Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL 

Lo que nos une, es celebrar.

Esta semana el 1º de Julio del 2020, generó una serie de expectativas, ante la inminente anexión de parte del valle del Jordán al territorio Israelí. Más allá de las visiones y de las opiniones que cada uno pueda tener al respecto, y más allá de lo que en concreto sucedió (o mejor dicho no sucedió), la noticia venía gestándose hace meses. En esa gestación se dieron a conocer múltiples visiones que generaron divisiones en la sociedad Israelí, así como también en comunidades judías alrededor del mundo. Los debates en redes sociales comenzaron a endurecerse, las descalificaciones no se hicieron esperar, de un lado y del otro. En minutos cómo este, uno se pregunta, ¿qué es lo que nos une?. Parashat Balak, deja entrever algunos atisbos de respuesta.

Como es sabido, esta es la Parashá en donde figura la famosa frase: “Ma Tovu Ohaleja Yaakov, Mishkenoteja Israel” – “Cuán bellas son tus tiendas o Yaakov, tus moradas Israel” (Bemidbar / Números 24:5). En años anteriores estudiamos que Bilam, el hechicero contratado por Balak rey de Moav para maldecir al pueblo, no logra maldecirlo sino bendecirlo con esta famosa frase que se transformó en un lema sinagogal. Cuando hablamos de esto en años anteriores, justamente dijimos que la unidad vista desde afuera, es una fortaleza y que así deben vernos nuestros enemigos, unidos y fortalecidos.

Pero adentro, ¿qué sucede en la interna?. Quizás la peor amenaza para Israel en estos momentos no sea ni Irán, ni Isis, ni el Hamás. A pesar de que no son poca cosa, es la división interna de Am Israel y su sociedad, la que puede transformarse en la más grande amenaza. Eso no significa que debemos estar de acuerdo en todo, o que una opinión debe imponerse a la fuerza por sobre las demás. No podemos estar de acuerdo todo el tiempo en todo, pero de vez en cuando podemos unirnos por diversas causas. Am Israel, el pueblo de Israel solía reunirse 3 veces por año en la época del Bet HaMikdash, en la época del Templo; en las tres fiestas de peregrinación, Pesaj, Shavuot y Sukkot.

En Parashat Balak, cuando el hechicero Bilam, se dirige a “maldecir” al pueblo, se transporta en una burra, en una asna, la que se desvía torpemente del camino al ver la presencia de un ángel al que le tiene temor. Bilam golpea a la asna 3 veces, y a la tercera, la vencida, finalmente habla:

“Abrió Dios la boca del asna y le dijo a Bilam: “Qué te he hecho? Pues me has golpeado ya, tres veces!” (ibid. 22:28).

De todos los vocablos posibles para describir las tres veces, la Torá utiliza la expresión: שלש רגלים.. Shalosh Regalim, en vez de decir שלש פעמים, Shalosh Peamim.

El Midrash (Tanjuma, Balak, 9) dice que la expresión no es casual, que nos hacer recordar los Sheloshet HaRegalim, שלשת הרגלים, las tres fiestas de peregrinaje. Dice el Midrash:

“Y le dijo a Bilam, ¿Qué te he hecho? Pues me has golpeado ya, tres veces.

Le insinuó (el asna a Bilam): Estás intentando maldecir a una nación que celebra tres grandes fiestas por año”.

La celebración de tres grandes fiestas por año pueden ser un punto de partida para buscar un lenguaje en común para todo Am Israel. Quizás el resto de los días del año no podamos estar unidos, no sólo físicamente sino ideológica o racionalmente. Sin embargo, si intentamos buscar algunas instancias por año que nos permitan unirnos a celebrar, a festejar, podremos encontrar uniones y lugares de encuentro que podrán desarrollar en nosotros una fuerza única. Y no es lo mismo que unirse ante un enemigo externo, no se trata de la unión producto de una amenaza exterior. Estamos hablando de la unión en pos de algo positivo, de algo interno de algo propio autóctono y original del pueblo de Israel.

La respuesta del asna a Bilam es simplemente genial, porque nos enseña a nosotros que ante una amenaza interna, como lo es la propia polarización del Pueblo Judío, es la unión interna en pos de algo positivo lo que nos dará la fortaleza para enfrentar esa determinada amenaza.

No tenemos que estar de acuerdo en todo, pero en la medida en que algunas veces por año podamos sentarnos y celebrar juntos, podremos comenzar a salir adelante.

Shabbat Shalom.