Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL
¿Qué se necesita para parar una epidemia?
Mientras en Israel hablamos de la salida de la primera ola, pareciera ser que la segunda ola de contagios se avecina. Es ahí que nos preguntamos ¿Qué podemos hacer? En ese contexto aparece en Parashat Koraj que leeremos este Shabbat una epidemia, una plaga cruel y mortal que se lleva consigo 14.700 víctimas, además de las 250 que mueren junto con Koraj tras el fracaso de su rebelión.
Y estos son apenas los números, detrás de cada número seguramente había una familia, hijos, hijas, amigos y otros mundos y sueños que nunca sabremos sobre ellos. La Torá señala en dos versículos distintos que “la plaga se detuvo” (Bemidbar / Números 17:13,15). Los comentaristas discuten acerca de esta doble mención, sin embargo los invito a enfocarnos a la primera de esa veces en donde se nos dice que la plaga se detuvo o que la epidemia cesó; y que según algunos autores, se trata de una sola vez en la que todo se calmó. La plaga mortal no se detuvo porque sí, sino por un acto lleno de coraje y valentía que llevó a cabo Aharón HaCohen, Aharón el Sumo Sacerdote.
Sólo para ponernos en contexto. Koraj, pariente de Moshé pretende organizar una revuelta, queriendo ser parte del liderazgo del pueblo. Luego de “sortear” o poner a prueba al rebelde Koraj, Moshé demuestra que no son sino él y su hermano Aharón, los elegidos por Dios para liderar al pueblo. Mueren así 250 personas incluido Koraj por haberse atrevido a desafiar el mandato divino. Acto seguido, el pueblo completo se queja contra los líderes:
“Se quejaron toda la asamblea de los hijos de Israel al día siguiente, contra Moshéh y contra Aharón, diciendo: “Vosotros habéis matado al pueblo de Adonai” (ibid. 6).
El pueblo cree que fueron Moshé y Aharón quienes mataron a Koraj y su séquito. La Torá cuenta que comienzan a aglutinarse frente al Ohel Moed, frente al tabernáculo. Dios responde con esta plaga mortal como castigo contra la revuelta. Miles de personas mueren y no sabemos cuánto tiempo. Moshé y Aharón entienden la gravedad del asunto y actúan con rapidez:
“Dijo Moshéh a Aharón: “Toma el incensario y coloca sobre él fuego -de sobre el altar- y pon sahumerio y llévalo pronto hacia la asamblea y haz la expiación por ellos; pues ha salido el furor de ante Adonai, ha empezado la mortandad” (ibid. 11).
(Curiosamente la palabra “Mortandad” en el hebreo de la Torá es נגף Naguef; en el hebreo moderno el Virus del Corona se llama Neguif נגיף).
La Torá sigue el relato, diciendo que Aharón cumple con lo que se le ordenó, y en una breve frase nos da una imagen escalofriante:
“Se puso de pie él, entre los muertos y los vivos y así se detuvo la plaga”. (ibid. 13).
El mismísimo Aharón está de pie entre los muertos y los vivos. Lo rodean cuerpos de personas que fallecieron, sus cadáveres yacen a sus pies, los vivos quizás aun atónitos y estupefactos están del otro lado y Aharón en el medio. Es difícil incluso imaginar lo que debe haber pasado por la cabeza de Aharón. El mismo que perdió a sus hijos por culpa de un fuego extraño. Aharón ya no le teme a la muerte.
Pero hay algo más, Aharón en su condición de Cohén, no puede impurificarse, así como tampoco puede pasear fuera del Tabernáculo con sus vestimentas de Cohen Gadol. Sin embargo, para salvar al pueblo, Aharon estuvo dispuesto a hacerlo todo. Aharón salva al pueblo utilizando el fuego del incienso, el mismo con el que quizás murieron sus hijos, es ahora el que salva a sus compatriotas. Aharón hace todo eso, se pone en riesgo, física y espiritualmente para detener la epidemia y la mortandad.
Aharón lo dio todo,
Y a nosotros, ¿qué se nos pide?
Apenas tres cosas básicas: Mascarillas, distancia e higiene.
Es casi lo opuesto a lo que hizo Aharón. Distanciarnos, no tener contacto y cuidarnos. Aharón para salvarlos a todos de la pandemia se puso en riesgo, mientras que nosotros, para salvarnos simplemente tenemos que cuidarnos a nosotros mismos para así cuidar a los demás. ¿Es tan difícil? ¿Es el esfuerzo tan grande?. Cuando pensemos en lo incómodo que es una mascarilla… quizás debamos pensar en la incomodidad que Aharón sintió al pararse entre los vivos y los muertos.
Mientras en Israel nos piden cumplir esas tres simples normas, en Chile todavía les piden a nuestros compatriotas diciéndoles #QuédateEnCasa. No es fácil y puede ser incómodo, pero el riesgo que se corre es muy grande. Aharón se puso en riesgo a si mismo para salvar a los demás de la epidemia, mientras que nosotros nos cuidamos a nosotros mismos para salvarnos, la diferencia es abismal.
Aun así, pareciera ser que no interiorizamos el mensaje.
Que prontamente se cumpla y podamos cumplir nosotros mismos lo que dice esta Parashá: “Y la plaga, se detuvo”.
Shabbat Shalom.
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