Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL
Redefiniendo la Santidad
¿Qué es la santidad, la kedushá?
Cuando decimos que algo es sagrado o santo, ¿a qué nos referimos?. Para algunos compartir momentos especiales con la familia es “un tiempo sagrado”. O la “sagrada” receta de la abuela. Para algunos las piedras del Kotel son santas, sagradas, para otros el Shabbat es santo, consagrado, Kadosh. Para otros la Kedushá es simplemente la sección de la plegaria judía en la que repetimos las palabras “Kadosh, Kadosh, Kadosh…”
El respeto y la forma en la que nos referimos a determinados momentos, espacios, o incluso objetos, es lo que les puede dar o no santidad. Lo que no puede suceder, es que mi kedushá, pase a llevar la kedushá de los demás. Mi santidad, no puede puede existir a costas de la santidad de otro. Debemos encontrar un camino común hacia la santidad, a veces miramos determinadas instancias como sagradas, sin embargo la misma puede ser despreciable a ojos de un tercero. La santidad, la consagración de algo, puede ser también una forma de herir, de golpear y de generar daños irreparables.
Entonces, seguimos preguntándonos, ¿qué es la santidad?. Veamos algunos ejemplos de la tradición judía, que en distintas circunstancias le da la Kedushá, diversas perspectivas, encontrando su expresión en una variada gama de situaciones.
1) Cada viernes por la noche, al recitar el “Kiddush” (comparte la misma raíz con la palabra Kedushá) nuestras bocas pronuncian las palabras: “Baruj Atá Adonai Mekadesh HaShabbat” “Bendito eres Tú, Adonai, que santificas el Shabbat”. ¿A qué se refiere esto? ¿Qué hace que el Shabbat sea sagrado?, ciertamente la copa de vino que alzamos no es sagrada!
2) En una ceremonia de casamiento, de matrimonio judío, el hombre “consagra” a la mujer diciéndole: “Harei At Mekudeshet Li”. “Tu estás consagrada a mi”. ¿Cómo se expresa esta santidad? ¿Es acaso el anillo lo que consagra a la mujer?
3) Leemos en Parashat Kedoshim (Levítico 19) el mandamiento que dice: “Santos seréis, porque yo Adonai soy Santo”. No hay explicación alguna, en la Torá, de cómo llevar a cabo este precepto, ¿qué significa ser sagrados o santos como Dios? ¿Ser buenas personas? Todos conocemos gente buena, lo que no significa que sean santos o sagrados.
El Shabbat, la Jupá y Parashat Kedoshim – y también la parashá de esta semana, Ki Tetzé, como veremos en breve – hablan de diversos tipos de Kedushá, de santidad.
1) Al recitar la bendición “Mekadesh HaShabbat”, estamos haciendo del día de Shabbat un día diferente. Lo consagramos, lo elevamos por sobre los demás, hacemos que sea especial. En Shabbat no hacemos lo que hacemos durante los días de semana, o hacemos cosas que no hacemos en la semana. Nosotros diferenciamos al Shabbat colocándolo encima de los demás días.
2) En el caso de la Jupá, la consagración de la mujer se refiere a que su marido la ha elegido por sobre todas las mujeres de Am Israel, y han decidido ambos caminar el camino familiar juntos. Es la única, desde el momento en que los novios son consagrados, son exclusivos el uno para el otro. La Kedushá, la santidad, la consagración es lo que los vuelve únicos entre si.
3) Parashat Kedoshim, como hemos estudiado en otras ocasiones, no dice en forma explícita como cumplir el precepto de la Santidad, pero inmediatamente después de la apertura de la Parashá, la Torá cita con detalle una serie de normas, por ejemplo: Honrar a los padres, no poner tropiezo al ciego, no maldecir al sordo, pagar los salarios a tiempo, dejar las esquinas del campo para los necesitados, todo esto cerrando con la famosa frase: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo, yo soy Adonai”. (Vaikrá / Levítico 19:18).
