Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL
Todas las voces son válidas en el Shofar.
Cuando la persona que toca el Shofar – Baal HaTekiá o Tokéa – hace sonar el Shofar debe pronunciar una bendición. “Asher Kideshanu beMitzvotav veTzivanu, lishmoa kol Shofar”. Bendito sea quien nos santificó con sus preceptos y nos ordenó escuchar el sonido del Shofar.
Y es interesante, puesto que en realidad quien toca el Shofar emite el sonido, pero está también obligado a escucharlo, ya que la Mitzvá es escuchar la voz del Shofar y no emitirla. A veces en la vida debemos escuchar más y hablar menos, oír más y vociferar menos.
Una comunidad, una congregación y una sociedad se construyen por medio de voces diferentes, en donde hay líderes que ayudan a que esas voces sean escuchadas, en donde hay personas que lideran… como quien Toca el Shofar. Siendo conscientes de que pueden liderar y conducir, pero aun así siguen estando obligados a escuchar la voz de los demás, en paralelo debe escuchar el sonido que él mismo emite, el sonido que el saca afuera. Un liderazgo consciente es aquél que se escucha a si mismo, no como un acto de egolatría, sino como un acto de introspección.
La principal Mitzvá de Rosh HaShaná es escuchar al Shofar con sus diferentes sonidos. Y es eso justamente lo que nos puede enseñar a crear un ambiente de solidaridad y pluralismo, de respeto y de escucha mutua. El líder debe permitir que todas las voces sean escuchadas, combinarlas y luego darlas a conocer.
Son tres los sonidos del Shofar.
Tekiá, un sonido plano, unificado.
Shevarim, tres sonidos ‘quebrados’.
Teruá, varios sonidos cortos.
Nuestros sabios establecieron algunas normas para estos sonidos, como por ejemplo, que cada uno de ellos debe tener la misma duración. Los sonidos son iguales son equitativos, son equivalentes. Ni uno puede ser más largo que el otro. Y no sólo eso, sino que deben combinarse entre ellos, Tekia Shevarim Tekiá, Tekiá Teruá Tekiá, o Tekiá, Shevarim-Teruá Tekiá. Todas las posibilidades juntas. Tekiá es el sonido predominante. Un sonido unificado, claro y conciso.
Así sucede a veces que debemos escuchar un sonido de Tekiá, claro y firme. Hay quienes traen la voz de Shevarim, que va y viene, que sube y baja. Y hay quienes portan la voz de Teruá, una voz que llama la atención, poderosa y alarmante.
Y para cumplir con la Mitzvá, todas deben ser oídas, no puede faltar ni una sola. Sin embargo, Tekiá es la que predomina. ¿Por qué? Porque es la unificada. Debemos siempre partir de la premisa que somos uno, que debemos permanecer unidos, luego adentrarnos en el debate, dividirnos en Shevarim y en Teruot, y luego volver a unificarnos produciendo la Tekiá.
Una comunidad se construye por medio de todas las voces, las más fuertes y las más débiles. Las más agudas y las más graves. Y lo interesante es que el Talmud (Rosh HaShana 27b) enseña en nombre de Raban Shimon ben Gamliel que “Todos los sonidos son válidos en el Shofar”.
No importa si el sonido fue largo o corto, agudo o grave, mientras se haya escuchado, es válido. Una voz que no se escucha, no.
Pero lo importante es que la Mitzvá del Shofar se compone de todas las voces y si falta una, la Mitzvá no puede ser cumplida.
Qué maravilloso mensaje nos entrega la tradición al comenzar el año. Una fiesta en la que debemos escuchar, recibir, prestar atención, antes de hablar, vociferar y sacar afuera. Una festividad en la que se nos insta a escuchar todas las voces y darle validez todos los sonidos.
Que podamos comenzar el año con un coro de voces, con una armonía que nos permita seguir avanzando a lo largo de este 5781, escuchando y haciendo escuchar todas las voces.
Shabbat Shalom,
Shaná Tová.
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