Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL

 

La ceguera de la verdad

Chile arde, en todos lados. Chile duele, por todos lados. Chile sangra… por todos lados.
¿Hay alguien que tenga la verdad en todo esto? No!

 Y ese ese uno de los principales errores en casi todos los diálogos que rodean un conflicto social, creerse dueño de la verdad. Creer que todos tienen que opinar como yo opino… porque…

“¿Acaso de no se dan cuenta del lío que están generando y del vandalismo?”… o bien… “¿Es que que acaso no ven la represión, y la desigualdad?”.

Un conflicto de estas características nunca tendrá salida mientras insistamos en ver las cosas en blanco y negro. A diferencia de lo que pasó en Chile hace décadas, hoy las protestas las vemos en colores, pero el pensamiento quedó congelado en el “Si” y el “No”, entre “fachos” y “comunachos”. Un nuevo comienzo del ciclo de lectura de la Torá nos puede ayudar a arrojar un poco de luz y color sobra esta oscuridad en blanco y negro.

Ninguno de los dos tiene la verdad, pero ambos tienen razón.

Sorprendentemente, hay dos relatos paralelos de la creación del mundo. Ni si quiera la Torá se puso de acuerdo consigo misma para relatar el origen del mundo, del universo. Ambos relatos están allí al comienzo de Bereshit (Génesis). El primer capítulo de la Torá, relata en forma detallada cada uno de los siete días de la creación. El segundo perek (capítulo) de Bereshit, hace hincapié en la formación y creación del hombre. Son dos relatos paralelos, no opuestos, sino complementarios. Ninguno de los dos tiene la verdad, pero ambos tienen razón.

Los estudios críticos del TaNaJ (Biblia), en especial la Teoría Documentaria que habla de los diversos orígenes del texto bíblico, opina que la diferencia entre ambos relatos obedece a dos fuentes distintas, dos escuelas de pensamiento. Los parshanim (exégetas clásicos) opinan distinto, dicen que lo que no fue establecido en un capítulo, fue comentado en el otro. Como sea, hay dos relatos de un mismo hecho, nadie discute el hecho en si mismo, sino que el asunto está en la diferencia de opinión. Ninguno de los dos tiene la verdad, pero ambos tienen razón.

El capítulo uno de Bereshit empieza por hacer orden, quiere ver las cosas planificadas, al detalle. El segundo capítulo comienza viendo lo que no hay, diciendo que el hombre apareció cuando aun no había nada. La Torá comienza con un relato dual, estableciendo un paradigma en el que dos partes pueden tener opiniones distintas y tener razón, ambas, al mismo tiempo.

Para unos Chile despertó, para otros sigue sumido en un letargo. Para algunos la violencia es justificada pues el pueblo se siente violentado por la desigualdad. Para otros la violencia es el último de los caminos a tomar y es injustificable. Para algunos la violencia es entendible, pero no justificable. Ninguno tiene la verdad, pero todos tienen razón.

El escritor Israelí Micha Goodman, en su libro “Trampa 67”, analiza los principales argumentos en los que se divide la sociedad Israelí en torno al conflicto con los árabes. En uno de sus capítulos el autor explica que si bien no hay una solución concreta al conflicto, o por lo menos no una que se de de forma inmediata, sí se puede lograr apalear parte de los síntomas del conflicto mismo. Si algo nos ha enseñado el conflicto de medio oriente a quienes vivimos en esta zona, es que la realidad es bastante más compleja que dos opiniones opuestas.

De la misma manera, podemos decir que será difícil encontrar una solución inmediata al problema social y a las discusiones que hoy en Chile se hacen más latentes, sin embargo podemos encontrar espacios de diálogo que puedan apalear la sensación de polarización.

Al comenzar nuevamente un ciclo de lectura de la Torá, el mismo texto nos plantea una dualidad, una multiplicidad de visiones que conviven en armonía y que nos generan una sensación dicotómica a nosotros como lectores. Que sea esta misma Parashá la que nos haga despertar para comprender que nadie es el dueño de la verdad absoluta, sin embargo… Todos tenemos razón.

Siéntase libre como lector o lectora, de estar en profundo desacuerdo con lo que he expuesto, después de todo, usted y yo tenemos razón, y ninguno de los dos tiene la verdad.

 

Shabbat Shalom,

Viva Chile!