Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL
¿Qué le hace el agua al pez?
Esta semana terminamos de leer el libro de Bereshit / Génesis y pasaremos a leer del libro de Éxodo, en hebreo, Shemot. Volveremos a escuchar la historia de la salida de Egipto y la hemos escuchado ya varias veces, la escuchamos en las semanas en las que leemos estas Parashot, lo escuchamos una y otra vez en la mesa del Seder. A decir verdad a veces se hace un poco repetitivo y tedioso. Volver a escuchar la misma historia puede ser aburrido, y corremos el riesgo de restarle la debida importancia espiritual que tiene el relato del Éxodo.
Más allá de la discusión histórica sobre lo sucedido (o no) en Egipto, el hecho de volver a leer el mismo texto una y otra vez, nos deja a los lectores con la misma sensación de quien vuelve a ver la misma película por enésima vez, y no por opción.
Y como hemos dicho otras veces, no es que el texto se aburrido en si mismo. Los relatos que comenzaremos a leer la próxima semana no tienen nada que envidiarle a las mejores producciones cinematográficas de Hollywood. Tiene los mejores efectos especiales, un bastón que se convierte en serpiente, una zarza ardiente cuyo fuego no se termina, un mar que se abre en dos, comida que cae del cielo, las 10 plagas… todo para que llegar al clímax de la revelación en el Monte Sinaí.
A pesar de todo lo maravilloso y milagroso que tiene la historia de Egipto, no cabe duda alguna duda que aun así, muchos jóvenes prefieran ver Harry Potter y no el Príncipe de Egipto!
No podemos culpar al contenido, la historia es genial. El problema no es la película sino el espectador. La forma en la que nosotros volveremos a leer una y otra y otra vez la historia. Es posible volver a emocionarse, es posible sentir la pasión nuevamente cuando releemos el texto de la Torá. Con ese mensaje cerramos el libro de Bereshit y comenzaremos la semana que viene Shemot.
En la Parashá de esta semana, Vayejí, vemos a Yaakov, el tercer patriarca en sus últimos días. Cansado y envejecido, Yaakov vive el final de su vida en la tierra de Egipto. Antes de morir le entregará bendiciones a sus descendientes. Comenzando curiosamente no por sus hijos, sino por sus nietos, lo hijos de Yosef, Efraim y Menashé. Estas bendiciones se hicieron famosas y son repetidas en todas las latitudes cuando los padres bendicen a sus hijos:
HaMaláj HaGoel Otí…
“El ángel que me libró de todo mal, bendiga a los muchachos y sean ellos llamados con mi nombre y los de mis padres, Avraham e Itzjak y se incrementen como los peces, en el medio de la tierra”. (Bereshit / Génesis 48:16).
¿Cómo?
¿Cómo es eso de peces en la tierra?
Los exégetas a lo largo de las generaciones se preguntaron, qué quiere decir esta expresión casi absurda! Los peces no pueden sobrevivir fuera del agua.
Muchos enseñan que Israel, el pueblo, ha sido comparado con los peces. Así lo dice un conocido midrash, enseñando que así como los peces, a pesar de vivir en el agua, cada vez que llueve reciben cada gota como si estuvieran sedientos, como si nunca en sus vidas hubiesen bebido agua, así también es el pueblo de Israel. Que al escuchar una nueva palabra de la sabiduría de la Torá la reciben y la agradecen como una gota de agua para quien está sediento, como si nunca hubiesen escuchado antes esas enseñanzas.
¿Por qué un pez tendría que exaltarse ante una gota de agua? Vive en medio de ella!
De la misma forma, ¿Por qué un Yehudí, un judío se debería emocionar ante las palabras de la Torá? Vive en medio de ellas!
La respuesta está en nosotros. Miles de años de interpretación están ante nosotros y están a nuestra disposición midrashim, cuentos, ejemplos, fábulas y una variedad de herramientas interpretativas para que podamos renovar cada día un poco de la Torá. Una fuente inagotable de conocimiento y aprendizaje, fuente de inspiración. Nuestro apego a la Torá nos ha mantenido unidos al pueblo.
Que siempre podamos renovarnos en Torá.
Shabbat Shalom.
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