. No intentar tomar los roles de otro, no intentar tomar el lugar de otro. Así como el Mishkán, el tabernáculo se construyó con ayuda de todas las partes del pueblo de Israel, así también debemos comprender que nuestros hogares se construyen con el apoyo y la entrega de todos.

Ad portas de comenzar el mes de la Gueulá, de la redención, el mes de Nisán en el que celebraremos la fiesta de Pesaj, que podamos volver a unirnos como en los tiempos del éxodo, unidos por una gran causa, por un fuego que apasiona a quien ama lo que hace, y no un fuego de odio, ira, rabia o enojo.

 

Shabbat Shalom