Por Sivan Gobrín, Vicepresidenta de la Comunidad Chilena de Israel

 

Vivimos épocas históricas. No solamente porque estamos enfrentando una pandemia que se da una vez cada 100 años, sino que, en paralelo, nuestra sociedad está sufriendo cambios profundos. Con la muerte de George Floyd en Estados Unidos, vimos como la comunidad afroamericana se levantó a exigir el fin del racismo y la discriminación, moviendo masas y tocando el corazón de las comunidades alrededor del mundo. Es algo que estaba arraigado al nuestro día a día y creo que pocas veces nos lo habíamos cuestionado tanto como hoy. Sabíamos que existía, pero no creo que haya sido tema central de conversación tanto como hoy.

Lamentablemente, esta lucha se ve secuestrada por una agenda política, y el dolor de estos grupos se usan para atacar a otras minorías, anulando la verdadera lucha.

Con el levantamiento de “Black Lives Matter”, hemos visto cómo diferentes medios de comunicación han usado esta bandera para relacionar a Israel con el sufrimiento de la comunidad afroamericana.

La narrativa se ha intoxicado, y se está utilizando la condena a la brutalidad policial del caso Floyd, para enviar el mensaje de “si estás en contra del racismo y la violencia, estás en contra de la legitimidad de la existencia del estado de Israel”. Esto lo hemos visto en gráficas dónde se ve el dibujo del policía encima del cuello de Floyd y al lado a un soldado israelí en la misma posición sobre un palestino, como si fuera un paralelo.

La apropiación de un mensaje externo, y esparcirlo como una causa propia, es la forma que hemos visto en que el antisemitismo durante la historia ha sido inculcado en la sociedad. Es tomar el mal de la sociedad y buscar un chivo expiatorio, proceso que se ha ido repitiendo durante la historia en diferentes aspectos.

En la inquisición, se culpaba a los judíos de la muerte de Jesús, de la peste negra, o de brujería. Hitler responsabilizaba a los judíos de la crisis económica alemana, y hoy vemos fotos de George Floyd con una kefia al cuello con la bandera palestina de fondo y a un Mandela en la cárcel mirando por la ventana la mezquita de Al-Aqsa. “Los judíos son los culpables del Coronavirus y de la cuarentena”, se escuchaba en una manifestación en el Obelisco en pleno Buenos Aires, mientras que el periodista, mudo, dejaba que el público siguiera gritando estas consignas antisemitas sin cuestionar ni abrir la boca.

El conflicto árabe -israelí ya es lo suficientemente complicado como para para culpar a Israel del racismo en Estados Unidos, y usarlo como causa, solamente ensucia el real objetivo: justicia e igualdad.

Es ridículo pensar que los judíos forman parte de una supuesta “supremacía blanca”, si hace 80 años asesinaron a 6 millones por justamente, ser considerados como una “raza inferior”.

El antisemitismo es un fenómeno que ha estado instaurado por siglos en nuestra sociedad, y que con el correr de los años ha cambiado su plataforma, pero nunca su esencia. Cada vez que la comunidad judía ha querido sacar la voz por algún atentado terrorista, golpiza en la calle o vandalismo, todo el resto del mundo queda en silencio y nos intentan tapar la boca, pero no tienen ningún problema en adoptar causas, hacerlas propias y sumarlas a la plataforma antisemita para buscar culpable. Eso es ser parte del problema.

Black Lives Matter, All lives matter, y está en nosotros crear una sociedad más justa para todos. Dejen de hacer trampa y robarse luchas legítimas para esparcir odio y manipularlas a su pinta, eso demuestra que no les importa la justicia para nadie.

La causa de la comunidad de color es fuerte y deben luchar hasta el final, pero es una pena cómo algunos sectores del movimiento se han dejado manipular, se han dejado dividir, y es ahí donde la causa se deslegitima y pierde fuerza, no dejemos que esto pase. Hay que luchar contra el racismo, contra el antisemitismo, contra la injusticia. Desenmascaremos a los impostores. A los falsos moralistas, que se aprovechan de la voz de las minorías.