Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL

Todo comienza con el odio.

El escritor y poeta alemán de la primera mitad del siglo XIX, Heinrich Heine acuñó una famosa frase que decía:

“Ahí donde se queman libros se acaba quemando también seres humanos”.

Esta frase la acuñó por allá por los albores de 1820, 120 años antes de que el pueblo judío viviera en carne propia el significado de esta cruel frase. Pasar de quemar libros a quemar personas es un salto bastante largo, nosotros como pueblo lo vivimos, pero el problema surge antes. No es la quema de libros, hay algo más profundo y anterior al intento de desarraigar una cultura, que permite que se cometan todo tipo de atrocidades. Es el odio.

Ese pequeño sentimiento que se oculta en lo más recóndito de nuestro corazón, que muchas veces se genera como una respuesta ante lo desconocido, ante lo que es diferente a mi, es lo que finalmente nos mueve a la acción en contra del otro.

Parashat Shofetim, la parashá de esta semana hace un alcance al respecto:

“Empero cuando hubiere un hombre que odia a su prójimo, y lo acechare, y se levantare contra él, y lo hiriere de muerte y muriere; y éste huyere a alguna de estas ciudades” (Devarim / Deuteronomio 19:11).

Antes de que una persona siquiera piense en la posibilidad de herir a otra, antes de que si quiera se atreva a planificar una forma de atacar a alguien, hay algo que sucede en su interior. Su corazón está sellado, tapado, no logra entender al prójimo. No está abierto a la escucha y a la atención. Al principio viene el odio, crece lentamente, se desarrolla y va abriéndose paso frente a todo obstáculo, hasta que finalmente ve la luz en una acción criminal. RaSH”I, quien quizás sea uno de los más grandes exégetas de la Torá, trae un Perush (comentario o interpretación) basado en el Sifri, un Midrash Halajá. Un comentario alegórico del cual JaZa”L (Nuestros sabios de bendita memoria) extrajeron enseñanzas prácticas de la ley judía a través de la interpretación de la Torá.

Dice RaSH”I: “Es por medio del odio que puede llegar a “acecharlo”.

Es decir que justamente el odio es lo que lo llevó al siguiente paso, que sería acecharlo, manteniéndose escondido, esperando el momento propicio para atacar.

Continúa RaSH”I y dice: “De aquí enseñaron nuestros maestros, que cuando una persona transgrede una Mitzvá simple, termina transgrediendo una Mitzvá mayor”.

El el libro de Vaikrá (Levítico) 19:17 dice: “No odies a tu hermano en tu corazón”. Y esta es una Mitvzá muy importante. No sabemos si es una Mitzvá Kalá (simple) como dice RaSH”I, pero si sabemos que al momento de transgredir este precepto de no odiar, algo comienza a suceder, algo comienza a desarrollarse en el lado oscuro de nuestro corazón.

Según el Midrash entonces, al transgredir la Mitzvá de “Lo Tisná”, de no odiar a nuestro prójimo en lo profundo del corazón “Finalmente terminaremos transgrediendo por derramamiento de sangre. Por eso el pasuk (versículo) dice ‘Cuando hubiere un hombre que odia a su prójimo, etc’. En realidad tendría que haber dicho simplemente: ‘Cuando se levante un hombre y aceche al otro y lo golpee fatalmente’”.

Aparentemente en el versículo no hacía falta que fuera recordado el asunto del odio. Y es que el resultado del caso planteado en la Parashá es que alguien mata a una persona e intenta escapar a una de las ciudades refugio (destinadas a quien cometía un homicidio sin intención). Esa ciudad no debía ser su destino, pues el asesino lo había hecho a plena consciencia y con total voluntad. Este criminal debía ser encarcelado y castigado con la pena de muerte. La Torá podría haber dicho: “Cuando un hombre golpee a otro de forma fatal…” Sin tener que hacer hincapié en el asunto del odio.

No debemos odiar, sino amar. Puesto que no sabemos adónde nos llevarán el odio y el enojo, o cómo se desarrollarán. El mes de Elul cuyo nombre se asocia a las iniciales: אֲנִי לְדוֹדִי וְדוֹדִי לִי״” Ani Ledodi Vedodi Li – “Yo soy para mi amado y mi amado es para mi” (Shir HaShirim / Cantar de los Cantares 6:3), es un llamado antes de Rosh HaShana a amar al prójimo y no caer, Dios no lo permita, en el odio gratuito.

 

Shabbat Shalom.