Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL
Shabat Rosh Jodesh
Shabbat T’kumá.
Lo hemos escuchado varias veces en las últimas semanas, lo hemos repetido y lo hemos dicho en distintas ocasiones: Estar en cuarentena no significa que podamos estar solos. Podemos estar encerrados sin la presencia de otras personas en nuestras casas y sentirnos acompañados, apoyados y sentir que no estamos solos. Pero debemos también tener cuidado. Porque podemos estar acompañados en nuestras casas, que pueden incluso estar llenas de gente y aun así, sentirnos solos, sentir que nadie nos comprende que nadie nos acompaña.
En el mundo virtual en el que hemos estado viviendo en las últimas semanas, estos conceptos también se hace presentes. Podemos utilizar las redes para acercar, para incluir, para hacer parte a alguien, o bien podemos hacer uso de ellas para algo totalmente contrario. Para agredir, separar, o incluso para dañar a alguien.
Curiosamente, las Parashot que leemos esta semana, Tazría Metzorá hablan de estos temas. Enfermedades de la piel que aparentemente contagiaban, y en cuyo proceso de recuperación el componente del aislamiento, la cuarentena y el encierro tienen un rol protagónico.
Existían distintos tipos de lepra, llagas en la piel, heridas o enfermedades cutáneas que podían afectar a las personas, a sus ropas, o incluso a las paredes de sus cases. Estas afecciones e infecciones tenían que se revisadas por el Cohen, él era el autorizado para diagnosticar cada caso.
Es en la descripción de uno de estos casos donde leemos de un encierro total de 7 días para quien haya sido declarado como afectado, contagiado y padezca de esta “Tzaraat”, de esta especie de lepra. Dice la Torá:
“Todo el tiempo que la llaga estuviere en él, será inmundo; estará impuro, y habitará solo; fuera del campamento será su morada” (Vaikrá / Levítico 13:46)
Llama la atención este aislamiento tan extremo en comparación con otros caso relatados en el texto bíblico. Tan así que este asunto llamó la atención de RaSHI, el famoso comentarista. El exégeta se cuestiona el por qué debía permanecer el leproso separado incluso de otros contagiados, durante 7 días. Explica el sabio que esto tiene una razón de ser.
En primer lugar debemos tener en consideración que desde el punto de vista espiritual, la Torá ve la raíz de estas enfermedades en el mal comportamiento de las personas. Quien padece de estos males, es porque en algún punto habló calumnias y mentiras sobre otras personas, el famoso Leshón HaRá, la mala lengua.
En segundo lugar RaSHI explica que así como la persona, por medio de la calumnia logró separar a mujeres de sus maridos y distanciar a las personas, al hombre de su prójimo, por medio de las palabras, como castigo deberá permanecer aislado, apartado, solo.
Algunos lo interpretarán como un castigo divino, sin embargo lo simbólico del tratamiento que recibe el leproso radica en que debe enmendar su actuar por medio de la misma acción que él provocó en los demás. El leproso logró distanciar y aislar a las personas, una de otra, ahora el mismo debe permanecer aislado. Es la consecuencia lógica de su propio actuar.
En estos días tan especiales, tan poco rutinarios, tenemos en nuestras manos la posibilidad de dividir, aislar, alejar o incluso dañar a quienes se encuentran junto a nosotros, física o virtualmente. Pero, al mismo tiempo, tenemos la oportunidad de acercar, integrar, recibir y apoyar a quienes pueden estar físicamente solos, pero espiritualmente (o virtualmente) muy bien acompañados. A fin de cuentas, los que pagaremos las consecuencias de dicho acto, no serán sólo los afectados, sino que como en el ejemplo de la Torá, seremos nosotros mismos.
La decisión está en nuestras manos.
Shabbat Shalom,
Jodesh Tov.
Related posts
Suscríbete al boletín
* Recibirás las últimas actualizaciones!