Por David Arias Weil, Rabino y Vicepresidente II de la CCHIL
Hablábamos hace algunas semanas del punto del no retorno, de esa inminente ruptura social de la que no hay vuelta atrás. Una discusión que alcanza un determinado nivel que nos impide ver en el prójimo un cercano. Sin embargo, los mensajes de la Parashá de esta semana, Vaerá, nos traen un ejemplo maravilloso.
Parashat Vaerá nos presenta entre sus líneas, las primeras 7 de las 10 famosas plagas que azotaron a Egipto por accionar de Moshé (Moisés) después de recibir la orden de Dios. La séptima de ellas es la famosa plaga del granizo. Este granizo según varios exégetas, no es el granizo al cual nosotros estamos acostumbrados, sino algo mucho más potente. Aun así, la descripción de este tipo de granizo tan particular llamó la atención de varios Parshanim (comentaristas). Dice el texto de la Torá:
“Tendió Moshé su vara hacia los cielos, y Adonai generó truenos y pedrisco (granizo) y cayó raudal de fuego a tierra: e hizo llover Adonai pedrisco sobre la tierra de Egipto. Y hubo pedrisco (granizo) y un fuego entremezclado en el pedrisco muy pesado, que no había habido como él en toda la tierra de Egipto, desde que se hubo convertido en nación” (Shemot / Éxodo 9:24-25).
¿Cómo es posible que el fuego y el granizo se hayan entremezclado?
El Hizkuni, Rabi Hizkiá ben Manoah del Siglo XIII, dice que no existe aquí milagro alguno, sino que “después de que el granizo azotaba (a los campos, a las casas, etc) venía el fuego y lo quemaba todo”.
Seforno, Rabi Ovadiá Seforno, Rabino y Filósofo Italiano del Siglo XVI, explica en un sentido parecido, que no debemos entender esto como literal, sino como un fenómeno casi físico. Ya que el granizo al caer tan rápidamente generaba una especie de calor, convirtiendo al granizo no en un fuego, sino que su poder destructivo se asemejaba al del fuego.
Ahora bien, es RaSHI, quien basado en un Midrash, trae una explicación de la que tenemos mucho que aprender. Dice el comentarista clásico con respecto a la mezcla de fuego y granizo que “Es un milagro dentro de otro milagro. El fuego y el hielo del granizo estaban efectivamente mezclados, porque el granizo en si mismo, es agua (y mezclado con el fuego) se unieron en paz para cumplir con la voluntad del creador”.
¿Cuál es el milagro dentro de otro milagro?
En primer lugar, “no había habido como él en toda la tierra de Egipto” como dice la Torá. Y posteriormente la mezcla de agua y fuego. Algunos dirían que mezclar agua y aceite es imposible. Pero mezclar agua y fuego es aun más difícil, el agua está hecha para apagar el fuego. El fuego está hecho para evaporar el agua y derretir el hielo. Sin embargo, nos dice RaSHI que ambos se unieron en paz, para así cumplir con la voluntad divina.
Vivimos tiempos de divisiones, estás con ellos o estás conmigo. Eres de aquí o de allá, estás a favor o en contra. Eres agua o eres fuego. Te congelas o te quemas. Nadie puede vivir en el tambaleo incesante de ir tumbándose de un extremo al otro. La tradición de nuestros textos milenarios nos propone dos alternativas.
La primera de ellas es unirnos, a diferencia del fuego y el agua, cuando dos personas tienen opiniones diversas, o incluso opuestas, eso no los transforma en enemigos, sino en complementos el uno del otro. El fuego y el agua en el relato de la Torá se unieron en pos de un objetivo en común, más grande que los elementos mismos, más importante que ellos mismos. ¿Será que nosotros también podremos hacerlo?
La segunda de las opciones es repetir aquella vieja tradición del Talmud de Jerusalén que dice:
“La Torá se asemeja a dos senderos. Uno de fuego, y el otro de nieve. Si se inclina sólo hacia uno, morirá quemado. Si se inclina sólo hacia el otro, morirá congelado. ¿Qué se debe hacer? Caminar por el medio”. (Yerushalmi Jaguigá 2:1)
Shabbat Shalom.
Related posts
Suscríbete al boletín
* Recibirás las últimas actualizaciones!