Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL

Una cosa es ser sabio y otra cosa es ser inteligente. En hebreo estos términos se denominan חכם ונבון, Jajam y Navón. Alguien puede acumular muchísimo conocimiento, ser una enciclopedia andante, sin embargo, por más conocimiento que alguien pueda almacenar, eso no lo convierte en alguien inteligente o incluso en alguien sabio. También en caso contrario, alguien puede ser enormemente inteligente, hábil y eficaz, incluso si carece de todo tipo de conocimiento. Alguien podría ser Sabio, pero no inteligente y viceversa. En la Parashá de esta semana, Devarim figuran ambos conceptos.

Por supuesto que para la Torá las ideas de “Jajam veNavon” son un tanto distinto a cómo lo vemos hoy, sin embargo, veremos que parte de la diferencia radica en la actitud de quien se dispone a realizar una determinada tarea.

Ese es el caso de Moshé cuando quiso delegar su liderazgo en distintos líderes del pueblo. La Parashá que da comienzo al último libro de la Torá, Devarim (Deuteronomio), empieza por las palabras de Moshé, que compondrán gran parte de este Sefer (Libro). En su discurso, Moshé hace una apología de los grandes eventos ocurridos en la larga travesía del pueblo de Israel en el desierto. En ese contexto, Moshé le recuerda al pueblo que en determinado momento no podía seguir cumpliendo su labor solo, y se dispuso a buscar a personas que lo pudieran ayudar:

“Traed para vosotros: hombres sabios e inteligentes y conocidos de vuestras tribus, y los asignaré a vuestras cabezas” (Devarim / Deuteronomio 1:13)

El conocido exégeta, RaSHI, trae una explicación basada en el Midrash para hacernos entender la diferencia entre alguien sabio y alguien inteligente. En primer lugar RaSHI dice que el término “hombres” tal como está escrito en el pasuk (versículo) no hace referencia al género masculino, sino a que estas personas debían ser justamente PERSONAS, Tzadikim, justos. Más allá de esto, ser “Jajamim” (sabios) es ser KESUFIM, algo así como plateados. ¿Por qué?, de acuerdo a esta interpretación ser sabio es ser limpio, reluciente, como la Plata, el metal que brilla y refleja todo cuando es bien pulido. Y hay más, ser “nevonim” (inteligentes) son quienes logran “entender un asunto a través de otro”, la capacidad de interconectar el conocimiento que poseemos y relacionarlo con diversas áreas del saber, es lo que nos hace inteligentes. Y ahí viene el famoso Midrash:

“Así fue como le pregunto Arrio a Rabi Yosé: ¿Cuál es la diferencia entre sabios e inteligentes?. Le contestó Rabi Yosé: El sabio se asemeja a aquel tasador de monedas, que cuando le traen monedas para que las mire y las evalúe, cumple con su cometido. Y cuando no está trabajando, simplemente se sienta, como perdiendo el tiempo. De tal forma que su sustento depende del trabajo que le dan los demás, y su sabiduría en realidad es lo que otros le transmitieron. En cambio el inteligente, es como aquel tasador de monedas, que además es comerciante. Cuando le traen monedas para que las evalúe, lo hace bien. Y cuando no está evaluando monedas, da vueltas buscando más monedas para tasarlas, y así obtener más trabajo. De la misma forma el inteligente no se conforma con lo que le han transmitido, sino que además se preocupa de buscar más allá y así expandir su conocimiento”.

El arte de evaluar una moneda no es algo fácil, el sabio tuvo que pasar un largo entrenamiento para hacer su labor con profesionalismo. En cambio el inteligente, tiene el arte de ser pro-activo. Y no es sólo el sustento, es la sabiduría y la inteligencia misma la que están ahora sobre la mesa. No basta con aprender sólo lo que nos enseñaron, hoy las herramientas que tenemos a nuestro alcance nos permiten acceder a más conocimiento, a nuevas experiencias, probar otros métodos e incluso reconstruir nuestro conocimiento y refutar ideas frente a quienes nos enseñaron, con respeto, claro.

Ser sabio es increíble, ser inteligente nos puede llevar un paso más allá. Moshé, quería encontrar personas buenas, sabias e inteligentes, pero con eso no bastaba. Había algo más, estos líderes debían ser, como dice el pasuk “conocidos de vuestras tribus”. Ser sabio o inteligente son cualidades extraordinarias, pero si no nos damos a conocer a quienes nos rodean, seremos sabios solitarios, inteligentes ermitaños. Un líder que se precie de tal, debe no solo desarrollar su intelecto, su sabiduría, debe también trabajar su relación con quienes lo rodean, ser verdaderamente cercano, no por su cargo, ni por su puesto, sino por el corazón.

Shabbat Shalom.