Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL 

Amar sin motivos.

“Te amo porque…”

“Por eso soy tu pareja, por eso estoy contigo, porque…”

¿Hacen falta razones para amar a quien amamos? ¿Y si esa razón desaparece? o ¿Qué pasaría si otra persona me diera esa misma razón, amaría entonces enloquecidamente a esa otra persona?

El amor es un músculo que debemos ejercitar constantemente, no sólo en la pareja, sino en la relaciones familiares, laborales y sociales. Más que un sentimiento pasajero, el amor debe ser tratado con constancia, y dedicación, no dejándolo a la deriva de factores que puedan cambiar con el tiempo y teniendo siempre en cuenta que lo que hoy es fuente de calma, mañana puede ser el origen de la más profunda ira, y viceversa.

Las Parashot del libro de Bereshit (Génesis) quizás no sean el mejor ejemplo de lo que es la vida en pareja o las relaciones familiares, pero eso es según quien lo mire y según quien juzgue. Seguramente no sean estos los textos que inspiren a un libretista de novelas románticas de Hollywood, pero sí son historias que se ajustan más a la realidad, al menos en lo que a relaciones humanas se refiere, odios, rencores, desencuentros, violencia, traiciones, pero también mucha entrega, cariño, dedicación, paciencia y esfuerzo. La Parashá de esta semana, Toledot, habla de un tipo de amor que vuelve a romper los cánones de las “familias perfectas”.

Rivká e Itzjak traen al mundo a dos hermanos, gemelos, Esav y Yaakov. La Torá es bastante escueta con respecto a la relación de este cuarteto familiar, no sabemos mucho de la relación entre los hermanos, sino a posteriori. La historia de la primogenitura que fue vendida por un “plato de lentejas” es conocida, junto con esto la Torá deja entrever que quizás el origen de la riña entre hermanos, antecede a la transacción de un guiso por una bendición.

Como bien dijimos, la Torá no cuenta mucho acerca de la vida de ambos hermanos, pero si se nos cuenta brevemente acerca de la relación de ambos con sus padres. Después de las noticias sobre su embarazo de mellizos, Rivka da a luz y los años de niñez y adolescencia son apenas relatados en dos líneas.

“Salió entonces el primero, pelirrojo, todo velludo como una pelliza, y le pusieron por nombre Esav. Después salió su hermano, con su mano agarrada al talón (akev en hebreo), y le pusieron por nombre Yaakov. En ese entonces Itzjak, cuando ella dio a luz, tenía 60 años.

Crecieron así los jóvenes, y Esav era dado a la caza, hombre de campo, mientras que Yaakov era más calmo, que habitaba las tiendas.

Y amaba Itzjak a Esav puesto que la caza estaba en su boca y Rivká amaba a Yaakov”.

(Bereshit / Génesis 25:25-28).

 Es común y hasta normal que un padre o una madre tengan una preferencia por alguno de sus hijos, si es sano o no, eso es harina de otro costal. Lo interesante del planteamiento del texto de la Torá, es que a Itzjak se le atribuye una razón al cariño, afecto y amor por su hijo Esav. En cambio a Rivka, no. ¿A qué se refiere la Torá con la “caza en su boca”? Hay quienes lo interpretan diciendo que Iztjak se alimentaba de lo que Esav le proveía, otros que en reañidad Esav se “llenaba la boca” contando historias de cacerías, algo que a Itzjak le gustaba mucho. Sea cual sea la explicación, el amor de Itzjak para con Esav dependía de la caza. La Torá en este caso no deja mucho espacio para las dudas. Itzjak amaba a Esav por un determinado motivo. Rivká amaba a Yaakov sin ningún motivo, un amor total.

El Pirkei Avot (5:16) nos enseña que un amor que depende de algo no tiene futuro, puesto que una vez que desaparezca ese “algo”, inexorablemente desaparecerá ese amor. Mientras que un amor que no depende de un factor externo, puede perdurar para siempre. El amor de Itzjak, dicen los sabios, dependía de la caza. No por nada, al momento en que Yaakov se disfraza de Esav y le pide a su padre la bendición de la primogenitura, este accede, puesto que le habían traído lo que a él tanto le gustaba, la caza. Convencido de que era Esav quien le trajo lo que esperaba, correspondió con el amor otorgando la bendición, confiando ciegamente pues su amor buscaba un motivo. Quien traía el motivo esta vez, cambió, no era Esav sino Yaakov. El amor de Rivka, por su parte, es constante, quizás no por nada le digan a ese amor, “amor de Madre”. El amor de Rivka no cambia, puesto que no depende de nada, se potencia día a día, se construye paso a paso.

Parashat Toledot entonces, nos enseña que un amor dependiente, no es un amor sano, sino un amor en riesgo. Cuando hago que mi afecto, amor y cariño dependan de otros factores, estoy amando al factor y no a la otra persona. Cuando se ama de verdad, se ama sin factores y sin condiciones.

Shabbat Shalom.