Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL

El tercer templo, ¿cómo se construye?

Hace unos 2000 años los judíos nos enfrentamos a una enorme crisis que cambió para siempre la tradición del pueblo de Israel, la destrucción del Templo. Tuvimos que adaptar todo el ritual judío a la nueva realidad, nuestros Batei Kneset y Batei Midrash (Sinagogas y Casas de Estudio) pasaron a ser un “Mikdash Meat”, un pequeño santuario. (Meguila 29a). Nos adaptamos, nos acostumbramos, hoy nos es difícil imaginar un judaísmo centralizado en un solo lugar con sacrificios de animales, con Cohanim (sacerdotes) haciendo el ritual de Iom Kippur.

Aun así, en el ideario del pueblo, en nuestros rezos, en nuestras plegarias y en algún recóndito lugar del corazón judío aun palpita ese anhelo de volver a construir el Beit HaMikdash, el Templo.

En algunos, ese sentimiento late mucho más fuerte, en algunos casi no existe, en otros es complejo, en algunos las palabras de las Tefilot (plegarias) que abogan por la redención mesiánica y la reconstrucción del Templo son tomadas en sentido literal, para otros es más que nada algo tradicional. Algunos tomaron “el toro por las astas” y han hecho planes concretos para traer lo que ellos definen como la “verdadera redención”, destruyendo el domo de la roca y construyendo el Beit HaMikdash. ¿Decir que eso es lo que traerá la paz? En el actual escenario de medio oriente en particular y del mundo en general, más que edificar santuarios, debemos reconstruir nuestra relación con los demás.

Hay otra forma de reconstruir el Beit HaMikdash que figura en esta Parashá. En Parashat Emor figura una lista de las festividades más conocidas, Shabbat, Pesaj, Shavuot y Sucot. En el medio de este recuento de los Jaguim (fiestas) la Torá trae a colación una Mitzvá que pareciera estar fuera de contexto:

“En cuanto cosechen la cosecha de vuestra tierra, no acabarás con las esquinas de tu campo al cosechar, ni espigarás tu cosecha, dejándolo así para el pobre, Yo Soy Adonai vuestro Dios” (Vaikrá / Levítico 23:22). 

La Mitzvá de la Peá, de dejar las esquinas del campo, o dejar las espigas que caen de la cosecha para los pobres, ya aparecía antes en el mismo libro de Vaikrá (19:9), de hecho lo vimos en Parashat Kedoshim la semana pasada. Se preguntan entonces los sabios, qué sentido tiene volver a recordar esta Mitzvá en el medio de las festividades.

RaSHI, en su comentario a la Torá trae dos explicaciones. En primer lugar dice que la Torá refuerza el carácter de la Mitzvá recordando la prohibición por segunda vez. En segundo lugar cita un Midrash que dice lo siguiente:

“Dijo Rabi Avdimi en nombre de Rabi Yosef: ¿Qué hace aquí esta Mitzvá en el meido de las fiestas – dejando a Pesaj y Shavuot de un lado y a Rosh HaShana, Iom Kippur y Sucot del otro? Eso nos viene a enseñar que quien cumple con las Mitzvot del Leket, Shijejá y Peá (las resiembra, las espigas y las esquinas del campo) dejando eso como corresponde para el pobre, se le cumple como si hubiese construido el Beit HaMikdash y hubiese ofrecido sacrificios en él”.

 Resumiendo la idea, estas Mitzvot de corte más social, figuran en medio de las festividades de Peregrinación (Sheloshet HaRegalim), en las que el pueblo acostumbraba a ir al Templo, justamente para enseñarnos que si nos ocupamos de cumplir con nuestra obligación de preocuparnos por los más necesitados, es como si estuviéramos cumpliendo con la Construcción del Templo, del Beit HaMikdash y estuviéramos ofreciendo Korbanot en él.

La analogía quizás nos pueda sonar lejana, el salto entre la interpretación del Pasuk (Versículo) y la idea que trae el Midrash puede sonarnos exagerada, sin embargo el mensaje es muy potente. ¿Quieren construir el Beit HaMikdash?, empiecen por preocuparse por los más pobres, por los necesitados, por quienes están pidiendo ayuda, o incluso por quienes no la están pidiendo pero la necesitan. Como en tantas otras ocasiones, recordamos que el judaísmo es una tradición que santifica momentos, más que lugares.

Cuando escuchamos voces extremas que pretenden incendiar el Medio Oriente por medio de la reconstrucción literal del Templo, aparece este maravilloso Midrash para enseñarnos que está allí, que está en nuestras manos hacerlo, por medio de la preocupación por los demás. Antes de llenar de mármol, de oro y de diversos lujos un santuario, es preferible dedicar eso a quienes ni si quiera tienen su propio Mikdash Meat, su propio pequeño santuario, o incluso una casa donde estar.

Si darle una mano a los demás, a quienes más nos necesitan, construye el Beit HaMikdash, entonces vamos a construirlo.

 

Shabbat Shalom.