Sin embargo, considerando todo lo anterior, no podemos vivir bajo la inocente ilusión de que todo lo que para mi es sagrado, es santo y consagrado para todos los demás. En Israel, el día de Shabbat es un día en donde muchos negocios cierran, en donde no hay transporte público, eso puede ser genial a ojos de quien respeta y cuida las normas tradicionales de Shabbat, pero puede ser difícil para quienes no lo ven así. Podríamos exponer otros ejemplos de la dualidad en cuestión, como el caso de los viajes a Uman. En las últimas semanas en Israel se ha hablado y tratado mucho el tema de los Jasídicos y otros adherentes que acostumbran a viajar cada año a Uman en Ucrania, para visitar la tumba de Rabi Najman de Breslav, en Rosh HaShana. Este año, bajo la amenaza del COVID-19, los viajes han dado mucho que hablar. Mientras para algunos este viaje es un momento de suma santidad, la misma tiene el precio de la salud de muchas personas que se podrían llegar a contagiar, en Ucrania y en Israel producto del mismo viaje. Una santidad a cuenta de la otra.
Parashat Ki Tetzé, la que contiene el mayor número de Mitzvot en la Torá (74) vuelve a recordarnos la Mitzvá de Kiláim. Un mandato que prohíbe la mezcla de determinadas especies, sean estas vegetales, animales o incluso textiles. De forma sorprendente (o no tanto) esta Mitzvá ya aparecía en el libro de Levítico, inmediatamente después de la frase “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. En el Sefer Devarim (Deuteronomio), aparece de la siguiente forma:
“No siembres tu viñedo con dos tipos de plantas, no sea que todo quede consagrado a Dios: tanto el fruto de la vid como lo otro que sembraste” (22:9). En hebreo:
״לֹא-תִזְרַע כַּרְמְךָ, כִּלְאָיִם: פֶּן-תִּקְדַּשׁ, הַמְלֵאָה הַזֶּרַע אֲשֶׁר תִּזְרָע, וּתְבוּאַת, הַכָּרֶם״.
El uso del vocablo “Pen Tikdash”, “No sea que todo quede consagrado”, llama la atención. En su significado más simple, el versículo quiere evitar el florecimiento de dos semillas que hayan sido mezcladas, porque una vez ocurrido esto, el fruto o la planta quedan prohibidos para su uso. Así lo entendieron varios sabios a lo largo de la historia, entre ellos, RaSHBaM, RaMBaN, Rabi Saadia Gaon, y por supuesto, RaSHI quien explica que la “kedushá”, la consagración que figura aquí debe ser entendida no como un grado de importancia, sino como algo de lo cual debemos alejarnos, una aberración, como algo no deseado incluso a los ojos de Dios. El exégeta trae otros ejemplos en donde se emplea el vocablo en contextos parecidos y connotación similar.
La Kedushá, puede ser positiva, como puede ser negativa. Nos puede ayudar, apoyar y elevarnos a lo más alto, pero si no prestamos atención, puede ser destructiva. Puede alejar y acercar, construir y derrumbar.
Cuando quienes en nombre de la santidad, de la Kedushá pretenden acercarse a la tradición, pero al mismo tiempo dejan de lado sus familias, lo que hacen es dañar la santidad de ala familia. Cuando alguien en nombre de Dios asesina a alguien creyendo cumplir con el mandato de la santidad, lo que hace es alejarse de la misma. Cuando una persona discrimina a otra pensando que así consagra el nombre de Dios en este mundo, sólo la usa en su versión más venenosa.
La Santidad de Parashat Ki Tetzé, nos conduce hacia otro punto de vista, no como la santidad de Shabbat, de la Jupá o de Parashat Kedoshim. Este es un recordatorio, de que una santidad, una Kedushá desconectada de la realidad, más que elevarnos, nos debilita, nos derriba. A veces la Santidad en vez de acercarnos a lo sagrado, nos aleja de los demás.
Shabbat Shalom.
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