Cuando era niño crecí en una población de Viña del Mar, un lugar donde era importante saber cómo defenderse.
Mi padre me enseñó, que cuando el número de los atacantes jugaba en tu contra, siempre pusieras la espalda contra la muralla, de manera de ver a la cara a tus enemigos, y enfrentarlos uno a uno.
No pude evitar recordar a mi difunto padre cuando vi la pomposa carta que una extensa lista de activistas, antisemitas y organizaciones sostenedoras del terrorismo islámico, publicaron en contra del embajador de Israel en Chile, Peleg Lewi.
Dejemos de lado las acusaciones de injerencia en los asuntos chilenos y de legitimar el “genocidio”, para qué entrar en esa argumentación absurda.
Me parece más decidor explicar quiénes son este agregado de sujetos y entidades, tan aparentemente misceláneo.
Quiénes son y qué tiene en común.
La Universidad de Chile ha sido, por largo tiempo, en centro neurálgico del antisemitismo chileno.
Desde el llamado “Centro de Estudios Arabes Eugenio Chahuán”, se han sentado las bases teóricas para sustentar la narrativa neomarxista contra Israel, centrada en el mantra de un pueblo ocupante y uno ocupado, bajo la retórica de las llamadas “luchas anticoloniales”.
Fue desde ahí que lenta, pero consistentemente, fueron secuestrando el pensamiento de la izquierda chilena con una simbiosis casi total entre la llamada “causa palestina” y la izquierda, huérfana ya de grandes causas por las cuales quemar banderas y llamar a la revuelta.
Durante la irrupción social, la bandera palestina y la del wallmapu reemplazaron a la chilena como símbolos de una sociedad “nueva”.
La mal llamada sociedad civil, las organizaciones sociales y de “derechos humanos”, formaron los primeros focos de debate social y activismo revolucionario, adoptando la estética y la retórica de la guerrilla palestina.
La kefiá o pañuelo árabe, se hizo su uniforme y el “free palestine” su frase de adoctrinamiento. Ahí, se gestaron las bases de una alianza política que cristalizó en el lánguido movimiento de Boicot, desinversión y sanciones contra Israel, en sus siglas, BDS. Una plataforma laxa y burguesa, en la guerra del islamomarxismo contra Israel.
No es de extrañar entonces, que la cadena lógica entre el discurso de “la ocupación”, al del supuesto “apartheid”, fue casi inmediato. Y ante la evidente derrota militar constante de los grupos terroristas, y de los estados terroristas del Oriente, derivaron en la acusación de “genocidio”, esto, mucho antes de la guerra de Gaza.
Boric, Vallejo y Cariola, fueron llevados a visitar la tumba del líder terrorista Arafat, mucho antes del inicio de la guerra de Gaza, y su “cantinela de genocidio”, era otra joya del collar de piedras preciosas en el discurso rebelde chileno, justo al lado de la glorificación del FPMR, de la dictadura cubana y del chavismo venezolano.
Si entiendes esto, entiendes toda la lista de firmantes en la declaración contra el embajador israelí, y entiendes otras mucha cartas que circulan cada cierto tiempo, firmadas por los mismos cómplices asumidos del terrorismo.
Sólo falta agregar a los imprescindibles, a los judíos que dicen representar a los judíos, adhiriendo al islamomarxismo bajo el “trade mark” del antisionismo.
He aquí una piedra fundamental en la justificación valórica de todo lo anterior, porque las evidentes connotaciones antisemitas de los discursos y los actos, hacen necesaria la presencia de estos “palos blancos”, que en búsqueda de la mirada inocente, son cómplices en la estafa callejera. Un “pepito paga doble” del antisemitismo moderno criollo.
Por supuesto, un puñado de islamomarxistas cuya herencia judía excluye la concepción e identidad de pueblo, y preservando solo un apellido, no puede disputar la representatividad de la Comunidad Judia o del mismo Estado de Israel, pero les son inmensamente útiles para generar la estafa.
¿Es entonces el embajador de Israel un problema para Chile? Claramente no.
El problema es el islamomarxismo, que busca enriquecer sus cuotas de poder en los movimientos sociales, en medios, entre políticos sedientos de base. Esos académicos que violan la academia, tomando universidades, persiguiendo a todos los que no estén de acuerdo con ellos.
Esa lista ignominiosa, es la lista de los enemigos de Chile y es bueno que cada chileno patriota los pueda identificar con claridad, porque su objetivo, si bien, es molesto, no representa una amenaza real a Israel. El peligro es para Chile.
La búsqueda por ubicar a Chile en el mundo desde una mirada islamomarxista, lo sentencia al bloque del caos fundamentalista. A que la bandera chilena se asocie a regímenes orientales y latinoamericanos, a la desestabilización y el fracaso. Social, económico y militar.
Resulta evidente el servicio a intereses externos, escondiendo la dictadura Palestina que cumple 19 años sin elecciones democráticas, justificando las masacres de Hamás, el asesinato de 5 compatriotas chilenos en sus casas, los atentados de Hezbolá que amenaza vidas chilenas a diario con drones y cohetes, por supuesto, la voluntad iraní de exterminio contra el pueblo judío.
Son ellos, y no el embajador de Israel, el verdadero peligro.
Y somos nosotros, los chilenos que vivimos en Israel, los que mejor podemos atestiguar, que el discurso que ellos esgrimen, solo representa terrorrismo, muerte y pobreza.
El Medio Oriente merece un mejor destino, y somos los chilenos que realmente trabajamos por un mejor Medio Oriente, los que no permitiremos que se use el nombre de Chile para atacar a un embajador amigo, a un pueblo amigo.
Hernán López
Presidente Comunidad Chilena de Israel
El Islamomarxismo Sale a la Calle
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