Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL

Seres humanos, siendo humanos.

Son múltiples y variados los nombres que reciben los individuos del género humano. Ya sea desde lo biológico, como el Homo Sapiens Sapiens, o bien en lo social, como humanos, hombres, mujeres, personas, etc. Sin embargo, quizás el nombre que más nos caracterice como seres humanos sea “Ser Humano”, en tanto Ser, como un ente y en Ser como verbo.

Incluso considerando los nombres que recibimos como género, ¿Qué es finalmente lo que nos convierte en personas? ¿En seres humanos? ¿Cuál es la característica que nos hace meritorios de portar este título?

El ejemplo de Moshé, nuestro sabio y maestro, quien comienza a figurar en esta Parashá, nos muestra que la preocupación por el otro, la capacidad de hacernos responsables por otro, son parte de las características que nos convierten en seres más humanos. El empatizar con el dolor ajeno, con quien sufre, son algunos de los componentes, que para bien, nos diferencian como género humano.

Moshé (Moisés) crece fuera de su hogar original, y va formándose en el palacio del Faraón. La Torá de forma muy escueta, nos relata algunos breves, pero importantes sucesos que serán fundamentales en la formación del gran líder:

“Y ocurrió en aquellos días, que había crecido Moshé y salió hacia sus hermanos y observó sus trabajos forzados; y vio a un hombre egipcio que pegaba a un hombre hebreo, de sus hermanos. Se tornó hacia acá y hacia allá y él vio que no había hombre alguno, batió al egipcio y lo ocultó en la arena” (Shemot / Éxodo 2:11-12).

¿Cómo es entonces el asunto? ¿Había o no había alguien ahí? Uno de los pesukim (versículos) dice que “vio a un hombre egipcio”, mientras que a continuación la Torá dice que “vio que no había hombre alguno”. La presencia física de un cuerpo humano en un determinado lugar, no implica que haya una presencia humana, espiritual y personal en ese mismo espacio. Había alguien ahí… Si se lo puede llamar persona o ser humano, eso ya es distinto.

Esta persona egipcia golpea incansablemente a un hebreo, no hay un ápice de humanidad en su esencia, este egipcio no es empático y actúa como un animal, como una bestia que golpea a otro animal.

En contraposición a este acto bestial aparece Moshé Rabenu y ve “que no había hombre alguno”, ¿A qué se refiere esto?

No había allí un SER HUMANO que SEA HUMANO, no había alguien que fuera capaz de detener esa violencia. Moshé actúa de forma valerosa, llevando a cabo un acto difícil, incluso violento, sin embargo fue LA PERSONA que se debía ser en ese momento. Reveló sus cualidades de líder responsable, preocupándose por los demás, salvando la vida de aquél hebreo.

Moshé mismo, en carne propia, nos enseña aquello que fuera dicho por el sabio Hilel en el Pirkei Avot: “y donde no hay hombres, esfuérzate tú por ser hombre” (Avot 2:5). Claramente la definición aquí no es un tema de identidad sexual, sino de Seres humanos, siendo humanos.

Cuando nos encontramos en un ambiente que nos da la sensación de que no hay “personas”, que no hay humanidad en él, vemos que no hay seres humanos, desde la responsabilidad… Significa que ese Ser Humano que está faltando, somos nosotros. Si descubrimos que algo carece de humanidad, debemos ser nosotros los encargados de traerla, de explorar la dignidad y la responsabilidad para con otros.

Moshé lo comprendió cuando “vio que no había hombre alguno”… Y él mismo fue ese hombre que faltaba.

¿Seremos nosotros capaces de ser Seres Humanos, Siendo Humanos?

 

 

Shabbat Shalom.