Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL
No por miedo, sino por amor
Estamos celebrando Tu BeAv, el día 15 del mes de Av, una fecha que a decir verdad no es muy conocida, y tomó un poco más de revuelo en los últimos años al ser vista como el “Día del Amor judío”, la versión kasher de “San Valentín” del calendario hebreo. Como todos los años, esta fecha siempre cae casi junto con Parashat Vaetjanan, la parashá en la que leeremos, entre otras cosas, el texto del Shemá Israel.
Los tres párrafos de una de las plegarias más significativas del pueblo judío comienzan con dos órdenes claras: Shemá, Escucha y luego Veahavta. Amarás. La plegaria Shemá Israel, que figura en esta parashá, nos ordena cumplir con los mandamientos de Dios. Hay leyes, hay normas y Dios espera que nosotros las apliquemos, quiere que cumplamos con sus normas. De ser así, ¿Cómo se puede cumplir con el precepto de Amar a Dios? ¿Qué tipo de amor se puede llegar a desarrollar cuando el mismo es ordenado e impuesto desde arriba?. Es decir, ¿Por qué Dios le dice al pueblo: “Amarás a Adonai tu Dios”? (Devarim / Deuteronomio 6:5).
Cuando hacemos algo desde el amor, las cosas son más sinceras, verdaderas y auténticas. Servir a Dios desde el amor, nos ayudará a mantener viva la llama durante un tiempo más prolongado. Quien cumple con el mandato divino sólo desde el temor y el miedo, no puede de verdad amar, simplemente tiene pavor; de tal manera que cuando ese temor desaparezca, desaparecerá también su relación con El Creador.
Actuar desde el amor, es completamente distinto a actuar desde el miedo y el terror. Hay quienes confundidos en su creencia, afirmarán con gran ímpetu que: “Yo amo a Dios, soy todo amor hacia él (o hacia ella)”. Pero este es un amor que depende del miedo y del temor. Nuestros sabios de bendita memoria, nos enseñaron: “Todo amor que depende de algo, si desaparece ese factor, se acaba el amor. Y aquél amor que no depende de nada, nunca se acabará” (Avot 5:16).
Es más, en una realidad en la que no podemos ver a Dios tal y como lo describe la Torá; al no verlo, y al sentir que es como si no nos estuviera acompañando, entonces podríamos pensar que no verdaderamente estoy obligado a cumplir con sus preceptos. Pero aquel que ama de verdad, no espera que Dios lo observe y lo mire. Quien ama de verdad no necesita sentirse observado y visto por su pareja.
Sobre esto RaSHI hace un alcance en base a un Midrash, en el que los sabios se preguntan, ¿Cómo es este mandamiento de “Amarás a Adonai tu Dios”?.
“No es lo mismo quien actúa desde al amor, a quien actúa desde el temor. Ya que por ejemplo, un siervo que hace las labores para su amo desde una sensación de miedo y temor, pensando en que quizás le restará de su salario; al momento en que su patrón lo presione demasiado, lo abandonará, renunciando a su trabajo. En cambio el siervo que hace las labores que su patrón le ordena, desde la empatía y el amor, servirá a su amo de cualquier forma, e incluso cumplirá su voluntad con alegría”. Si el patrón presiona demasiado, sus servidores lo abandonarán. De la misma forma desgraciadamente vemos que hay muchas personas que dejan la tradición judía, justamente por verla como una presión, por entenderla desde el miedo y el temor, y no desde el amor.
Lo mismo sucede con los niños y su relación con los padres. Un hijo no debería hacer lo que sus padres le dicen solamente porque les tiene miedo, o porque tiene temor del castigo que le pueda llegar a tocar. Los hijos deberían amar a sus padres y obedecerles desde el amor, no desde el temor. Es verdad, hay quienes lo ven de forma contraria y en determinados casos este modelo funciona, porque los niños no logran entender aun, por qué lo que sus padres les dicen es bueno para ellos. Pero cuando hablamos de personas adultas, cuando hablamos de la fe y de la creencia en Dios, el asunto se vuelve más complicado. No podemos comportarnos como niños frente al creador, sino como adultos responsables.
Padres que fueron demasiado rígidos con sus hijos a lo largo de los años y en forma constante, podrían llegar a ver como la relación con sus hijos se ve afectada o incluso cortada. Incluso en otros ámbitos como en el trabajo. Cuando el jefe da tareas específicas, y nosotros hacemos el trabajo sólo porque tememos que nos despidan, tarde o temprano no podremos resistir la presión.
¿No es mejor hacerlo desde el amor y la empatía?
Una teología infantil que sólo ve la relación entre nosotros y Dios como “premio y castigo”, una teología que habla el lenguaje del miedo, no aportará mucho a la construcción de una identidad judía sólida. Avodat Hashem desde Ahavat Hashem. El servicio a Dios desde el amor a Dios, eso es lo que nos ayudará en nuestro caminar como judíos.
En Shabbat Najamu, el Shabbat posterior al 9 de Av, cercanos al 15 de Av, se nos exige trabajar nuestro amor, la forma en la que amamos, también a Dios y también a los demás. La manera en la que nos relacionamos con el prójimo desde el temor, es totalmente diferente a la forma en la que lo hacemos cuando nuestro punto de partida es el Amor, y no el miedo.
Shabbat Shalom.
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