Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL
A veces no nos queda otra que ser los malos de la película. No porque realmente lo quisimos, sino porque en realidad las circunstancias nos obligaron. En ocasiones sucede que el ambiente en el que nos vemos envueltos saca lo peor de nosotros o al revés, saca lo mejor de nosotros. Una situación extrema extrae de nosotros comportamientos extremos para bien y para mal. Pero cuando todo está bien, cuando todo está en orden… ¿Cómo influimos nosotros en el ambiente que nos rodea?.
Parashat Ki Tavó comienza relatando el ritual que se debía hacer con las primicias al llegar al Beit HaMikdash, al antiguo templo de Jerusalén. Parte del acto que se hacía consistía en traer los frutos en una canasta, y recitar algunos pasajes, entre los cuales destaca uno, que guarda estrecha relación con el pasado del pueblo de Israel:
Y nos hicieron mal los egipcios, y nos oprimieron y nos impusieron trabajo duro. Pero clamamos a Adonai, D’s. de nuestros padres; y escuchó Adonai nuestra voz, y vió nuestra opresión y nuestro agobio y nuestro aprieto. (Devarim / Deuteronomio 26:6-7).
Dicen varios sabios, entre ellos Rabi Moshé ben Haim Alsheh, que la Torá se expresa por medio de estos versículos de una forma un tanto extraña. El pasuk (versículo) dice: “Nos hicieron mal los egipcios”. En hebreo לרעות Leraot, es hacer mal alguien, pero aquí se ve un tanto “mal conjugada”. En vez de decir “Leraot Lanu”, nos maltrataron, dice “Leraot Otanu”, nos hicieron mal. Explican los exégetas entonces que la intención de la Torá no es recordar el daño que nos hicieron en Egipto, sino hacer hincapié en el hecho de que nos transformaron a nosotros en malos. No sólo que nos hicieron mal, nos hicieron malos a nosotros, nos quitaron la moral, la decencia.
De hecho, en un pasaje anterior en la Torá una expresión parecida fue utilizada para describir lo que nos sucedió en Egipto:
“Habían descendido nuestros patriarcas a Egipto y nos asentamos en Egipto por muchos días, empero nos maltrataron los egipcios a nosotros y a nuestros padres” (Bemidbar / Números 20:15).
Aquí el relato dice que efectivamente nos maltrataron, en hebreo: “Vaiareú LANU”; en contraposición a lo planteado en la parashá de esta semana: “Vaiareú OTANU”.
La esclavitud en Egipto sacó lo peor de nosotros, nos hizo olvidarnos de nuestra esencia, de ser buenas personas, actuar en forma correcta, nos desviarnos del camino de la justicia y la verdad. Una situación extrema obtuvo reacciones extremas, y al momento de entrar a la tierra prometida y dar de los mejores frutos como ofrenda, el pueblo, el individuo, tenían que recordar que hubo momentos oscuros en la historia en donde su comportamiento fue de muy bajo nivel. Ellos no de verdad querían llegar a eso, no querían ser así, pero las circunstancias los obligaron a ser los malos de la película.
Hoy, gracias a Dios, somos personas libres, nuestro destino no está en las manos del Faraón, ni somos un pueblo esclavo. Somos individuos que gozamos de muchísimas libertades, sabiendo incluso que ello conlleva grandes responsabilidades. En la actualidad no podemos compararnos con la generación que salió de la esclavitud de Egipto, sino que debemos esforzarnos en mejorar como personas más allá de lo que el ambiente nos pueda proveer. Hoy tenemos todo al alcance de la mano para poder ser verdaderamente buenos, ¿Qué excusa nos vamos a inventar ahora?
Es cierto que a veces no podemos movernos con total libertad, pero nuestra situación no es comparable a la de Egipto. Más que dejar que el ambiente influya en nosotros, podemos preguntarnos cómo nosotros influimos en aquellos que nos rodean. Como podemos ״להיטיב״ hacer bien a los demás, hacerlos buenos, hacer exactamente lo contrario a lo que sucedió con nuestros antepasados, de esta forma en futuro, podremos declarar no sólo que los Egipcios nos hicieron malos, sino que corregimos los comportamientos y transformamos a los demás en buenos, en mejores personas.
Shabbat Shalom.
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